Empezó como figurante en la ópera, al tiempo se estrenó en el cine con «El Bola» y años después encarnó a la entrañable Vicenta en la serie «La Señora». Pero fue su papel de carcelaria en «La voz dormida» por el que ganó el Goya.
01 abr 2017 . Actualizado a las 17:59 h.Se define como una mujer responsable, muy perfeccionista, autocrítica y con los pies en el suelo. «Mi gente del día a día me ayuda a no despistarme y a seguir aferrada a lo que es realmente importante. Yo vivo al día, hay que apreciar lo que uno tiene y disfrutar del momento».
Actriz por vocación y convicción, a Ana Wagener (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) le sigue entusiasmando meterse de lleno en un nuevo proyecto: «El proceso de dar forma al personaje, investigar cómo se comporta, su actitud, las lecturas del texto y los ensayos, me apasionan». Sin embargo, «la superficialidad que rodea a este oficio. Esa hoguera de las vanidades como yo la llamo, no me interesa lo más mínimo», asegura.
-Uno de tus últimos personajes en cine es el de Virginia Goodman de la película «Contratiempo».
-Eso es. Es tan complejo, con tantas dobleces y matices, que es el personaje soñado por cualquier actriz. Esta mujer de hierro, de profesión abogada, es segura de sí misma, no deja lugar a dudas y es muy contenida emocionalmente. Para darle vida trabajé durante muchas semanas con una coach que me enseñó desde la corrección postural, pasando por cómo mover una ceja hasta el movimiento de las manos.
-Y tú, ¿te dejas llevar más por la cabeza, como hace tu personaje, o por el corazón?
-Yo soy de corazón. Soy muy pasional, muy emocional. Además, cuando una está sobre el escenario, delante de más de cien personas, es fundamental saber gestionar las emociones.
-Ya de niña, decías eso de: «Yo de mayor quiero ser actriz».
-Con 4 años, recuerdo que cuando venía gente a casa, yo decía: «¿Canto ya, papá?». En Navidad siempre me disfrazaba. Era muy buena estudiante, pero como tuve clarísimo que quería dedicarme a la interpretación, mis padres me apoyaron siempre. La verdad es que no concibo la vida sin dedicarme a un oficio que me mueve y me conmueve.
-¿Qué es lo que más te gusta?
-El enriquecimiento a la hora de empezar un nuevo proyecto, sobre todo en el cine y en el teatro. En la tele todo va tan rápido que hay menos tiempo. El proceso creativo de dar forma al personaje, investigar cómo se comporta, su actitud, las lecturas del texto y los guiones, los ensayos, me apasiona. Es tan rico e interesante que me entusiasma.
-¿Y lo que menos?
-La superficialidad que rodea a este oficio. Esa hoguera de las vanidades como yo la llamo, no me interesa lo más mínimo.
-Desde fuera, el actor vive rodeado de glamur, de fiestas y de alfombras rojas. Pero seguro que no es tan bonito como lo pintan, ¿o sí?
-No. ¡Claro! Porque hay momentos duros en los que no salen proyectos, o de incertidumbre y luego está la exposición del actor, en la que hay momentos que te ensalzan y otros en que te ponen a parir. De ahí que hay que aprender a relativizarlo todo.
-¿Sueñas con un personaje redondo, un protagonista de esos que solo aparecen una vez en la vida?
-La verdad es que no. Somos como nos ven. No somos protagonistas o secundarios. Además, un buen secundario también es un regalo. Me gustan los personajes que abren puertas y ventanas, que te hacen crecer y que te exigen al límite, como Virginia Goodman en Contratiempo.
-De hecho, ganaste el Goya a la mejor actriz de reparto por tu papel en «La voz dormida».
-Sí. Este premio me dio mucha visibilidad, me ayudó a que directores y productores me pusieran cara. Fue un orgullo y un gran honor ser elegida. Recibir un premio de este calado es importante, pero sobre todo a nivel emocional. Fue una noche muy emocionante. Pero al día siguiente, me arremangué y seguí trabajando.
-Te veo con los pies muy pegados al suelo.
-Sí. Mi gente del día a día me ayuda a no despistarme y a seguir aferrada a lo que realmente es importante. Mi familia, mis amigos, la gente a la que quiero de este oficio son mis referencias vitales. Yo vivo al día, hay que apreciar lo que uno tiene y disfrutar del momento.
-Y cuando no ruedas ni ensayas, ¿con qué disfrutas?
-Entreno con un preparador físico. Los actores somos atletas emocionales y la máquina tiene que estar engrasada para cuando surja un proyecto. Además, estudio inglés, voy al cine y al teatro y leo obras.
-¿Cómo es Ana Wagener?
-Pues es una mujer muy responsable, muy perfeccionista, muy autocrítica y que se exige mucho.