Ahora, la TAP


Antes de la llegada de las aerolíneas de bajo coste, fuertemente subvencionadas, el único vuelo internacional de Galicia estaba en Vigo. Lo ofrecía con París la compañía Air France y fue un éxito, cimentado en el sector del automóvil y la factoría de Citroën con su industria auxiliar. Aunque en cifras menores, también volaban en esa línea los empresarios de la pesca, de la conserva o del granito. La conexión con el aeropuerto Charles de Gaulle llegó a tener 4 vuelos diarios por sentido en Peinador y se sostuvo siempre por sí misma, sin ayudas públicas. Finalmente, en 2015 la compañía canceló la línea. Y no porque no tuviese demanda, sino porque, con dinero de todos los gallegos, se subvencionó la de otra compañía, con origen y destino en Lavacolla. El desastre fue propiciado por aquellas ayudas de la Xunta, iniciadas durante la etapa Fraga, continuadas en el bipartito y consolidadas por la administración Feijoo, quien tras un primer mandato decidió retirarlas, aunque el mal ya estaba hecho. Ahora tenemos otro ejemplo de cómo las líneas aéreas funcionan en Vigo, porque aquí están los pasajeros. Peinador no solo atiende a la mayor ciudad de Galicia, sino a una enorme área que va desde Pontevedra y su entorno hasta la provincia de Ourense, sin olvidar parte del norte de Portugal. Por eso está funcionando el vuelo de la TAP con Lisboa. Que además ofrece buenas conexiones internacionales. Porque en igualdad de condiciones, sin el dopaje de dinero público a otras terminales, la gente elige Vigo. Y lo hace incluso teniendo hacia el sur un coloso como el Sá Carneiro. Y, hacia el norte, dos aeropuertos públicos en la misma provincia.

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