Los otros «Hermanos mayores»

YES

MARCOS MÍGUEZ

SI HAY MAL ROLLO EN CASA Ellos se presentan para ayudar a resolver el conflicto. Javier y Miguel son pioneros en Galicia en mediar con adolescentes en el propio domicilio. Todo empieza cuando los padres sienten que han perdido el control.  

04 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

La comparación con el espacio televisivo Hermano mayor es inevitable, Javier Jiménez y Miguel Ballester funcionan en su trabajo de una manera similar a la que hace Pedro García Aguado en su programa educativo con los chavales. Ellos son pioneros en Galicia en intervenir en el domicilio allí cuando hay un problema de convivencia generada por la conflictiva relación con un adolescente. De ahí que lo primero que les asalte sea la comparación con el modo de actuar del exjugador de waterpolo. «No nos molesta en absoluto, pero nuestra experiencia nos dice que lo que sale en televisión de alguna manera no es real, está editado, y la dinámica es siempre muy lineal: empiezan a gritos y acaban felices y abrazados». 

La realidad se impone de otra manera, con altibajos, pero el punto de partida es el mismo: una familia que siente que ha perdido el timón y que no puede más con la educación de un hijo. En ese momento Javier y Miguel, a diferencia de otros modelos en funcionamiento, que tienen la intervención en el domicilio como una extensión del trabajo en consulta, acompañan a la familia en todo el proceso. «Nosotros trabajamos en el tú a tú, en comunicación directa con el colegio, los amigos, por supuesto los padres. El chaval en cuestión y todo el entorno directo que tenga relación con su día a día», aclaran. Normalmente la gente acude a ellos, a través de su proyecto Albatros, cuando hay un incumplimiento reiterado de las normas en el hogar, violencia física o verbal, falta de respeto, bajo rendimiento escolar o inicio de algún consumo de drogas. ¿Y los chicos no os rechazan con ?un aquí vienen estos a darme la chapa?? «Quizás por nuestro aspecto y nuestra juventud nos ven como alguien cercano, pero no podemos perder de vista la profesionalidad, la entrada debe ser muy paulatina hasta conseguir entablar la comunicación entre todos. Nosotros lo que hacemos es aclarar aguas removidas», explican. 

Por eso si es necesario se presentan a las siete de la mañana para levantar a un chico de la cama que no quiere ir al colegio o se afanan en que otro recoja su habitación a diario, que no suba a los colegas a casa, que no  «grite» a sus padres o que no cometa pequeños actos delictivos, como hurtos o trapicheo. «Los adolescentes cuando se comportan así es porque no se sienten bien ?insisten?,  ellos también prefieren tener una buena convivencia,  quieren estar a gusto en casa, lo que hay que darles es responsabilidad y confianza en sí mismos, hacerles encontrar puntos de acuerdo».