El cartel colombiano que llegó a Galicia desde Holanda

Uno de los cabecillas del grupo de narcotraficantes desmantelado esta semana por el ECO Galicia de la Guardia Civil se movía entre Vigo y Ourense para vigilar cada envío de droga, trabajando tanto para la organización de su país como para el clan del Golfo

El ECO Galicia captó a Brail Van Den Berg, en agosto, paseando por Ourense. Allí tenía acceso a un piso, mientras que en Vigo se instalaba en un hostal próximo a la calle Urzaiz. Inició los trámites para empadronarse antes de su arresto
El ECO Galicia captó a Brail Van Den Berg, en agosto, paseando por Ourense. Allí tenía acceso a un piso, mientras que en Vigo se instalaba en un hostal próximo a la calle Urzaiz. Inició los trámites para empadronarse antes de su arresto

VIGO / LA VOZ

Vigo como centro de operaciones, y Marín como lugar para recibir la cocaína que llegaba a su puerto en contenedores. En los alrededores se buscaban naves de alquiler para almacenarla. También eran habituales en los puentes aéreos Bruselas-Santiago y Vigo-Madrid. En un hotel de Poio, muy próximo a la Comandancia de la Guardia Civil de Pontevedra, se hospedaban con un propósito claro: dar con funcionarios portuarios a los que corromper para ramificar en Galicia los tentáculos de su organización criminal, la más activa de Europa importando contenedores cargados de coca y que se acaba de dar por desmantelada.

El Equipo contra el Crimen Organizado (ECO) en Galicia de la Guardia Civil detectó sus pasos e intenciones. Todos eran holandeses asentados entre su país y la Costa del Sol. También se movían por Vigo. Allí se instaló, en un hostal próximo a la calle Urzaiz, uno de los dos delegados de su organización en España llamado Brain Van Den Berg, alias Ojo, Colo o Colombiano. Un pez gordo a sus 27 años de edad, otra muesca del relevo generacional. Sus apodos no son gratuitos: defendía los intereses de sus compatriotas, pero también, y por igual, de los proveedores, los del clan del Golfo, en Colombia, una multinacional del crimen organizado. «Supervisaba in situ, por exigencia del cartel, las operaciones y auditaba la carga de droga en origen y su llegada a puerto. De carácter violento y agresivo y dispone de contacto directo con los proveedores, gozando de su plena confianza», sostiene la causa, que añade que Van Den Berg se sentía tan cómodo en Vigo que inició los trámites para empadronarse.

También se movía por Ourense, encontrando cobertura en un piso habitado por una mujer, aunque su presencia allí era menor. Sí mantenía contacto regular con el otro delegado en España de la organización holandesa, Johnny de Keijzer, con más años en el país, se cree, para coordinar envíos de cocaína desde Sudamérica y de hachís desde África. Al fin y al cabo, casi todos los holandeses implicados son de origen magrebí. Keijzer habla castellano y ejercía de traductor entre los actores de cada envío. Sus decisiones evidencian una posición relevante. En Vigo, por ejemplo, fue detectado buscando una nave para almacenar los 663 kilos de coca decomisados en Marín el 13 de noviembre del 2019. Fue la segunda aprehensión de las tres consumadas en este puerto; días antes habían caído 177 kilos, y ya en marzo de este año 155 más.

El resto de incautaciones se realizaron posteriormente en los puertos de Valencia (600 kilos, 224, 1.862, 491 y 62) y de Róterdam (780). Ya en Panamá, en julio, la policía cazó un porte de 400 kilos que, de seguir la ruta prevista, acabaría en Valencia igualmente. Pero si algo demostró la investigación de ECO Galicia es que ninguno de estos millonarios fracasos mermaron el ánimo de proveedores ni destinatarios. A cada incautación respondían con nuevos envíos para amortizar las pérdidas. Pero no solo por Marín y Valencia: sus tentáculos llegaban a más puertos de España, Europa o Asia.

La cocaína, el otro virus que infecta Galicia

Javier Romero
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Viaje al interior del narcosubmarino que cruzó el Atlántico El interior era muy reducido y angosto. Los gases del motor se filtraban a la cabina

Los casi 7.000 kilos de droga aprehendidos en solo cinco meses evidencian el mayor peso de unos alijos que llegan hasta en narcosubmarino, diseccionado por la Guardia Civil en el único peritaje realizado.

El dinero generado con las dos últimas partidas de cocaína confiscadas en Galicia (236 millones de euros) financiarían la ampliación proyectada del CHUAC (200 millones) o costearían, en buena parte, otro Hospital Álvaro Cunqueiro (360 millones). En noviembre se interceptaron 3.050 kilos llegados en la bodega de un narcosubmarino (operación Marea Negra); la semana pasada, en Arousa, otros 3.700 (operación Lince). Dos éxitos policiales que muestran las consecuencias de la sobreproducción de cocaína iniciada en Sudamérica en el 2016: envíos cada vez más pesados por el stock almacenado y plantíos con mayores hectáreas cada año. El informe sobre crimen organizado de la ONU, del 2019, así lo evidencia en Colombia: de 120.600 hectáreas en el 2015 se pasó al récord de 245.000. Mientras que Perú y Bolivia mantienen su vasta producción histórica con la inclusión de Venezuela y Brasil.

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