¿Hasta dónde llega el pizzero?

YES

XAIME RAMALLAL

VIDA DE UNA PIZZA SOBRE RUEDAS Nunca me hice la pregunta del titular, pero YES sí, así que se la planteamos a los expertos en la materia. ¡Sorpresa! Nunca imaginamos que las pizzas llegarían hasta el convento o a la playa una noche de San Juan. ¿Alguna más lejos? «Sí, nuestro punto de encuentro es un cruceiro, todos los clientes llegan en coche hasta aquí».

05 nov 2016 . Actualizado a las 05:15 h.

Nunca imaginé que los caminos de una pizza serían inescrutables. Dice la Real Academia Española de tal adjetivo: «Que no se puede saber ni averiguar». Tengo que decir al respecto que aunque sí me ha confesado hasta dónde puede llegar, el repartidor también me ha dicho, a continuación: «Pero para foto no». De hecho, aunque declinaron posar ante la cámara las monjas de clausura de las Concepcionistas en Viveiro, la madre superiora aceptó de buen grado explicar que los cuatro pedidos que realizaron a Galipizza fueron con motivo de la llegada de jóvenes al convento o porque no tenían nada preparado ante las visitas de turno, pero que ellas cocinan para sí mismas. No quita que las religiosas den su bendición a las pizzas de la franquicia de José Manuel Vázquez, Leman. Con otro establecimiento en Culleredo, él sabe también de la existencia de un cruceiro (se ve que seguimos en modo eclesiástico) que suele servir de punto de encuentro en O Burgo coruñés entre clientes y pizzeros. Propongo, aquí y ahora, rebautizarlo y denominarlo «o cruceiro das pizzas». En muchos otros lugares de Galicia han ido surgiendo concentraciones pseudoespontáneas vecinales al olor de la cuatro estaciones, la carbonara, la tropical... y otros productos de la carta más allá del súmmum culinario italiano. Un sándwich mixto, por ejemplo, aunque sinceramente, no lo pido ni en días grises. Vaga, no.

FUERA DEL CASCO URBANO

Para una pizza a domicilio hay vida más allá del casco urbano. De hecho, las «motorizadas» de Galipizza traspasan fronteras viveirenses y pisan tierras de Ourol y O Vicedo. Desde el muelle vicedense y otros puertos los pescadores de caña sacian el hambre esperando que un pez pique. Y si no pica, al menos «pescan» pizza. «Todo empezou porque tiñamos por aló algún cliente dos bos e os veciños empezaron a ver a nosa furgoneta por alí. Un día paroume unha señora para dicirme ‘Ah! chegades ao Vicedo!’. E sen facer publicidade», señala.

Preguntamos por lugares quizás insospechados y salen desde un parque eólico hasta tanatorios que son origen de pedidos «bastante común», o mismo un club nocturno. A la hora de enviar una pizza o lo que se pida, dice José Manuel Vázquez: «Onde sexa, sempre e cando sexan sitios aos que chega o repartidor». «Máis que fame o que manda moitas veces é a comodidade», cree. Se cobra un euro más «e só no caso de lugares afastados como Vilares en Ourol ou en O Vicedo lévase sempre e cando se faga pedido mínimo de 15 euros», dice. A modo anecdótico, a veces las distancias también hay que medirlas en vertical. ¿Y si pide pizza el vecino de un quinto sin ascensor? «Eu tiven un repartidor que sempre dicía que ía el porque apañaba unhas propinas... Chegaba e preguntaba de paso ‘¿queres que che baixe o lixo?’ Era un crac». Sí que lo era. Muy buena idea como «ingrediente extra». Nos ahorraríamos salir del portal en zapatillas y bata de casa, salvo que el modelo sea fashion.

DIFÍCIL DELIMITAR ZONAS

Vázquez reconoce que en ciudades como A Coruña, «se repartes ata un determinado número pero ao do lado xa non, iso sempre xera controversia». No es fácil delimitar las zonas, tal y como confirma Sara López, encargada de Telepizza O Burgo en Cambre: «Por eso tenemos puntos de encuentro para zonas lejanas. Solemos marcarlas en los lugares más conocidos o donde resulta más fácil parar con el coche. También por San Juan nos suelen llamar grupos de chavales desde la playa y decirte ‘somos los de la tercera hoguera por la izquierda’ o de cierta calle cuando hay fiestas y quedar en un portal». Hay algún aparcamiento ya popularmente conocido como «el de las pizzas». «Muchas veces al ir hasta Mera veían al pizzero los vecinos y nos llamaban tres más. Curioso», dice.

Hay quien se ofende si la pizza no le llega a la puerta de casa: «A un chico no le pareció bien y tuvimos que aguantar insultos... ¡Por una pizza!». De todo hay en la viña del Señor...