La aventura de nadar entre atunes


La frase, escrita en catalán, define la experiencia como algo único. Posiblemente, una de las mejores aventuras de tu vida, puede leerse en el catamarán atracado en el puerto de L’Ametlla de Mar, una localidad de Tarragona cercana al delta del Ebro. No hace falta saber el idioma para entender lo de Possiblement, una de les millors aventures de la teva vida. El barco es propiedad de la empresa Balfegó, que la utiliza para llevar a los turistas a ver sus piscinas de atún rojo situadas a un par de millas de la costa. El punto fuerte es el momento de sumergirse en estas aguas y nadar junto a unos ejemplares que pesan entre 200 y 300 kilos (alguno incluso más) con un valor en el mercado aproximado de unos 5.000 euros por pieza. «No hacen nada, son como ovejas de mar», dice uno de los monitores. Impresiona compartir espacio con casi 500 atunes aunque te digan que son como ovejitas submarinas. Lucía Cidón, directora de la Finca Montesqueiro de Oleiros (A Coruña), y Edgar Veira, jefe de cocina del nuevo restaurante coruñés Organic, fueron dos de los gallegos que esta semana tuvieron la oportunidad de disfrutar de la experiencia y hasta utilizaron una cámara sumergible para grabar el encuentro con los preciados túnidos.

FUTOMAKI Y TOUCHI-MUSHI

La expedición al Mediterráneo la organizó Marta Zapata, directora de Zapata Representante, una de las empresas gallegas que distribuyen el manjar rojo por restaurantes de toda la comunidad. «Hasta hace poco nuestro mercado era principalmente Japón, Estados Unidos y otros países, pero empezamos con el mercado español y estamos muy satisfechos de la respuesta del público», indican responsables de esta empresa familiar que fundaron unos pescadores y que ahora es pionera en investigación y trazabilidad. Además de nadar entre atunes hubo visita a la planta de procesado, donde impresiona ver cómo van separando las distintas partes de estas moles de mar que en apenas unas horas están pagando a precio de oro comensales de los mejores locales de ciudades como Tokio o Nueva York. Algunos ejemplares (los menos) van con cabeza en cajas de porexpán. El cliente así lo demanda para poder llevar a cabo el ronqueo, el despiece, para alguna exhibición en directo. Y claro, la jornada terminó con una comida que incluyó sashimi y nigiri de lomo y ventresca, futomaki (lomito de cola) o touchi-mushi (ventresca), entre otras variedades, maridadas con vinos blanco y tintos de esta zona que no son gran cosa. Al lado de cada plato, una tarjeta que incluye un código que puedes escanear para ver en tu móvil los datos del bicho que te estás comiendo. Toda una aventura. Bueno, en realidad visitar Cataluña en la actualidad es una aventura en sí misma, atunes al margen. En las conversaciones, formales o informales, siempre surge el tema. A veces para hacer algún chascarrillo y otras para dar el punto de vista sobre el desafío secesionista. «El pueblo habló», dice un taxista. Con tres palabras dejó claro su posicionamiento. En ocasiones resulta más sencillo nadar entre atunes.

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