Esto sabe a Navidad

¿A QUÉ HUELEN ESTAS FIESTAS? Cualquiera que haya visitado los mercados navideños al norte de los Pirineos dará en la diana a la primera: a vino caliente con especias. El tradicional «glühwein» alemán, el «mulled wine» inglés, que ya ha calado en paladar de los gallegos. El clima ayuda, claro.


Canela, clavo, nuez moscada, vino tinto calentito, calorcito en las manos y en el estómago, suavidad en el paladar, campanillas en el ambiente, farolillos... la Navidad en una jarrita.

YES se introduce en el alma de esta tradición líquida centroeuropea que está echando raíces en Galicia. Uno de los lugares donde se puede disfrutar de este ambiente navideño es la Black Dog Tavern, en la Ciudad Vieja coruñesa.

«Nos gusta probar y compartir recetas de comida y bebida que vamos descubriendo en nuestros viajes y escuchando a la gente que viene a visitarnos», explican sus propietarios, Ángela Gutiérrez y David Díaz. «El mulled wine me recuerda a la época en la que viví en un lugar muy rural y frío: Castlebar, Co. Mayo, Irlanda, donde fui a aprender inglés y rugbi. Nuestra propuesta añade un toque de cerveza stout como recordatorio a Irlanda y otro de Jägermeister en homenaje a las giras de Bastards on Parade (la banda de punk folk en la que Davizón, exjugador del CRAT, toca el bajo) por Alemania, donde me reencontré con este vino», resume David. «Su olor especiado es uno de mis favoritos cuando entro en un local en invierno», concluye.

El aroma es uno de los puntos fuertes del glühwein. Una vez que lo sentiste en algún momento de tu vida, te toca la fibra sensible para los restos. «Me recuerda a invierno y Navidad y, sobre todo, a los mercados de Navidad que hay en Alemania en todos los rincones. También tienen chocolate con Amaretto para la gente a la que no le gusta el vino», explica Sandra Lück, alemana de Hamburgo y Flensburg afincada en Galicia. «Es una buena manera de entrar en calor y calentarse las manos con las tazas que te dan y además está muy rico. El resto del año no se suele beber», dice.

Sandra explica la tradición completa: «Los amigos vamos de puesto en puesto para tomar glühwein. Lo llamamos punschen gehen. Es como ir de vinos o tapas en España, pero al aire libre y con vino caliente». «Yo no suelo tomarlo en casa, pero mi hermana, por ejemplo, sí. Ella, y especialmente su novio, que es húngaro, prueban una receta distinta cada vez», revela.

Y es que con el vino caliente especiado no hay fallo. Es complicado hacerlo mal cuando se intenta en casa. Salvo que se te vaya mucho la mano con las especias.

También para Javier Rodríguez, el chef Taky, miembro del Grupo Nove y jefe de cocina de Catering Boketé de A Coruña, es un puente hacia su pasado. Hijo de la emigración gallega en Alemania y nacido en Fráncfort, espeta: «Siempre he sentido que el vino caliente formaba parte de ese vínculo entre ambas tradiciones y culturas en fechas tan especiales como la Navidad. Recuerdo su aroma envolviéndolo todo y los mercadillos navideños de Alemania cuando era niño».

Su Viño do Nadal lleva una botella de tinto Ribeira Sacra Mencía, 100 gr de miel de castaño, 65 gr de azúcar blanco, un palo de canela, la corteza de una naranja, diez bayas de cardamomo, un anís estrellado y 50 gr de orujo de hierbas. Se hierve todo junto dos minutos a fuego fuerte para que se evapore un poco el alcohol del vino, se deja infusionar 20 minutos y se añade el orujo en frío. «¡Es ideal para una tarde de Navidad con unas castañas asadas!», recomienda.

 El bartender del Mandatory Pablo Mosquera apura más el giro galaico. «No debería de parecernos raro condimentar nuestro vino, que es de primera calidad», dice. Su Viño da Casa, que se hace en tetera con vela, lleva ron, hidromiel, clavo, canela, jengibre, vino ribeiro tinto, polvo de yuzu y naranjas deshidratadas. «Me hace pensar en las xuntanzas de lareira y sus historias, a la emigración que retorna, y a una Navidad muy familiar», concluye.

Otro barman, David Ortiz, del Baobab Bar, ofrece una versión con sidra gallega o guipuzcoana, y además de cuatro clavos y la rama de canela, incluye media vaina de vainilla, el zumo de tres mandarinas y nuez moscada recién molida para añadir al final de la cocción.

A él, esta bebida caliente le sugiere los remedios caseros de sus antepasados. «Mantiene poderes afrodisíacos y digestivos muy apropiados para estas fechas. Es un buen reconstituyente que se puede conservar hasta tres días en la nevera», apunta.

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