Los recintos para el arte encogen

Espacio SVT y Apo?strophe en Vigo y la Discotasca Jamusino de Redondela exhiben obra en escaparates, vitrinas o habitáculos de pequeño tamaño


vigo / la voz

Como si de una chaqueta de lana lavada a 60 grados se tratase, el arte de la era postcovid se ha quedado canijo para adaptarlo a moldes pequeños y poder seguir existiendo. Ya no es solo por una razón de espacio o porque las aglomeraciones en este momento de la historia no convienen. «También hay un motivo económico», razona el artista y comisario Ángel Cerviño. «El mercado del arte lleva años sufriendo y se van ideando fórmulas para sobrevivir» añade el vigués, que fue responsable de Liliput, una de las primeras microgalerías que hubo en Galicia. Allí, dentro de una vitrina en la librería Versus, mostraron sus obras durante cuatro años artistas noveles pero también consagrados.

Esa misma filosofía la llevó a cabo el colectivo cultural Pitrina en el escaparate de la Discotasca Jamusino de Redondela, creando una galería en su escaparate que se llama acertadamente Mínima Expresión y que en realidad, según explican, se trata de una nevera de los años 70 que recuperaron y encajaron en la fachada del local. Allí expone el artista Fon Conde desde el pasado mes de julio y durante todo agosto, su instalación Casa Doentes, formada por una serie de maquetas de casas abandonadas de la villa de los acueductos.

Hace dos meses, la sala de arte Apo’strophe, en el centro comercial Plaza Elíptica, ideó tras la cuarentena una nueva manera de ver las obras de sus dos salas. Ya se podía hacer antes, pero ahora cobra todavía más sentido. El público puede apreciar las obras expuestas en la principal sin necesidad de acceder al interior si no quiere. Allí sigue hasta septiembre la exposición de Ruth Lodeiro, que de vez en cuando se presenta ella misma como guía de su trabajo para quien quiera profundizar en él, aunque está tras una cristalera tan grande que se aprecia bastante bien. La sala anexa, más pequeña aún, es casi en sí misma un recinto para verlo desde fuera.

La exposición de Ruth Lodeiro en la sala Apo'strophe, en el centro comercial Plaza Elíptica, se puede ver sin entrar en la galería
La exposición de Ruth Lodeiro en la sala Apo'strophe, en el centro comercial Plaza Elíptica, se puede ver sin entrar en la galería

Ángel Cerviño es ahora el comisario de espacio SVT, otra mini galería dentro de la tienda de diseño Sirvent que desparrama sus propuestas entre el escaparate del establecimiento comercial y un pasillo dentro del local en Gran Vía, 129. La idea en la que se basa es la misma que movió a Liliput: «Llevar el arte a espacios cercanos y dar cabida a autores del entorno», añade. Como ejemplo, la exposición actual, integrada por piezas de ceramistas encabezados por maestras como Emilia Guimeráns.

Los cuadros de 2x2 metros ya tienen pocos sitios donde meterse. Lo sabe bien el pintor Amando, que durante la pandemia desempolvó sus enormes cuadros para que se vieran desde su balcón en la Alameda.

Las galerías que no desaparecen son cada vez más pequeñas o ni siquiera son galerías. Los artistas se asocian para compartir taller y este sirve también para hacer exposiciones dentro. «El sistema de galerías convencional llevaba unos años renqueante. Nos hacemos cooperativos y más pequeños porque el mercado también lo es. No hay una nueva generación de coleccionistas que lo sostenga y eso lleva a la jibarización del arte y a buscarse la vida como en los 70», opina el experto.

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