¿Cómo es una  cena perfecta?

ENTRE AMIGOS También hay que seguir unas normas. Si no quieres perderte, siéntate a la mesa con nosotros.

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Ding dong. Llaman a la puerta y ahí tienes a tus invitados, tus amigos, que entre abrazos te dejan el abrigo en la mano, te traen una caja de vino, unos bombones, unos pastelitos para el postre mientras buscas un jarrón para las flores... ¿Tienes tantos jarrones? Tú que lo tenías todo preparadísimo como una Miss Dalloway no das abasto con tanta generosidad inesperada. ¿Pero no eras tú la que habías invitado a cenar? ¿No habías decidido tú el postre? ¿El vino? ¡Y en tu casa que sois diabéticos! Organizar una cena tiene esos inconvenientes en los que no reparamos comúnmente, pero que pueden dar al traste con el objetivo, pese a la buena intención. Por eso conviene no perderse en lo que Olga Casal, experta en comunicación y protocolo de la Universidade da Coruña, reclama con la lógica de la experiencia: el sentido común.

«Lo primero es tener en cuenta el espacio, si no tienes mesas ni sillas para un grupo amplio es mejor no embalarse a invitar, y hay que cuidar los detalles mínimos, saber si entre los invitados hay alguien con alguna intolerancia a algo, si alguno es vegetariano». Pero si hablamos de amigos se supone que más o menos eso se da por descontado. Mejor, dice Olga, organizarse con un número manejable, alrededor de 8 personas, en un piso medio de hoy en día. Y también mejor, claro, prever un menú que no nos incomode a última hora con fritangas o cocciones complicadas; por eso el horno es lo más recomendado.

Una vez establecido el menú, la mesa debe componerse con naturalidad, pero con los puntos básicos del buen hacer. «El descanso matrimonial» obliga, así que si entre los invitados hay parejas es preferible que no se sienten juntos por aquello de que sí tienen de qué hablar (y se pueden saber sus conversaciones de memoria). «Una cena implica socialización y cierta interacción, de ahí que lo adecuado sea tener al lado a alguien con el que no solamos estar habitualmente». La mezcla chico, chica está bien, pero todo depende de cómo sean las parejas. «Si dos mujeres son pareja, prima la norma no impuesta de la separación en la mesa», señala Olga, para quien otro punto fundamental para que la cena sea perfecta es entender la figura del anfitrión. La persona que invita no es un camarero, por eso no tiene que servir la mesa, lo mejor es irse pasando las bandejas y que cada uno escoja lo que quiera. ¿Se le ayuda a recoger la mesa?, le pregunto. «Lo idóneo es ofrecerse, pero la cocina es un espacio íntimo, así que depende de lo que diga el anfitrión porque puede no gustarle».  Los móviles se dejan fuera, a excepción de que se espere una llamada de urgencia; se fuma solo si lo permite quien invita (¡hay que preguntar primero!) y donde él o ella indiquen y nada de PALILLOS. Ni mucho menos hurgar con el tenedor entre los dientecillos. Las manos quietas (solo se come el marisco con ellas), que hasta las aceitunas se comen con cuchillo y tenedor. Queda dicho. Y si quieres quedar bien, estírate e invita tú otro día. Que hoy la cena la he organizado yo.

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