A punto de cumplir los 80: «Aprender a ler deume a vida»

«SUSO, COMPRA MANZANAS». Hasta hace poco dejarle esta nota a su hijo no era posible para Generosa, quien fiel a su nombre ha dedicado sus casi 80 años a los demás. Leer y escribir eran su sueño. Y lo cumplió. «Si no le sale una ?s?, es capaz de hacerla 20 veces», dicen. Diez en actitud.

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«Se me dixesen que tiña que facer a foto, poñía o pano de seda». Generosa Castro Bértoa bromea en el centro cívico de Monte Alto, en A Coruña. Esta mujer nacida en la parroquia de Xaviña (Coristanco), pero que con 16 años se marchó a tierras lucenses, está a punto de cumplir 80 años. Acaba de aprender a leer y a escribir en las clases de alfabetización a las que asiste en dicho centro. Le sorprende que alguien se interese por este logro suyo, aunque reconoce sin dudar: «Aprender a escribir deume a vida, valeume moito». Una de esas utilidades cotidianas es tan sencilla como la de poder dejarle notas a su hijo, explica mientras prepara su cuaderno de caligrafía, el clásico de Rubio con sus líneas paralelas, y su libro de lectura. En la pizarra está escrita la fecha del día y una tarea: dictado. «Vou coller o lapis grande para que se vexa, que os outros ao mellor non se ven», comenta, mientras se dispone a posar para la foto, con una mirada risueña.

Generosa apunta un hecho que revela cómo ha sido habitualmente su dedicación a los demás: «Durante 14 meses, sen faltar un día para a cea ou para a comida», permaneció al lado de Andrés, su marido, mientras estuvo internado en el Chuac. Además, «cando estaba mal, con febre, quedaba alí a durmir con el». Andrés falleció en el verano del 2011, pero «se estivese, seguro que nos traía aquí uns chupitos», bromea.

Nueva carcajada entre los asistentes a las clases de iniciación que imparte Rosa María Martínez, profesora jubilada y que, por supuesto, está encantada con sus alumnos. Hace esta tarea en el centro municipal como voluntaria, algo que agradece María Dolores Vázquez, que imparte el curso de perfeccionamiento.

Rosa asegura que es una delicia estar con este grupo de personas y explica, entre risas, que casi todas ellas «suspenden para no pasar de nivel» y así seguir en el apartado de iniciación. Entre las que asisten, los martes y los jueves, a estas clases está también Remedios Mosteiro. Es otra octogenaria que el curso pasado emocionó a todos el día en el que, con la complicidad de Rosa, salió al encerado y escribió su nombre por primera vez delante de la clase. Hasta entonces cuando tenía que firmar algún documento lo hacía dejando su huella digital, pero desde que aprendió a escribir, relataba al acabar el curso, hasta firmaba los envíos certificados que el cartero llevaba a su casa. Este avance provocó no solo un emotivo aplauso de todos, sino incluso las lágrimas de muchos ante el logro de una mujer que «ha tenido una vida muy difícil», apunta la profesora.

Los nombres de Remedios y de Generosa, escritos por ellas mismas, están en el trabajo sobre Carlos Casares que todos los asistentes a este curso hicieron con motivo de Día das Letras Galegas y que decora una vitrina del aula donde reciben las clases.

«Para escribir tiene que ser perfecto y si no le sale bien una ‘s’, o por lo menos como ella quiere que salga, es capaz de hacerla veinte veces hasta que lo consigue». Esa es la actitud de Generosa en las clases, explica su profesora, al mismo tiempo que le indica que ya ha terminado un cuaderno y tendrá que estrenar otro. Ella parece no darse por aludida y en cambio comenta lo contenta que está con la gata siamesa que tiene, «só lle falta falar». No lo está tanto con un nuevo inquilino que hace poco le llevaron para su casa y eso que lo califica «como o can máis guapo da Coruña, precioso». Las bromas de Generosa son habituales, «se me van dar algo de comer que non sexa bocadillo, que non podo trabar nel», dice. Claro que enseguida se aplica a la tarea de seguir mejorando su lectura y su escritura. Un logro que, con 80 años, ha cambiado su vida.

FOTO: MARCOS MÍGUEZ

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