El Concello ordenaba que a partir de entonces se realizasen las inhumaciones en el camposanto municipal del Picacho
08 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El viejo cementerio de Santiago de Vigo, ubicado junto a la anterior iglesia parroquial, en el barrio de la Areosa, fue clausurado por el Concello en febrero de 1881. Aducía la corporación olívica que ese lugar suponía una amenaza para la salud pública y que era impropio del «respecto que merecen los restos allí enterrados». Una denuncia de un vecino llamado Senén Pardo Pimentel motivó un informe de la comisión de cementerios, en el que se proponía su cierre debido a las malas condiciones que presentaba. En la sesión plenaria del 17 de febrero de 1881 se decidió que a partir de entonces los entierros correspondientes a vecinos de esta parroquia se efectuasen en el cementerio municipal del Picacho.
A lo largo del siglo XIX se habían hecho muy evidentes los problemas estructurales tanto de la iglesia como del cementerio. Ya en 1840, el mayordomo de la parroquia, Domingo Blanco, en un escrito dirigido al Concello, afirmaba que, desde hacía varios años, el camposanto estaba siendo «escarbado por perros y cerdos en tal manera que lidian por descubrir los cadáveres a causa de su inseguridad por puertas y muros que asaltan con toda franqueza». Añadía que la iglesia parroquial «está amenazando la más sospecha ruina» y proponía al gobierno municipal que se arreglase o se abandonase para evitar accidentes.
El 2 de abril de 1841, la corporación municipal acordaba trasladar todos los enseres de aquella iglesia al templo del antiguo convento de las monjas, en O Areal. Su medida fue discutida por el obispo, quien mostró su desagrado por el traslado del patrono y la pila bautismal. Desde entonces, la parroquia tuvo dos templos, el antiguo, al que solo acudían «veinte o treinta personas», y el del Areal, inmerso en la vida del barrio y, por tanto, más concurrido.
Con la clausura del cementerio en 1881, los restos mortales depositados en él también fueron trasladados al Picacho. Al mismo tiempo, en noviembre de ese mismo año, un grupo de vecinos reclamó al Concello la construcción de un nuevo templo parroquial. Solicitaban que el municipio aportase un solar donde levantar el templo y que fuese pagado con «los recursos que el Gobierno preste y con los que contribuyan los piadosos feligreses». Tras estos vecinos se situaba el párroco Eliseo Ozores. Decía este clérigo que su iglesia era «solitaria, mezquina, casi inaccesible, perdida en lo alto de una colina», situada a una considerable distancia de los principales barrios de la parroquia y sin buenas vías de aproximación. Añadía Eliseo Ozores que en el entorno de la iglesia había «tres o cuatro casas y las del barrio del Couto».
Ozores reclamaba al gobierno municipal que se erigiese un nuevo templo o que se adquiriese el de las antiguos monjas, entonces en manos privadas. La petición fue oída en el Concello y se iniciaron los trámites para adquirir un terreno donde edificar la nueva iglesia parroquial de Santiago de Vigo. El concordato con la Santa Sede, firmado por España en 1859, comprometía al Estado en la labor de construcción de los templos que fuesen necesarios.
El 16 de mayo de 1882 tuvo lugar la compra de 1.500 metros cuadrados a Juan Avendaño al borde de la carretera de Circunvalación (donde hoy se levanta), aunque esta operación acabó en los tribunales debido a que el Ministerio de la Gobernación opinaba que la corporación se había excedido en sus atribuciones. La ley dio la razón a la corporación viguesa, que se vio obligada a iniciar el proceso de legalización de la compra de los terrenos.
El proyecto de la nueva iglesia, que hoy se levanta en la calle de García Barbón, fue firmado por Manuel Felipe Quintana en 1896, pero la consagración del templo no se realizó hasta agosto de 1907.