¡YES Á GALEGUIDADE MUNDIAL! Dicen que vivir «inmersos en el océano» no tiene precio, pero con matices. Tras meses en Vigo, Lugo y A Coruña, diez extranjeros se someten a un test de galeguidade... y nos sacan los colores.
20 feb 2016 . Actualizado a las 05:05 h.Si hay algo que nos gusta a los gallegos, además de un Dépor-Celta en condiciones, la noche de San Juan, las apps sobre el tiempo y cantar A Rianxeira de madrugada es ver cómo otros disfrutan de las tradiciones made in Galicia. Pero no nos dejemos llevar por el amor propio: ¿sabemos realmente lo que piensan los extranjeros de nuestro modus vivendi?
Siendo sinceros, quizás no es tan fácil adaptarse a escuchar dos idiomas de manera simultánea, hacerse con el humor de nuestros abuelos o salir de casa con paraguas y gafas de sol a la vez, ¿o sí? Entre que una coruñesa como yo tardaría meses en decidir la respuesta y que los gallegos pecamos de vanidosos, qué mejor que recurrir a diez extranjeros para saber de cerca cómo se integran en nuestra sociedad y cuál es la imagen que tienen de nosotros. Ojo: no tienen pelos en la lengua.
¿No querías caldo? Pues venga, toma dos tazas. Esto es lo que opinan. Gritamos mucho, la retranca solo nos hace gracia a nosotros, somos indecisos y cabezotas a la vez, y solo vestimos de Inditex. Vamos, que con este cuadro, casi dan ganas de envolvernos para regalo, ¿verdad? Pues aunque parezca mentira, sí. Y es que a pesar de que estos extranjeros aseguran vivir en un particular Juego de Tronos a la hora de mantener una conversación con un gallego, nuestras virtudes pesan más en la balanza. Porque sí, también somos hospitalarios, pacientes y bastante cercanos, aunque sin duda nuestro valor al alza es la comida. Es tocar el mundo de la gastronomía y tienen tanto que decir y tan alto que ya parecen uno de los nuestros. El pulpo, el raxo y el caldo son la santísima trinidad para estos diez chicos. Pero eso sí, una queja: «¿por qué no tenéis crema agria?», se preguntan dos italianas. Oído, proveedores de supermercados.
WHAT IS POLBO?
Después de la cal y la arena toca entonar ese clásico que llaman mea culpa, y es que a veces nuestra falta de sensibilidad es total. ¿Acaso es normal poner la cachola de cerdo en la mesa así sin más, sin avisar? Qué falta total de decoro, por favor; que entre la cabeza de cerdo y la primera vez que vieron un percebe más de una venezolana no vuelve a levantar cabeza.
Pero esto no es todo, señores, porque además de dedicarnos a revolver su estómago, ¿cuánto nos gusta demostrarle al oponente lo estupendos que somos dominando dos idiomas? Es que es ver a un extranjero y tener que sacar a relucir nuestro patrimonio lingüístico. Y en YES, teniendo a diez delante, no lo pudimos evitar. Les hicimos traducir choiva, bolboreta, polbo, raíña y entroido. Toma ya, a ver cómo se quedan ahora. Pues bien pletóricos. Raro fue el caso de quien no conocía ningún término, y la mayoría supo perfectamente el significado de las palabras. Lástima de «entroido», al que todos se empeñaron en traducir como ?entrada?. Así que mientras les buscamos un asiento en la RAG nosotros solo podemos pensar: Manolete, ¡si no sabes torear para qué te metes!