«Soy el marido de Marian, pero rodando siempre empezamos de cero»

Lo veremos el 6 de octubre en «Morir» acompañado de su mujer, Marian Álvarez. «Nos entendemos muy bien porque sabemos separar el trabajo de nuestro día a día», confiesa Andrés Gertrúdix. 3, 2, 1... ¡Corten! que ahora es cuando vemos su lado «más emocional».

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N. S.

«Esa sí que es la mejor película que he hecho y que voy a hacer en mi vida», confiesa Andrés Gertrúdrix (Madrid, 1977) al hablar de la niña que la actriz Marian Álvarez, su mujer, y él han tenido el año pasado. Andrés se declara bastante racional, y es al trabajar cuando su lado más sentimental aparece. Las cosas cambian y, ahora, el sentir se ha clavado a fondo, haciéndole tener las emociones «a flor de piel».

-El director Fernando Franco pensó en Marian y en ti para el papel de la película de «Morir» desde el principio. -¿Por qué crees que fue así?

-La verdad es que la relación que tenemos con Fernando Franco es ya de hace muchos años y somos muy amigos.Yo admiro mucho lo que hace, coincidí con él en un corto que realizó hace 12 años, Tu(a)mor, y a partir de ahí congeniamos muy bien, y eso imagino que para un director es clave. El tener un canal de comunicación abierto y que el actor entienda lo que tú quieres y sea capaz de dártelo, supongo que a él le resultaba más cómodo y cercano. Además, el hecho de que Marian y yo seamos pareja también influía a la hora de creer que de ahí se podía sacar más verdad.

-¿Andrés es emocional? ¿Se deja llevar por los sentimientos como Luis?

-Soy bastante racional. La verdad que tampoco soy alexitímico [risas], de estos que no sienten ni empatizan, pero soy más racional que emocional. Sí que me emociono, sí que me afectan y me tocan el corazón muchas cosas.

-Al lado de una maestra en «La herida», que hace sentir tanto... ¡No hay dos sin tres!

-Marian y yo trabajamos juntos en La herida, y también en A golpes hace trece o catorce años, y la verdad es que nos entendemos muy bien. Aunque lo cierto es que una vez que te pones a ensayar y a trabajar, el ser pareja hace que esa confianza y ese cariño ya exista pero, claro, es totalmente diferente desde dónde se relacionan los personajes, entonces tienes que volver a crear todo de nuevo. Realmente al final si quieres mostrar cómo sois como pareja, muy bien. Pero si quieres crear un personaje con unas circunstancias, un ambiente diferente, unos razonamientos distintos... pues no te vale nada, hay que empezar de cero.

-«Morir» es una película que cuenta lo que desencadena en una pareja el que a uno le diagnostiquen una enfermedad. ¿A qué se agarra uno en estos casos límite?

-Sin haber estado ahí es complicado decirlo a ciencia cierta, pero imagino que cada uno se agarrará a lo que más le haga sostenerse firme dentro de lo que cabe. En mi caso no sé a qué me agarraría, igual al amor, como le pasa a Marta y Luis, o a mis amigos, a mi familia. También a intentar que mi vida acabe de una manera que yo piense que pueda mantenerse en línea con los valores que tengo. Pero... bueno, son cosas en las que nunca se sabe. Imagino que hay un punto de desesperación cuando alguien se encuentra así y, desde fuera es complicado analizarlo, así que cualquier opción, incluso las que yo no comparto, me parecen válidas.

-Me ha contado un pajarito que este es tu año, ¿a qué andas?

-Ando rodando con Ibon Cormenzana un largometraje, Alegría, tristeza, miedo, rabia, y me hace mucha ilusión porque es alguien con el que yo trabajé como director, aunque al final no se llegó a estrenar la película, y claro, creamos muy buen vínculo, somos muy amigos. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y nos volvimos a encontrar y, es como cuando te encuentras a esa gente con la que empatizas y tienes esa confianza que va más allá. Además, también tengo por estrenar la película de Oro, de Agustín Díaz Yanes, que ya rodamos hace un año y medio, y está basada en un relato de Arturo Pérez-Reverte.

