Elvis vive


Desde el día justo de su muerte, Elvis Presley siguió vivo. Es uno de los grandes clásicos contemporáneos, una mansión en la que el rey del rock disfruta de una existencia anónima acompañado de una lista increíble de famosos que habrían decidido aparentar su fallecimiento para que los dejaran en paz. Sabrán que además de Elvis todavía no han espichado Bruce Lee, Adolf Hitler, Michael Jackson, Jim Morrison, Walt Disney (este es un congelador), el jovencito Paul Walker (aquella prometedora estrella que esnafró su coche como James Dean, otro superviviente anónimo) y hasta Jesús Gil, lo que demuestra que en la península Ibérica los mitos eternos gustan entrados en tocino.

Andan estos días los tabloides británicos con la última entrega del Elvis is alive con unas imágenes de un tipo mayor de carnes abandonadas y tupé de pelo blanco que cuida con dedicación el jardín de Graceland. Una prueba más para mantener vivas las brasas de una religión que en el fondo bebe de un mecanismo similar al que plantean los grandes credos, referenciados en dioses capaces de sortear la mortalidad.

Que haya personas convencidas de que Walt Disney será descongelado cuando la medicina resuelva los problemillas que condujeron a su muerte demuestra nuestra firme propensión a desdibujar una realidad que no nos gusta. Cada día, millones de seres humanos consultan el horóscopo convencidas de que en esas cuatro líneas escritas bajo el símbolo de Géminis está su destino, destino que por cierto compartirían de forma milimétrica con otros millones de seres humanos nacidos también bajo ese signo. Por cierto, los Géminis serían todos «increíblemente divertidos y joviales, amables y elocuentes, charlatanes, mentirosos y muy superficiales», según el perfil que leo en un periódico editado en Madrid que aclara además que el miércoles es el día de todos los nacidos entre el 21 de mayo y el 21 de junio (calculen) y que su color es el amarillo. Un mínimo razonamiento los apearía de semejante estupidez; a cambio, te sigues encontrando a gente con una formación supuesta que, entornando los ojos con expresión misteriosa te espeta: «¿Tú no serás Piscis?», como si con esa perspicaz apuesta estuviesen a punto de llegar al punto g de tu inteligencia y al borde de descubrir tus secretos más inconfesables.

Hay incluso un negocio inconmensurable, consentido por quienes deberían proteger a la ciudadanía de las estafas, denominado homeopatía. Pero por muchos suicidios homeopáticos en directo que se organicen hay demasiada gente que no está dispuesta a que la realidad les estropee un buen titular.

Conviene entender esta predisposición general a la fábula. Es comprensible perderse en ella cuando se levanta la vista y se descubre cuál es la forma precisa de la realidad. Así que viva Elvis vivo.

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