No al fútbol; sí al rugbi


El acontecimiento deportivo más interesante de los últimos tiempos no fue uno de los inevitables partidos de fútbol que a diario atosigan el calendario; ni siquiera el último Periscope de Piqué. El partido más sugestivo en años tenía lugar el fin de semana pasado en Valladolid y enfrentó a dos equipos locales y desconocidos para casi todo el mundo, el VRAC Quesos y el Salvador, en una Copa del Rey que abrió telediarios a pesar de que lo que se disputaba en el campo era única y exclusivamente rugbi. Acudió gente desde Ourense hasta Sevilla, en el palco estuvo Felipe VI y por unas horas se habló de los valores singulares de una disciplina de villanos jugada por caballeros que para sus ardorosos seguidores representa lo contrario del deporte nacional. Algún aficionado, de esos que se morirá siendo ju-ga-dor-de-rug-bi (y esto hay que decirlo como el que se siente por dentro republicano o feminista o de Ourense, es decir, no es una circunstancia sino una esencia) dribla a diario con la penosa circunstancia de educar a un hijo subyugado por el balompié a quien no renuncia a enderezar hacia la senda correcta cuando el paso del tiempo haga su trabajo en la madurez del pequeño.

La cuestión es que el anómalo lugar concedido en la parrilla del día a este partido de rugbi es una de las pruebas de que, además de nueva política, o coincidiendo con ella, en la sociedad española se están implantando algunos usos nuevos que conviene advertir. Puede que sean flor de un día pero ahí va una aproximación.

. El fútbol, qué pereza. Corrupción, violencia, horteradas, analfabetismo, sublimación de la ostentación... No es que vaya a dejar de ser lo que es, pero el fútbol se ha convertido en un deporte poco recomendable, una especie de mal inevitable que satisface a las masas pero del que muchos reniegan en público aunque lo consuman en privado. No es casualidad que Pablo Iglesias regalara a Pedro Sánchez un libro de baloncesto. Podemos sabe de gestos y mensajes subliminales y evitar el fútbol es uno de ellos.

. Telegram. Si usted no tiene instalado en su teléfono esta aplicación de mensajería instantánea es que no está en la pomada. El WhatsApp es viejuno. El ex secretario general de Podemos en Galicia, Breogán Rioboo, fue expulsado del paraíso de la nueva política cuando fue despachado del grupo de esta red fundada por un ruso.

. No tacones. Varios años después de vivir encaramadas al Everest, vuelve el zapato plano. Cuanto más feo, más bonito.

. Curvies. Veremos si la tendencia se consolida pero de momento ya ha servido para tambalear el reino de la anorexia. Lo que empezó como anécdota se ha convertido en afición. Hoy no pasa un día sin que una gran cabecera de moda o un programa de televisión refiera que se puede estar rellena, que incluso se puede estar gorda, y ser bella. Quizás detrás de todo esto solo haya una estrategia comercial para vender más, pero ver un reportaje de una señora imponente llena de curvas como referente de belleza es muy tranquilizador.

. Música electrónica. Menos pop y más sintetizadores. Los más modernos del lugar escuchan a gente como Fluzo o El niño de Elche.

. Mejor, de apartamento. No es una cuestión de disponibilidad económica. De hecho hay quien tiene la cuenta corriente de un banquero y elige esta opción. Para viajar, hoy, lo que se lleva es ir de apartamento y no de hotel. El crecimiento de plataformas como Airbnb así lo indican. Para terror de la hostelería tradicional. Un dato. Coincidiendo con la espeluznante crisis de los refugiados y el ominoso silencio de las instituciones europeas, el proyecto de economía colaborativa liderado por Sally Uren ha puesto en marcha lo que ya se conoce como el Airbnb de los refugiados, una red que pone en contacto a los ciudadanos de la UE con las personas que huyen de la guerra y el hambre. Un millar de personas se han involucrado ya en la experiencia.

. Mario Conde. No es que el señor de Chaguazoso sea un trendy man. Ni muchos menos. Pero su detención nos ha servido para constatar que esa década de la que tanto renegamos en los noventa y en los dos mil vuelve a estar aquí. El día que Conde ingresó en Soto del Real muchos pensaron que se habían colado en la máquina del tiempo y que después de Banesto se iba a hablar de la segunda parte de Regreso al futuro y de las hombreras de Tino Casal. Porque señores, sí, es verdad, los ochenta han vuelto. Atentos.

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