Ágatha Ruiz de la Prada: «La traición desorienta»

Ágatha Ruiz de la Prada atraviesa un buen momento. Está radiante con todos los reconocimientos que le están llegando después de 35 años de carrera. La diseñadora, que le puso color a la moda allá por los 80, es una corredora de fondo. Ella misma confiesa que «el que resiste gana». Sin embargo, una meta improvisada en su vida le ha hecho poner el contador a cero. Pero advierte: «La nueva Ágatha hace aún más lo que le da la gana».


Jamás pensó la reina de corazones que el 2017 iba a terminar como lo está haciendo. Justo hace un año le pidieron el divorcio de forma repentina. Un documento que acaba de firmar hace una semana, vestida con un burka para no encontrarse con el hombre con el que compartió treinta años de su vida. No quiere que la vea delante, pero no tiene problema en confesar que a su lado fue feliz, «muy feliz». Digerido el batacazo en el plano personal, se agarra con fuerza al profesional, donde no le pueden ir mejor las cosas. Ha sido un año de récord. Ha recibido premios a punta pala, «uno cada mes del año, y ha habido meses que me han dado cinco y seis», dice Ágatha Ruiz de la Prada (Madrid, 1960), ganadora del Premio Nacional de Diseño 2017.

-Los premios importan o no importan...

-A mí me hacen feliz, y eso es importante.

-Entre títulos nobiliarios y premios no te van a quedar paredes libres en casa...

-Esa es la intención.

-Dices que llega en un buen momento, que necesitas más mimos que nunca.

-Efectivamente, me he dado cuenta de quiénes son mis verdaderos amigos en estos momentos. Y me he llevado una grandísima alegría al saber que tengo tantos.

 

-Premio Nacional, tú que ya sabes lo que es darlo, ahora lo recibes. El jurado ha valorado tu capacidad de vincular la moda con otras capacidades artísticas, te reconoce más allá de la moda... Enorgullece, ¿no?

-Claro que sí.

-¿Te consideras una pionera en el mundo de la moda?

-En España por lo menos tuve que luchar con un mundo muy gris y negro. Encima muchas de las cosas transgresoras que se ven hoy en día en las pasarelas las hice yo en los años ochenta.

-Y de repente han pasado 35 años...

-Y yo me creo que han pasado tres meses de lo bien que me lo he pasado. Es un milagro.

-¡Quién te lo iba a decir! ¿O nada ha sido gratuito?

-Jamás imaginé que llegaría adonde he llegado, la verdad, ha sido una gran aventura.

-Con la misma ilusión que el primer día..

-O más, fíjate lo que te digo. La gente enseguida se aburre de todo, y yo siempre estoy entretenida con esto.

-¿Con esta mochila era necesario crear la Fundación Ágatha Ruiz de la Prada?

-La fundación la hice exactamente el día que se cumplían 30 años exactos del primer desfile. Un día muy emocionante para mí, como te puedes imaginar, porque no había celebrado nada, ni los 20, ni los 15 ni los nada. Fue mi primera gran celebración. Mis hijos a la fundación, de una manera elegante, la llaman la «egoteca», que es una manera elegante de llamar a unos archivos, porque la fundación es un archivo cojonudo en el que voy ordenando cosas. ¡Y la felicidad que yo tengo de tener eso ahí! Si no, lo tendría que tener en mi casa y me tendría que ir a vivir al portal, porque no me cabría nada más.

 

 

 

-En un futuro, ¿qué te gustaría que se recordase de tu trabajo?

-Me encantaría que la Fundación Ágatha Ruiz de la Prada se cuidara mucho, y que a través de ella se conservasen mis obras durante siglos por venir. Para mí es muy importante que eso esté bien ordenado, que esté muy a mi gusto. Así como antiguamente los faraones preparaban sus tumbas, yo preparo mi fundación, cada loco con su tema. Por ejemplo, me acuerdo que a Chillida le gustaba tanto su fundación, que está cerrada y espero que se abra. Yo le quería tanto a Chillida...

-Hay tres nombres que merecen una mención especial en tu carrera. Pepe Rubio, Isidoro Álvarez y Juan Antonio Comín, pero ¿y tu abuela María?, ¿qué parte de culpa tiene ella de que seas lo que eres?

-Siempre fui la favorita de mi abuela, y ella creyó en mis fantasías desde muy joven.

-Tu estilo ha impregnado ropa, artículos, esculturas, césped... todo es «vestible» para ti. ¿Ha habido algo que se te haya resistido?

-Tengo muchas ganas de diseñar aerogeneradores.

-El corazón rojo es sinónimo de Ágatha Ruiz ¿de dónde viene?

-Del vestido corazón, con el que nunca he recomendado pintarse los labios. Las manchas del corazón no se quitan con nada.

-Con tanto corazón sorprende que no seas nada romántica...

-Al contrario, diría que soy una gran romántica. A la vez también soy práctica y realista, el trabajo me lo ha inculcado.

-Cósima te describe como «una mujer dragón» y dice que las peleas contigo son a muerte. Cuando sacas tu carácter, ¿casi mejor no estar cerca?

