Cecilia Freire: «Cuando me quito las gafas soy una superwoman»

Igual de espontánea y divertida que su personaje de «Velvet», Cecilia solo deja para los suyos su mal humor y el odio a la Navidad: «Los excesos me hastían, prefiero el menos al más». ¿Qué te ha dado Rita?, le preguntamos. «Le he regalado mi ego, mi vanidad, y ya no pienso tanto en el qué dirán».


Cecilia Freire (Madrid, 1981) es como te la imaginas, ni más ni menos. Estarías horas hablando con ella porque desde el primer instante se da con la misma llaneza e intensidad que su personaje, Rita, en la serie Velvet. Su identificación ha sido tal que desde que la lleva dentro -dice- es mejor persona, más divertida, menos consciente. Es su otro yo, al que le puso gafas, como Clark Kent, para hacerla torpe y que le funcionara el disfraz: «Me las quito y soy una superwoman».

-Qué guapa estabas en la boda de Marta Hazas.

-Ay, muchas gracias, yo creo que en esas cosas hay que ir elegante, pero en tu sitio. En las bodas hay que ir bien, pero no llamar la atención más que la novia. Sencilla y elegante.

-Eres una de las chicas Velvet: ¿ver el final te pone nerviosa?

-Es una mezcla contradictoria. Al no tener la presión de la audiencia en cuanto a la continuación, me relajo. Esta, como es la última, no es mentirijilla... Yo creo además que es una temporada muy sólida, así que me quedo tranquila, en cuanto a que es una despedida que no es dulce, pero el espectador la va a disfrutar.

-¿Qué te ha dado Rita a ti?

-Ay, pues un montón de cosas. Yo soy muy tímida, y cuando interpretas a un personaje durante bastante tiempo es como si ejercitaras un músculo continuamente y te lleva por un lado u otro inevitablemente en tu vida. Rita es tan frontal, tan transparente, llana, divertida, espontánea, fiel, leal, apasionada, que es como trabajar con lo mejor que tengo. Llega un momento en que creo que ya no pienso tanto en el qué dirán, si es correcto o no, si la otra persona espera que diga otra cosa, eso es lo que más me ha dado.

-Ahora te dejas llevar más por el corazón.

-Sí, sí, por el impulso. Por una cosa más divertida, menos consciente.

-Rita te ha acercado, yo creo que ahora todo el mundo tiene una imagen más próxima de ti. ¿Qué queda de Cecilia?

-Para mí eso es perfecto, como un truco de magia, eso de que la gente se piense que soy así. Rita es un 10 % mío. Yo tengo una parte oscura, densa, con mal humor.

-No me lo creo.

-Bueno, eso es que soy buena actriz [risas]. Afortunadamente, el personaje no ha ido por ahí. Es cierto que te suelen llamar para un tipo de personajes, pero nuestra profesión es para justamente lo contrario, encarar y darle otra alma a distinta gente.

-¿Ese mal humor te cierra o te abre puertas?

-Es lo que me hace más coral. Tener tantas personalidades dentro de mí, tantos extremos pues hace que tenga mucho material de dónde sacar. En realidad, todo ser humano se maneja de una manera educada y respetuosa. Pero hay una parte de mí, sobre todo en Navidad, que se vuelve monstruosa.

-La odias.

-Sí, sí. Si tuviera que hacer una tipa violenta sacaría esa parte, la que odia la Navidad.

-¿Eso es una «tarita» de niña?

-No, no. A mí los excesos, las aglomeraciones, la cosa de comer, de consumir... me hastía. Yo soy una mujer que soy feliz en el silencio, la tranquilidad y la soledad. Entonces, la Navidad es contradictoria.

-Eres mesurada. Prefieres el menos que el más.

-Sí, en principio sí. Claro, luego como todo. También te puedo decir lo contrario, porque si soy actriz, supongo que es porque soy apasionada en mi manera de vivir, me asusta la rutina, y que me zambulliría en una locura si fuera necesario.

-¿La última?

-No sé, no caigo. ¡A ver si hace mucho tiempo que no cometo locuras! Para mí un buen laboratorio son los cursos de interpretación, que sigo haciendo, porque creo que nunca tocas techo. Y ahí desafío toda mi maquinaria a la hora de interpretar otros personajes. Para mí es una terapia. Con la ficción estás un poco a salvo. Puedo ser una asesina en serie, una prostituta, una monja... Esa es mi manera de jugar.

-En la serie tienes al lado a Pedro, Adrián Lastra. Nos habéis configurado un ideal de amor y de ternura.

-A Adrián lo quiero con locura, me parece uno de los mejores actores del mundo. Nunca en mi vida me había encarado con una persona tan generosa y tan tierna. Hace la comedia como los ángeles, me hace reír, me hace llorar. Tiene una ternura que tira para atrás. Por eso para mí va a ser muy difícil actuar delante de otro compañero. Es como haber tenido a Nadal devolviéndome la pelota. Los dos trabajamos con el mismo estilo: yo te actúo a ti, te lo regalo, y tú me actúas a mí. Y eso va creciendo. No estamos pensando en nosotros mismos, sino en suscitar reacciones en el otro.

