Por qué Napoleón fue derrotado en Galicia

VIGO CIUDAD

XOAN CARLOS GIL

Hace 210 años, la victoria sobre los franceses provocó el asombro de militares e historiadores

01 jul 2019 . Actualizado a las 09:43 h.

En enero de 1809, dos ejércitos de Napoleón, comandados por sus mejores mariscales, Jean de Dieu Soult y Michel Ney, entraron en Galicia persiguiendo a las tropas británicas al mando del general Moore, quien murió en la batalla de Elviña, pero buena parte de las fuerzas pudieron ser evacuadas, en un claro paralelismo con Dunkerke en la Segunda Guerra Mundial. Seguidamente, los franceses iniciarían la ocupación del país, cometiendo brutales atropellos. Muchos de ellos se debieron a la propia naturaleza de unos ejércitos que no iban acompañados de suministros y tenían que abastecerse sobre el terreno.

Cuando los gallegos se levantaron, en villas y ciudades, los militares franceses reaccionaron con terroríficas expediciones de castigo, violando, asesinando e incendiando todo a su paso. La Reconquista de Vigo fue el mayor triunfo de los rebeldes y, tras ella, con casi los mismos protagonistas vigueses, llegó la liberación de Tui, la de Pontevedra o la de Compostela. Como represalia, en mayo el general Maucune marchó sobre el sur de Galicia en una campaña de tierra quemada. Y, en junio, el mariscal Ney intentó sofocar definitivamente la rebelión, pero fue vencido en la batalla de Pontesampaio, ante un ejército tan irregular como el que protagonizó el bando gallego en aquellos seis meses de contienda. Una fuerza integrada por paisanos mal armados, sin instrucción militar, pero con un ardor guerrero que asombró al mundo.

Dos siglos después, abunda el argumento historicista que dice que los gallegos en 1809 lucharon en realidad contra la democracia, jaleados por los curas y por los absolutistas. Es falso. Y es un insulto a la memoria de aquellos paisanos que dieron su vida por una causa noble. Porque ya resulta difícil calificar a Napoleón como un demócrata. Incluso resulta hilarante. Tampoco suele funcionar que cierta democracia pueda imponerse con violencia, estilo Irak, Afganistán o Vietnam. Pero sobre todo es falso que los gallegos luchasen a favor del absolutismo. Lo hicieron por las Cortes de Cádiz, que aprobaron la primera constitución del estado y abolieron la Inquisición, por ejemplo. Y lo hicieron también gallegos liberales como el diputado Francisco Sangro, que fue enviado a Londres por la Junta Suprema del Reino de Galicia. No es culpa de los gallegos que pelearon en 1809 que luego el ominoso Fernando VII traicionase todo este espíritu, y aplastase aquellos anhelos de libertad.