Chaquetas con más cara que espalda

ARTE A CUESTAS  El que pinta la artista gallega Beatriz Chao sobre cazadoras: para no dar la espalda a nadie. Sus chupas vaqueras fusionan moda y pintura, con retratos de personajes llenos de color y ojos grandes. 


«Me gusta todo lo manual. Podría haber sido protésico dental, pero soy pintora», bromea Beatriz Chao. La pintora coruñesa de 24 años lleva creando con el pincel en la mano toda la vida. Ahora acaba de lanzar Chao in Clothes, una marca de cazadoras vaqueras que fusiona arte y pintura, y a las que Chao le pone mucha cara: todas llevan decorada la espalda con retratos hechos a mano por esta artista, personajes ficticios o de carne y hueso.

«Todo empezó de casualidad hace unos meses. Una amiga llevaba tiempo pidiéndome que le pintase algo y un día me dijo: ¿Por qué no me pintas a Frida Kahlo en una cazadora?». Después vinieron más caras. Punky Bruster, con sus pequitas, sus coletas y su ropa de colores, o Cocó Chanel, un encargo de su madre. Incluso pintó la cara de la perrita de una de sus mejores amigas, que ahora presume de espalda por las calles de A Coruña. «Uno de los retratos que más me gusta de los que hice hasta ahora es el de Pippi Calzaslargas, porque de pequeña quería ser como ella», cuenta Chao.

Pinta lo que le gusta o los retratos que le encargan. «Ahora estoy haciendo unas de Bob Marley y Star Wars». Hace todas las cazadoras a mano. Una a una. Bueno, las cazadoras no. Las prendas las consigue en el Rastro en Madrid.«Cada cazadora me lleva pintarla dos o tres días enteros. Nunca utilizo plantillas. Trabajo siempre directamente sobre la prenda. Primero hago el dibujo muy finito, y después lo pinto». Una mano de plancha, y lista para usar. No dice que no a nada, pero prefiere dejar la pintura de edificios para otros. «La arquitectura no es lo mío, no tiene colores. En general, me gusta todo lo que tiene ojos y color. Un día alguien me dijo que mis pinturas eran muy oscuras y empecé a llenarlas de color».

Una mirada distinta

En los retratos de Chao los ojos son los protagonistas, siempre grandes. «Lo importante es que se reconozca la mirada». Todos sus dibujos son diferentes y, sobre todo, muy personales. «Nunca copio, puedo inspirarme en una imagen, pero todos los retratos son únicos. Por ejemplo, en la cazadora de Frida Kahlo, las flores y la ropa fueron cosa mía». Su máxima ilusión es que personas desconocidas lleven una de una de sus chupas. «Me encanta cuando me escribe una persona que no conozco y que me dice que le encanta lo que hago y que quiere una cazadora». En su mente está ampliar sus creaciones y llevar la pintura a otras prendas de ropa y complementos: ?Lo siguiente que quiero hacer son bolsos y camisetas con láminas de botánica». 

Las chupas vaqueras le sirven para descontextualizar la pintura, y también como medio de vida. «Hoy muy pocas personas consumen arte. Lo único en lo que no se ha dejado de gastar es en bares y en ropa. Así que tienes que moverte para estar donde está la gente: hacer exposiciones de pintura en bares y vender ropa con tus dibujos». Estudió Bellas Artes en Madrid y ahora está cursando restauración de patrimonio en Pontevedra. «Lo hago como medio de vida porque lo que más me gusta es pintar». Lo lleva haciendo desde siempre, de forma profesional, desde los 13 años. «He probado de todo, incluso a hacer minilienzos. Ahora estoy pintando las cazadoras, pero no le doy la espalda a nada». 

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