-Estás rodeada de una estética, de un gusto.

-Ya, pero Rita es un desastre. Lo único que me dicen es: «Ay, qué mona». Yo digo: «Bueno, no me importa salir fea para el personaje». No todas tenemos que salir guapísimas. Ella es la persona que llora y se le caen los mocos, pero Rita ha ido hecha unos zorros, me ha encantado, y le he regalado toda mi vanidad. He tenido amordazado a mi ego [risas]. Yo cuando salgo me preguntan: «¿Cómo has elegido ponerte gafas?». «Bueno, porque me apetecía». Me pareció una propuesta interesante, al hacer el cásting, pensé que una modista o adolecería de la vista o de la espalda. Si iba encorvada pensé que me iba a causar dolores, y elegí las gafas. Me pareció un poco de Clark Kent y Supermán para ir por la calle.

-Y es verdad que pasa ¿no?

-Sí, sí, confundo. Soy otra superwoman.

--¿Qué tienes de superwoman?, ¿cuál es tu poder?

-Yo lo único que hago bien es actuar. Pero estoy muy en contacto con el mundo. Viajo en metro, voy a hacer la compra, en fin... Yo creo que mi baza es desaparecer. Para dar valor a mis personajes, intento que se sepa lo menos de mi vida. Yo si pudiera me metería en una cueva, y que solo la gente conociera a Rita en los capítulos. Hay algo de dejar espacio a la creación que es lo que nos hace nobles. Mi superpoder sería desaparecer.

-¿Tienes otra visión respecto a las modistas?

-Pues sí, si voy a algún sitio a que me cojan los bajos pienso mucho en los plazos. A lo mejor me dicen: «Para dentro de dos semanas». Y yo: «Ah, bueno, no pasa nada». Es complicadísimo y en la vida real coso fatal. Hicimos el curso al principio para cogerle el punto a las máquinas de aquella época.

-¿Eres peleona?

-Mucho, mucho. Lucho mucho, soy muy cabezota. Bueno, el hecho de ser actriz solo puede ser así, o tener una estrella en algún sitio, o entonces pelearlo con cabezonería. Somos muchos y hay que diversificar, de hecho yo tengo una compañía de teatro, donde produzco también. Para mí esto ha sido como un primer gran amor.

-Las chicas Velvet habéis formado una piña. ¿Vais a sobrevivir a la serie?

-Yo creo que sí, llevaremos vidas distintas, somos diferentes, pero en esa diferencia nos entendemos muy bien. Hemos llegado a muchísima intimidad. Date cuenta de que tus compañeras se convierten en personas de tu confianza. Yo creo que vamos a estar ahí unas para las otras.

-Realmente es así.

-Sí, sí. Ahí no hay trampa ni cartón. Mira el otro día, las tres petardas, en el festival de Vitoria, Marta, Paula y yo, la santísima trinidad. Hay un cariño más allá de todo.

-¿Tienes ganas de hacer de una mujer de armas tomar?

-Sí, sí. Hay determinados personajes que me apetece mucho. Si me sacan partido, si voy maquillada, o vestida de otra manera como en la boda, yo creo que es como un juego de la transformación y al final se fijarán.

-¿Has cumplido el sueño de cuando eras niña?

-Sí, he ido poco a poco. Me he ido manteniendo y creo que soy una persona coherente. No he cambiado mucho desde que empecé. Hace unos meses hice una obra de teatro, con 72 espectadores, porque creía en el texto. Nunca me he muerto de éxito.

-¿Consumes muchas series?

-Sí, me encanta The Affair. Sobre todo la segunda temporada. Bueno, la que hace de la mujer es brutal.

-Yo aún no he visto la segunda.

-¡Pues acuérdate de mí cuando la veas!

-¿Quiénes son tus referentes?

-Me encanta Juliette Binoche, Isabelle Huppert, Laura Dern. Actrices con carácter.

-¿Elige: Brad Pitt o George Clooney?

-Ninguno de los dos.

-¿Fassbender?

-Por ahí mejor, mejor. A mí el que me gusta realmente es Clive Owen. Ese sería el patrón [risas].

-Espero que lo cumplas en la vida real.

-Sí, sí, ya te llamaré. A mí el guapo de la película nunca me ha gustado mucho. Me gusta más el amigo interesantón.

-Sí, con el que al final la cagas.

-No, hay que creer en los finales felices.

-¿Tú crees?

-Sí, sí. A lo mejor si pasa algo malo es porque era el final feliz, y tenía que acabar. Yo no creo en una cosa destilada. Vivir es un riesgo.

-¿Entre lo real y lo ideal dónde te mueves más?

-En lo real, en lo real. Mi forma de actuar es «emocióname de verdad». Llorar de verdad. Había una marca muy chula en los noventa que decía: «Solo la verdad es sexi». Y me quedé con eso. Es algo que está denostado, a nivel de apariencia también, yo en mi día a día voy con la cara lavada y zapatillas. Yo entretengo porque es lo que mejor se me da.

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