Tras los pasos de Belén Esteban


El fotógrafo Óscar Companioni vive en una preciosa casa de Redes (A Coruña). Alguna vez lo he visto en el balcón de la vivienda de balaustrada de madera. A principios de verano (me encantaría retroceder a ese momento) hablé con él por un asunto de una foto que ahora no viene al caso. Le dije que pensaba hacer una escapada a Redes y me pidió que no se lo dijese a nadie. «Ven, pero no lo publicites, aquí estamos muy bien. Ya somos bastantes», me espetó. No es la primera vez que un vecino de esta maravillosa localidad que se asoma al mar como Óscar a su balcón me dice algo similar. Es el gran tesoro de Redes y el de Galicia en general. Porque salvo excepciones, tipo Sanxenxo o Baiona en horas punta, es un lujo disfrutar de las vacaciones en esta tierra sin demasiadas aglomeraciones. Se acaba el mejor verano meteorológico que recordamos. El martes ni se movían, caso inaudito, las hélices de los aerogeneradores de los horrorosos parques eólicos que adornan San Andrés de Teixido. Si eres de Murcia o de Málaga, o de Guadalajara o Toledo y ves las imágenes que ofreció TVE con motivo de la Vuela Ciclista te vienes para aquí corriendo en cuanto tengas oportunidad. Y, para finalizar el verano, lo que faltaba, Belén Esteban colgando en las redes sociales fotografías en las que se le ve acompañada por su novio en distintas localizaciones de las Rías Baixas. Me deja frío que la Esteban veranee en el mismo sitio que yo. Como dice Óscar, ya somos bastantes.

EL TURISMO

Belén estuvo en Playa América. Hace unos días recorrí su paseo marítimo y me alegró comprobar que el Ayuntamiento de Nigrán recolocó por fin las losetas con los nombres de las novelas de Carlos Casares que un temporal de invierno se había llevado. Sí, porque a pesar de la bonanza de este verano no nos podemos olvidar de que aquí cuando la borrasca entra no sale. Eso lo sabía muy bien Casares, al que se le dedica el próximo Día das Letras Galegas ya con el nombre y las fechas de sus obras en el suelo del paseo que va hacia Panxón. Al final del trayecto, ya en la zona más portuaria, disfruté de un magnífico sargo en la Mar Salada, uno de los locales de referencia. La Princesa del pueblo también estuvo por Baiona, donde mis amigos de Bico de Xeado abrieron un nuevo despacho de helados elaborados con auténtica leche de vaca gallega. El paseo desde el que se puede apreciar el museo de la carabela La Pinta creo que es el de más heladerías por metro cuadrado de Galicia. Disfruté de uno de chocolate recién llegado de la isla de Ons, donde había comido como un salvaje en la mesa de Checho, el propietario de uno de los dos restaurantes de este espacio protegido. Apunté en el bloc de notas del móvil la frase que me dijo este hombre que llegó a la isla hace muchos años, como si se tratase de Cristóbal Colón. «O turismo hai que traelo, non botalo», sentenció el veterano hostelero. Vale, pero esperemos que la gente no venga tras los pasos de Belén Esteban. Ya somos bastantes.

Por Pablo Portabales Periodista

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