Ángela Castaño, la bisabuela de Vigo, fallece a los 106 años

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Ángela Castaño durante la videollamada
Ángela Castaño durante la videollamada

Nacida en el barrio de O Calvario, fue esposa de militar y tuvo un negocio de alta costura. «Ahí estoy. No quiero llorar, quiero reír», decía en la residencia donde pasó la etapa final de su vida

02 mar 2026 . Actualizado a las 22:14 h.

Ángela Castaño Hernández, la bisabuela de Vigo, falleció este sábado en la residencia Ballesol a los 106 años. Nacida el 17 de marzo de 1919 en el barrio vigués de O Calvario, llegó al mundo cuando el astillero Vulcano daba sus primeros pasos en Teis, las Irmandades da Fala empezaban a definir la identidad moderna de Galicia, España estaba inmersa en plena crisis de la Restauración y Europa intentaba recomponerse tras la Primera Guerra Mundial. Su vida ha sido tan larga que le dio tiempo a convertirse en protagonista de una videollamada de récord que la conectó con otras 16 centenarias de toda España el pasado 21 de febrero.

Ángela creció en las calles de O Calvario, donde dio sus primeros pasos y donde comenzó a forjarse el carácter alegre y observador que la acompañó siempre. Fue testigo de excepción de la transformación constante de su ciudad, que apenas tenía 50.000 habitantes cuando era una niña y que hoy la despide con cerca de 300.000.

Madre orgullosa («Tengo cinco hijos como cinco soles», presumió al soplar las velas en su último cumpleaños, hace casi un año), recordaba como el día más feliz de su vida aquel en que nació su primogénito. También evocaba con emoción el viaje del día de su boda, un recuerdo que mencionaba con la misma dulzura con la que hablaba de su tierra. «Me encanta ser de Galicia», decía con convicción y brillo en los ojos.

Su marido era militar de carrera que formó parte del bando sublevado en la Guerra Civil y lo siguió por los distintos destinos que tuvo en España. Montó un negocio de alta costura en Madrid y trabajó para unos grandes almacenes de Vigo. Uno de los secretos de su longevidad y de una salud envidiable fue que comía de todo, según la familia, y no necesitaba casi medicación cuando ya era centenaria y seguía sin dejar pasar mucho tiempo para ir a peluquería y hacerse la manicura. 

Era cantarina y de carácter vitalista. «Ahí estoy. No quiero llorar, quiero reír», contaba en la residencia donde pasó sus últimos años. Quienes la conocieron destacan su serenidad, su capacidad de escuchar y esa forma tan suya de mirar la vida con calma y humor. Ángela fue testigo de casi todo el slglo XX y del primer cuarto del convulso XXI, superando la reciente pandemia y ocupando el lugar que dejó el pintor Luis Torras (fallecido en el 2024 con 112 años) como la persona nacida en Vigo de más edad. Pero fue, sobre todo, protagonista de historias íntimas y personales que compartió con su familia y con quienes se cruzaron en su camino. Deja doce nietos y otros tantos bisnietos.

Este domingo será incinerada en el tanatorio Vigomemorial.