Aquí te damos de comer aparte

TIENES UN RESERVADO Ya sea un cumpleaños, una reunión de negocios, una despedida de soltero o una velada familiar, triunfan los restaurantes que disponen de espacios reservados para mayor intimidad. Los hosteleros dan fe: lo que pasa dentro no lo saben ni los camareros.

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Hay quien busca un restaurante romántico, rústico, minimalista, vegano, con especialidad en carnes o para pegarse una buena mariscada. Pero también hay quien, además, reclama un plus de privacidad que no es fácil encontrar en cualquier local. Los restaurantes gallegos con espacios reservados aportan un valor añadido cada vez más demandado por comensales de todos los perfiles, y el modelo funciona todos los meses del año. Porque más allá del producto gastronómico, la intimidad se presenta como el ingrediente ideal para que la comida sea un éxito.

Los reservados ya no son solo cosa de altos ejecutivos que se reúnen para cerrar negocios, ni tampoco están enfocados únicamente a citas secretas y pedidas de mano. Ahora, hasta las comidas familiares y las cenas de Navidad se hacen fuera de casa, sin que se pierda en ningún momento la sensación de retiro amistoso o familiar del hogar.

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Uno de los restaurantes que ofrece este espacio exclusivo tan codiciado es O Figón, en pleno centro de Lugo, que está muy bien valorado en TripAdvisor. En ese portal de referencia cuenta con una puntuación de cuatro sobre cinco, y acumula de numerosos comentarios que alaban sus platos y sus servicios adicionales, como es el caso del salón reservado. Hace cuatro años y medio que abrió y, aunque sus responsables ya lo adquirieron con el reservado incluido en la obra anterior, aseguran que le dan buen uso, y a diario.

«Modificamos unas cuantas cosas a nivel estético, pero ese espacio lo mantuvimos desde el principio», señala Óscar Armesto, gerente y encargado. En este local se puede encontrar carne, pescado fresco del día, verduras, postres variados... y, sobre todo, mucha intimidad.

LAS COMIDAS REINAN

Además de un ambiente cómodo y acogedor y de ofrecer comida de tapeo, cocina de mercado, platos tradicionales, postres caseros y menú del día, O Figón posee este reclamo íntimo y exclusivo que muchos clientes no encuentran en otros establecimientos. Pero, contra todo pronóstico, el momento álgido de esa zona privada no es el horario nocturno.

Armesto explica que el reservado, con capacidad para un grupo mediano de comensales, «se utiliza más para comidas que para cenas» en el día a día, ya que gran parte de sus clientes habituales «son gente del mundo de los negocios».

«Hay que tener en cuenta que Lugo es una ciudad pequeña, por lo que prácticamente nos conocemos todos, y hay gente a la que no le apetece que nadie escuche su conversación, a veces incluso hasta el propio camarero, que en ocasiones puede resultar indiscreto», señala Armesto. Y de ahí el éxito de esa prestación de la que cada vez disponen más restaurantes y que no deja de ganar adeptos.

A mayores, eso sí, son frecuentes las parejas que también solicitan comer o cenar en O Figón al margen del resto de la clientela, a pesar de que el perfil mayoritario de este local lucense, donde destaca la variedad, la presentación y el buen producto -que, desde luego, entra por los ojos-, sigue siendo profesional.

Óscar Armesto señala que «las comidas familiares o de amigos se celebran a menudo», y que incluso hay casos en los que se solicita el reservado para otro tipo de celebraciones, como «alguna despedida de soltera o soltero». No es de extrañar, ya que cada vez es más habitual que este tipo de celebraciones previas a las bodas (o, al menos, parte de ellas) tengan lugar en locales de hostelería.

Aunque en este último aspecto el encargado de O Figón hace hincapié en un matiz. Y es que Armesto observa que, «hoy en día, las despedidas al uso, con bailarines y ese tipo de espectáculos, ya se están perdiendo» y, de hecho, «no es el perfil que se lleva» en su restaurante.

«Cuando se celebran es algo lógicamente divertido, pero sutil. Con disfraces, pero algo que no deja de ser una velada totalmente normal», añade. Aunque no olvidemos que lo que pasa en el reservado se queda en el reservado.

