Yo no doy besos

...NI QUIERO QUE ME LOS DES Un beso significa mucho. Tanto que hay quien rechaza tal demostración de afecto. Y no hablamos solo del morreo con lengua. Aquí entran también todos aquellos que no llevan bien los dos besos del saludo. Dos expertas nos cuentan qué es lo que les hace decir no a quienes levantan esta barrera... ¿infranqueable?

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No es esto un alegato en contra de los besos, para nada. Que conste en acta que YES es fan del amor en todas sus vertientes. Esta página va dedicada a toda esa gente que quiere tanto o más que otra persona, pero que no quiere besos. O, al menos, no los quiere siempre. E incluso pueden matarte con la mirada si te los encuentras por la calle y les plantas los dos de rigor para saludarle, por mucho que te aprecien. No todo el mundo lleva bien que le estampen los labios, ya sea en la mejilla o en la boca. «Es algo cultural. Hasta que Japón invadió a Estados Unidos no se empezaron a dar besos allí, del mismo modo que los esquimales se lo dan en la nariz. En nuestra sociedad sí tienen una significación», dice Aránzazu García, sexóloga y psicóloga en la Clínica Vida de Vigo. Ella cree que los antibesos tienen sus motivos. Primero están los que rechazan el beso «porque es una muestra de cercanía. Hay gente muy dura a la que le resulta incómodo, como a los conocidos, cuando les saludamos con la cabeza pero sin darles los dos besos», apunta García.

Nayara Malnero, autora del blog Sexperimentando, está de acuerdo con que el besar es algo cultural, pero también afirma: «El beso, como cualquier demostración afectiva, se educa. Al que le cuesta besar lo que le cuesta es la demostración afectiva. Muchas veces ocurre porque en casa lo emocional tiene poca cabida, y se demuestra poco. Es una conducta que se da con frecuencia en los hombres, que al mismo tiempo y por contraposición son también los que utilizan más el sexo como expresión de afectividad». De la dificultad para mostrar las emociones y el miedo a la vulnerabilidad pasemos al TOC, que también lo hay.

ASCO A LA SALIVA

«Sí que hay personas que tienen problemas con eso, si el trastorno es de higiene y de contacto. Ahora bien, hay gente que rechaza los besos sexuales porque les da asco la saliva y la ven como una invasión. Es decir, que el semen sí, pero la saliva no», dice Aránzazu. Pero si hay una conducta mayoritaria es la del que quiere todo o nada, el que solo da besos con pasión cuando forman parte del sexo y/o para que le conduzcan hacia él. «Es el caso más frecuente. A las mujeres por lo general se nos enseña a ser más afectivas y estamos, por decirlo de alguna forma, mejor adaptadas socialmente», explica Malnero, que también ve en los hombres el perfil mayoritario. «No es que no puedan separar los besos con lengua del sexo, es más bien que sienten poca necesidad de darlos sin que vaya a haber sexo. Es una asociación de ideas del tipo: ‘Bebo si salgo de marcha, si no no’», señala la sexóloga, que hace una advertencia: «Cuando desaparecen las relaciones sexuales en una pareja, muchas veces también desaparecen los besos de tornillo, los abrazos... Y sin afectividad, difícilmente se puede llegar al sexo. Es una distancia emocional que se marca y que hace que los dos se vayan separando cada vez en más gestos».

Aránzazu ve muy claro el porqué de esa asociación: «A esa gente lo que le pasa es que al empezar a besar se excita, entonces... no me beses a no ser que sea para tener sexo, si vamos a empezar que sea para seguir». Al igual que Malnero, reconoce que esta conducta puede llevarnos al distanciamiento con la pareja. «Normalmente, la otra parte lo vive mal. Muchas veces escucho en mi consulta, sobre todo por parte de las mujeres: ‘Directamente, va a tocar’». Llegados a este punto, ¿se puede corregir?

«Claro. Esas personas están intentando evitar sentir algo. Emoción, excitación...», indica la psicóloga de Vigo, que añade que, «cuando has resuelto el conflicto emocional y no te sientes inseguro, el problema desaparece. Pero mientras no lo estés, es como decirte: ‘Entiende que no te tienen que dar miedo las alturas’», responde la experta, que sentencia que «lo normal no es lo importante». Lo normal no, pero lo afectivo ha quedado claro que sí. A besarse todos.

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