¿Cuántas veces mentimos al día?

TODOS SOMOS PINOCHO  O Jim Carrey en «Mentiroso compulsivo». Y es que las personas podemos llegar a mentir entre cuatro y doscientas veces al día, empezando desde responder «bien» al típico «¿qué tal?» hasta el piadoso halago sobre lo bien que le queda ese vestido. 


Si nos creciese la nariz como a Pinocho cada vez que mentimos, tendríamos un problema. Y grave. Ya decía Tim Roth en la serie Lie To Me (basada en la investigación del psicólogo Paul Ekman sobre cómo las microexpresiones faciales se usan para detectar mentiras), que una persona dice hasta tres falacias por cada diez minutos de conversación que mantiene. Y no iba muy desencaminado. Dejando al margen patologías, lo cierto es que los estudios sobre este campo van desde los 4 hasta los 200 embustes en solo 24 horas, y hasta se apunta a que se miente más por las tardes. Reconozcámoslo: todos mentimos. «O para quedar bien, o para evitar la consecuencia de cosas que negamos que hemos hecho si creemos que nos perjudica», explica la psicoterapeuta Judith Diéguez. La psicóloga Eva Sández señala otra causa detrás de la mentira: la falta de asertividad, es decir, no ser personas que no expresan sus ideas con franqueza. «Una persona asertiva dice la verdad y punto, pero cuando nos cuesta y nos tenemos que justificar mentimos, muchas veces como estrategia de enfrentamiento», señala, y alerta de que la cantidad «va en función de la vida social y de lo que se tenga que interactuar con otros». 

ELLOS MÁS QUE ELLAS

Aunque todos somos un poco como Jim Carrey en Mentiroso Compulsivo, existen bandos. Según un sondeo entre 2.000 británicos publicado en el Daily Mail, los hombres mienten el doble que las mujeres, ya que ellos aseguran decir unas seis al día, mientras que ellas solo tres. «Incluso hay estudios que alegan que los hombres mienten para quedar bien en aspectos que afectan a su imagen, y las mujeres más sobre lo que no hacemos de apoyo a los demás, ya que nos vendemos como maternales o cuidadoras», asegura Judith. Eso sí, ambos sexos coincidían en la mentira más repetida: el tradicional «bien» a la típica pregunta-saludo de «¿qué tal estás?». Quizás para evitar iniciar una conversación con mal pie. 

La clave en esto de las falacias son las mentiras piadosas. «Estafar a una persona no es lo mismo que decirle que le queda bien el corte de pelo», afirma Eva que admite que «siendo totalmente honestos podemos resultar hasta bordes o maleducados. Una persona que dijese la verdad al 100 % tendría problemas de integración». Y eso que, tal y como explica Judith, el engaño da más trabajo que la verdad. «Para mentir tienes que pensar en otra cosa, y ese proceso supone más activación del sistema nervioso que decir la verdad. Y es que, además del esfuerzo de acordarte de la historia que te has montado, tienes que construirla», asegura. 

Y, en medio de esta labor, aunque pensemos que somos grandes troleros, nada más lejos de la realidad: nuestro cuerpo nos delata. Aparte del cinéfilo detector de mentiras, existen trucos para detectar un engaño. «Cuando una persona miente se detecta con el lenguaje verbal: suele hacer la mirada techo-suelo y no te miran a los ojos, a veces se gesticula mucho, o se parpadea más, o no se tiene un tono adecuado», afirma Eva, que incide en que la postura y la mirada deben de ser coherentes con lo que se dice. «Incluso hay quien se pone colorado», apunta Judith. Y es que ya lo decían nuestros abuelos: «Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo». 

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