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DEMANDA EN SANTIAGO

Por Santiago también se aficionaron a esto de la confidencialidad. En el restaurante Terra Nosa llevan 40 años sirviendo comidas y cenas, pero no fue hasta hace tres cuando incorporaron sus reservados.

«Hicimos la reforma porque la clientela lo demandaba», asegura su responsable, Francisco Mallón. El histórico local, especializado en pescados y mariscos de primera calidad, cuenta no con uno, sino con varios espacios para comer apartados del resto de la clientela con capacidad para unas diez personas. El perfil predominante en este caso es también el profesional: «Vienen muchos médicos, muchos abogados… La gente de negocios recurre mucho a ellos, tanto en comidas como en cenas, y es más demandado durante la semana que en el fin de semana», cuenta Mallón. Ese perfil, que impera en todo el local, justifica que Terra Nosa abra sus puertas todos los días, exceptuando solamente los domingos.

«Antes a la gente le gustaba presumir, pero ahora ya no le gusta que la vean, ni que se sepa lo que comen, lo que beben, ni de lo que hablan», bromea el responsable del local compostelano. Pero los profesionales no son los únicos que solicitan comer o cenar en espacios reservados. Mallón explica que también hay reservas «para alguna fiestecilla» o comidas de amigos.

En el sur, en pleno puerto de Vigo y con vistas privilegiadas al Berbés, se encuentra La Cantina del Puerto, un restaurante apartado del ajetreo de la ciudad donde se llevan a cabo «negociaciones muy privadas de grandes empresas que no te puedes imaginar», nos dicen enigmáticamente.

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PREVIO ENCARGO EN VIGO

Así lo afirma su supervisora, Marisa Vila, quien destaca del negocio «la privacidad por encima de todo». En el primer piso del local caben unas 25 personas y en el segundo, unas 20. Pero en ambos se puede comer o cenar con la máxima intimidad posible, previo encargo. «A veces hemos dejado arriba la comida y ellos nos han avisado a través de un teléfono de cuándo teníamos que volver», explica Vila, y asegura que «en ocasiones se destina un camarero exclusivo para esa zona, que esté pendiente de ellos y que sepa cuándo subir». «Hay empresarios que buscan negociar sin ser vistos por los demás, aunque también se han reunido sindicatos», cuenta la responsable, quien considera que la zona es recurrente para ese fin por su ubicación: «En el puerto es muy fácil aparcar y muy difícil que alguien que no se relaciona con el ámbito portuario te vea», dice.

Aparte de ese ambiente, que se mantiene todo el año, los reservados son también muy solicitados en las fechas de Navidad. «Siempre llenamos», señala, y añade que «también se ha celebrado alguna fiesta privada con disyóquey, bodas de oro y hasta se ha rodado algún programa de televisión».

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LUJO ASIÁTICO EN A CORUÑA

Otros que entienden de esto son Ángel Lousas y Pablo Iserte que, aunque son muy jóvenes, supieron ver el tirón de las veladas íntimas cuando abrieron Pachinko, un asiático con fusión gastronómica en A Coruña. «Habíamos pensado en reservados para 12 o 14 personas que buscasen algo más privado o una atención aún más personalizada», cuenta Lousas. Hace poco más de dos años que iniciaron su proyecto, y las áreas apartadas ya tienen su público. «Hay espacios para una pareja que quiera algo especial por un aniversario, y también para reuniones de amigos y cenas de empresa. Siempre intentamos darles la mayor intimidad», señala. El perfil de clientes que solicitan disfrutar de esas veladas «varía de los 30 a los 50 años», y solo deben cumplir una condición: «Lo que exigimos como mínimo es que hagan nuestra degustación completa, de 9 platos».

El requisito no tiene pérdida si al comensal le gusta descubrir sabores nuevos, ya que en Pachinko el menú va mucho más allá del pescado crudo y las algas. «La oferta que trabajamos es un concepto de comida japonesa, tailandesa y nikkei, que es una fusión de la japonesa y la peruana», señala Lousas. Si tiene hambre y no quiere ser visto, no te olvides de reservar.

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