-El año pasado también fue grande porque os convertisteis en papás, ¡enhorabuena! Te habrá cambiado bastante la vida...

-¡Muchas gracias! La verdad es que sí; por ejemplo, en el plano emocional sí que de repente te cambia todo. Normalmente suelo ser más emocional trabajando, en mi vida real me pongo más barreras, dejo que me toquen menos las cosas, pero desde que tenemos a la pequeña tengo los sentimientos a flor de piel, así que esa sí que es la mejor película que he hecho y que voy a hacer en mi vida.

-¿Cómo es trabajar codo con codo con tu pareja?

-Marian y yo somos dos actores que estudiamos método en la misma escuela, aunque allí no nos conociéramos porque estuvimos en años diferentes. Pero, a pesar de ser actores, nos gusta separar el trabajo del día a día. Cuando dicen: «¡Corten!» y se acaba la jornada, ella vuelve a ser Marian y yo vuelvo a ser Andrés. Tenemos el mismo proyecto y hablamos del tema algunas veces, pero no practicamos ni ensayamos en casa, no estamos dándole demasiadas vueltas.Si no, la verdad, no sé si sería muy sano. Lo hacemos de manera natural.

-Te vimos en «El Orfanato», una de las películas de miedo españolas con mayor repercusión. ¿Qué supuso para ti estar en la película de J.A. Bayona?

-Yo nunca había trabajado en una producción tan grande, pero me sentí muy respaldado por el director. A José Antonio Bayona ya lo conocía de anteriores trabajos y éramos muy amiguetes. En el momento en el que me dijo que quería que hiciera un papel en la peli, la verdad es que me hizo muchísima ilusión. Él es brillante como director y muy inteligente y, claro, rodar una película que ha tenido tanta repercusión es algo inolvidable, ya que aunque tuviera un personaje secundario, el verme ahí en la Gran Vía en un cartel, impone... ¡Madre mía!

-¿En el amor eres de los que rasca «La herida» o dejas que se cure?

-Yo dejo que se cure, ¡ja, ja, ja! No soy ni muy masoca para rascármela a mí, ni muy sádico para rascársela a otro. Prefiero que suture. El tiempo hace que se cure todo.

-¿Eres de los que se atreven o te piensas un poco más las cosas?

-¡Me lanzo y me arriesgo!, aunque me equivoque. Creo que del riesgo y de las equivocaciones se aprende más que de los aciertos, y estoy muy orgulloso de haberme equivocado muchas veces y haber aprendido.

-Si pudieras viajar en el tiempo, ¿viajarías al pasado, al futuro o te quedarías en el presente?

-¡Hombree! Yo intentaría viajar tanto al pasado como al futuro, pero bueno, luego volvería a mi presente, estoy muy contento con todo lo que me ha tocado vivir, aunque todavía hay mucho por hacer. Me gustaría viajar al pasado a nivel literario y musical. Un concierto de David Bowie en los años 70... ¡firmaba!

-Soñar es gratis. Si pudieras pedir un deseo que se cumpla, ¿qué pedirías?

-Pediría algo en plan John Lennon. Que se acabaran las guerras, que todos tomáramos conciencia de lo que es el planeta y se pusiera remedio a muchas de las cosas que nos ahogan en el día a día. También soy muy defensor de los animales y me gustaría que se protegiesen más sus derechos. Hay injusticias que duelen.

-¿Cuál fue el mayor atrevimiento de tu vida?

-Si echo la vista atrás, creo que ha sido el ser actor. Hay que ser valiente para dedicarse a esto.

-Los años nos hacen cambiar... ¿tienes algún miedo que antes no pensabas tener ni por asomo?

-No, la verdad es que no soy muy miedoso. Confío en que con trabajo y haciendo las cosas como yo creo que deben ser, me va a ir bien. Pero bueno, siempre existe el miedo al dolor, el miedo a la muerte, a hacer daño, pero aún así, no es algo que tenga muy presente. Intento vivir el día a día... Tampoco es que tenga una vida trepidante. Tengo una vida bastante normal y soy muy feliz.

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