-Los que mejor me conocen saben no tomárselo demasiado a pecho cuando me enfado.

-Bueno, pero todos coinciden en que eres una fuente de optimismo contagiosa. ¿Cómo se trabaja tanta positividad?

-Cuando te das cuenta de que siendo optimista eres feliz, y si no, eres desgraciado por el mismo precio. Yo creo que hay que trabajarlo a tope, y es una cosa que hago desde pequeña. ¿Que me han dado un palo? Pues pienso a ver cómo lo hago, cómo lo transformo en una nueva oportunidad.

-¿Siempre le encuentras el lado bueno a las cosas?

-Claro. Eso es creatividad, no solo hacer un traje. Es también saber darle la vuelta a la tortilla.

-En este sentido, has tenido trabajo este año...

-He tenido trabajo, pero para estas cosas hay algo muy importante que es como cuando uno está enfermo, que hay enfermos malos y buenos. Para ser buen enfermo hay que hacer siempre caso al médico. Y los médicos han sido mis amigas. Todo lo que me han dicho mis amigas yo lo he hecho a pies juntillas, no he discutido, lo he hecho y punto. Además, enseguida he comprendido que tenían razón. En cambio, tengo otras amigas que les dices una cosa y ellas hacen lo contrario.

-También dice Cósima que eres más seria y estricta de lo que pareces.

-Hombre, se necesita algo de seriedad para tirar adelante las mejores fantasías. Por ejemplo, soy una adicta absoluta de las cuentas.

-Por tu experiencia personal y lo que viviste de pequeña, juraste llevarte bien con tus hijos. Batalla superada, ¿no?

-Efectivamente, mis hijos lo son todo para mí y se han convertido también en una ayuda indispensable en el estudio.

-En verano dijiste que eres una mujer nueva... ¿En qué dirías que has cambiado? ¿Cómo es la nueva Ágatha?

-Es una Ágatha más divertida. Una Ágatha que ahora hace aún más lo que le da la gana. Y una Ágatha que también tiene muchos más amigos.

-¿En estos momentos uno descubre que no tiene tantos amigos como parece, pero sí los que van a estar de por vida?

-Al contrario, de repente me salen amigos hasta debajo de las piedras. Tengo más amigos que nunca. Aunque también es verdad que sí que me he dado cuenta de los que de verdad valen la pena. Cristina Palomares e Isabel Alonso han sido imprescindibles para mí.

-¿Entre tus amigos y tus hijos te has apoyado estos meses?

-En primer lugar, mis amigas. En segundo, mis amigos. En tercero, mis hijos. En cuarto, el trabajo. En quinto, mis perros. Y luego otra cosa que ha sido importantísima este año, y maravillosa, son los enemigos de Pedro J. Imagínate cuántos ha tenido... son una ayuda infinita.

-Si echas la vista atrás, ¿te arrepientes de no haber sido tú la que diera el paso antes?

-Me ha convenido una barbaridad no haber sido yo, fíjate.

-¿No?

-No, no me hubiera ido tan bien. Siendo un poco cínica... Aquí el que resiste gana. Ha sido una sorpresa total. Si yo me hubiera portado mal, me hubiera ido, hubiera salido corriendo... Pero he estado con la conciencia tranquila, he hecho lo que tenía que hacer.

-¿Pero no te has arrepentido de no haberlo dejado antes?

-Es que yo no tenía motivos, por qué iba a hacerlo.

-No sé, por decir: «¡Ojalá te hubiera dejado yo en su momento!»

-Te juro que si yo hubiera visto que había motivos, lo hubiera dejado, pero fui tan imbécil que no lo vi.

-Cuando es algo así repentino, que no ves venir o que no te esperas... ¿Se tambalean las referencias personales de uno?

-Hombre, fue todo una gran sorpresa. Y la traición desorienta.

-Se ha comentado mucho tu reacción. [Siguió desayunando cuando Pedro J. le pidió del divorcio]

-Es una reacción instintiva, yo no reacciono así por nada, solo por instinto de supervivencia, y porque creo que muchas mujeres lo hacen. Pero enseguida tuve un enanito que me dijo: «Esto va en serio», y me dije: «¿Qué hago?». Pues parece que tengo que llamar a un abogado. Y el abogado me suelta: «Ya, ya, ya...». Y lo que a mí no me gustaba nada, era estropear una historia que para mí había sido bonita durante 30 años, de repente verte durmiendo en dos cuartos y odiándote, insultos... No, eso no.

-Durante 30 años tú fuiste feliz...

-Yo he sido muy feliz.

-Lo de «familia feliz» no era para aparentar, vender o una fachada de cara a la galería. ¿Era imposible fingir lo que transmitíais?

-Siempre me ha parecido muy importante ser coherente y honesta, de nada sirve crear una imagen falsa de ti misma. La perfección, aparte de ser muy aburrida, es una cualidad poco humana.

-¿Tienes las puertas abiertas?

-Las puertas cerradas.

-No a Pedro J, al amor.

-Ah, claro, abiertas, abiertas...

-Vamos, que tu corazón está igual de rojo y bonito como el que te identifica.

-Sí.

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