Así fue la ocupación de Vigo

VIGO CIUDAD

Oscar Vázquez

La invasión francesa se produjo el 31 de enero de 1809

25 mar 2019 . Actualizado a las 10:46 h.

E l 31 de enero de 1809, una columna de dragones apareció en la playa del Areal. Desde los muros del castillo de San Sebastián, los vigueses contemplaron horrorizados cómo la guerra llegaba a sus puertas. Sabían que ya casi toda Galicia había caído ante las tropas de Napoleón. Y había que entregar la plaza, no sin polémica.

 Las tropas de los mariscales Soult y Ney fueron ocupando Galicia a lo largo de enero de 1809, avanzando como tenazas tras la batalla de Elviña y la muerte del general inglés John Moore. Ourense cayó el 20 de enero y Pontevedra, el 26, tras pactar su rendición. Ya sólo quedaban Vigo y Tui por entregar sus llaves.

Muchos vigueses soñaron posible ofrecer resistencia. Bajo la dirección de un vecino de Vigo, Manuel Jacinto Gómez, comenzaron a artillar los fuertes y baluartes, incluso desembarcando cañones de los barcos corsarios que estaban anclados en el puerto. Los regidores argumentaron que la defensa sería imposible y el pueblo se volvió contra ellos. Los vecinos encerraron en el castillo del Castro al gobernador militar, Francisco de la Rocque, y al alcalde, José Antonio Alonso Cayro. Con ellos, fueron también detenidos varios parroquianos acusados de afrancesados, entre ellos ricos comerciantes.

Tras la revuelta, los vigueses nombraron gobernador militar al capitán de navío Juan de Villavicencio, y como alcalde, a Francisco Javier Vázquez Varela, abogado de la Real Audiencia de Galicia. El 25 de enero, el vecindario elige nuevos regidores: José Ramón González Carvajal, José Antonio Rúa, Alfonso Díez, Manuel de la Fuente, Diego Núñez de Murcia y Gaspar Masseti. Para diputados de abastos, se elije a Pedro Abeleira, Benito Pereira, Francisco Julián Pérez, Manuel Álvarez, José Iglesias y Francisco Fernández. Y como procuradores generales se designa a Manuel Jacinto Gómez y Alonso Díaz Polo. Como secretario, se eligió al escribano José López Varela.

De puño y letra de Vázquez Varela sabemos que la llegada de las tropas francesas les sorprendió en plenos trabajos: «Cuando contábamos con una honrosa defensa (…), nos vimos sorprendidos en la mañana del mismo treinta y uno de enero por una compañía de húsares en número de ciento trece hombres que intimó la rendición». Ese mismo día se firmó la capitulación y al día siguiente ya entraban otros 1.200 hombres de infantería francesa, seguida de 450 dragones.

No todos los vecinos aceptaron la rendición con agrado. Se cuenta que algunos pretendían disparar desde las murallas y que un paisano fue reducido cuando intentaba prender la mecha de un cañón situado sobre la puerta de A Gamboa. El gobernador Villavicencio tuvo que comparecer para calmar los ánimos y convencer a todos de que era imposible «la defensa de la plaza, con más que 39 soldados de caballería, los inválidos, 18 oficiales y soldados extraviados del ejército del Norte y los doscientos milicianos honrados; que todo no llega a trescientos hombres útiles». Tras la Reconquista, Villavicencio será encarcelado durante 40 meses y acusado de traidor, cuando en realidad su posición era la única posible para evitar una carnicería.

La entrada de los dos escuadrones de húsares de Nicolás, el 31 de enero de 1809, inicia la ocupación de Vigo, que se prolongará solo 56 días. Al tiempo que penetran los galos en las murallas, por la puerta de la Falperra escapaban los pocos soldados que había en la villa, usando caballos que les proporcionó el Ayuntamiento. El 1 de febrero entran en Vigo otros 1.200 soldados franceses de infantería, a través de la puerta de los Carneros. Y, el 4 de febrero, llegan otros 450 dragones más.

En las semanas sucesivas, siguen llegando tropas de los mariscales Ney y Soult. Este último llegó a dejar en el castillo de O Castro la caja de pagadores de su ejército, además de diversas riquezas producto de los saqueos realizados en Galicia. Se cree que entre estos tesoros podría estar el botafumeiro original de la catedral de Santiago, una obra en plata con piedras preciosas. Tras la Reconquista, los vigueses se repartirían este botín.