Los últimos artesanos del oficio de mirar

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Oscar Vázquez

Eduardo Iglesias Costas fundó en 1975 uno de los estudios históricos de Vigo y, medio siglo después, sus hijos mantienen abierto el negocio adaptado a un tipo de fotografía que ya no es la de entonces

16 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Eduardo Iglesias Costas empezó en la fotografía cuando tenía poco más de veinticinco años y una cámara Rolleiflex que no admitía errores. Las bodas ya eran un filón, pero no tanto. Además, en aquel momento no había encargos cerrados ni segundas oportunidades: había que llegar antes, medir bien la luz, disparar a ciegas y llegar el primero con las imágenes reveladas antes de que los novios se marchasen de la iglesia y el banquete con las que les hicieran decidirse por uno. «Solían ir varios, ninguno de ellos contratados previamente. Simplemente iban, les hacían fotos, solo doce disparos por carrete, y el más rápido o el que más les gustaba a los contrayentes era el que llevaba el dinero a casa», cuenta Camilo Iglesias Currás, su hijo menor.

Iglesias, que hoy tiene 91 años, pasó sus primeros años junto a González, al frente de Foto González, uno de los grandes nombres del sector en la calle Policarpo Sanz, «al lado de La Gafa de Oro», sitúa su descendiente. Juntos recorrían Vigo y su entorno en Vespa buscando celebraciones para enmarcar en la vida de alguien. Muchas de esas imágenes siguen hoy en álbumes domésticos repartidos por toda la ciudad.

Ese aprendizaje marcó toda su trayectoria. Con el tiempo se convirtió en uno de los fotógrafos más solicitados de Vigo. Documentó bodas durante décadas y compaginó ese trabajo con encargos industriales e institucionales. Astilleros como Freire, Barreras o Vulcano confiaron en él para retratar interiores de barcos, botaduras y pruebas. También le llamaban para actos oficiales, visitas institucionales y eventos empresariales en una ciudad que aún tenía pocos fotógrafos para empresas.

En 1975, Eduardo abrió Foto Iglesias en la Plaza de América, que entonces era un barrio nuevo, todavía en construcción. El estudio nació como un negocio de proximidad, pero también como una base de operaciones desde el que seguía saliendo a la calle. Camilo recuerda que durante años, los fines de semana, a su padre no se le veía el pelo: bodas viernes, sábados y domingos en un contexto en el que la fotografía era todavía cosa de profesionales y la tienda, durante la semana, bullía con clientela que iba a llevar sus carretes y recoger revelados. El local fue creciendo con la familia. Con el tiempo se incorporaron los hijos, Eduardo y Camilo. A este último, aunque empezó los estudios de Magisterio y Peritos, terminó tirándole el oficio acompañando a su padre y acabó tomando su propio camino aunque siguió su estela en astilleros y entidades como la Caja de Ahorros de Vigo en una etapa en la que compartió espacio con los reporteros gráficos de prensa. A finales de los años 80 empezó a introducir el vídeo en los reportajes, cuando aún era un terreno casi virgen. Trabajaba en analógico, con equipos carísimos y limitaciones técnicas que hoy parecen impensables, pero que entonces exigían conocer cada paso del proceso. «Editabas diez minutos, guardabas, y seguías», describe.

La llegada del digital cambió las reglas. Primero las cámaras, luego los ordenadores y finalmente los móviles para dar la puntilla. La fotografía pasó a ser una abundante acumulación de naderías donde 99 de cada cien se creen artistas. «Antes hacías 150 fotos y tenían que salir todas bien», compara. Foto Iglesias sigue abierta más de 50 años después. Ya no vive del revelado ni de la venta de cámaras. Atiende fotografías de carné, fotocopias, algunos reportajes de bodas, digitalización de archivos antiguos, Súper 8, negativos y restauración de imágenes. En muchos casos, más que fotos, gestiona documentos. «Muchas veces la gente vienen a que les arregles un problema, a resolver un trámite que no sabe cómo solucionar con el móvil», asegura reconociendo que trata de ayudar a aquellas personas que ve perdidas con la tecnología, «pero, claro, así no sobrevive una tienda», argumenta. La suya ya no es la que fue, y el propio Iglesias lo asume sin dramatismo: «La fotografía como negocio se acabó». El móvil lo cambió todo: la manera de hacer fotos, de guardarlas y de valorarlas. «Todo el mundo hace fotos a lo loco, pero casi nadie las mira ni sabe dónde las tiene». Aun así, el local sigue funcionando como un punto de referencia en el barrio.

Iglesias no tiene web ni estrategia en redes sociales. Tampoco promesas de futuro. Tiene dos hijos pero duda que sigan su camino. «Seguimos porque sabemos hacer esto y cuando mi hermano se jubile, que ya no queda mucho, no sé qué será de nosotros», reconoce. Lo que no se acaba es su pasión por las fotos. Muchas de ellas, antiguas estampas de Vigo, las sube a la página del grupo de Facebook: «Tú no eres de Vigo si...».

Dónde está: Plaza de América. Centro Comercial 3, local 1. Vigo