El agente cumple 20 años patrullando Oia, A Guarda y O Rosal
07 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«El monte es mi vida», dice Antonio Pimentel. Su mirada, la piel y unas manos curtidas por tres décadas de sol y trabajo como guarda forestal transpiran la misma pasión.
Es de donde nace y pace por elección personal: la parroquia oiense de Burgueira. El corazón se le parte cuando tiene que elegir un solo rincón favorito, pero, «por sentimiento», gana el Mirador de O Cortelliño. Por belleza y afinidad, se las medía con el Santa Trega, al que tampoco renuncia. Pero, la tierra tira y a él lo trajeron al mundo muy cerquita de O Cortelliño, en una casa familiar de Burgueira, en la que también dio sus primeros pasos por el monte. Son tres hermanos y, al igual que el mayor, es agente forestal. Su padre era agricultor. «Entonces, y mientras fuimos niños, vivimos exclusivamente del campo y del ganado», recuerda.
El 31 de diciembre se cumplieron 47 años de aquel nacimiento; y hoy, veinte desde que, tras aprobar la correspondiente oposición, tomó posesión como agente forestal zonal.
Con más de 5.000 hectáreas a su cargo distribuidas por los municipios de Oia, A Guarda y O Rosal, le resulta tan difícil a él contabilizar las veces y kilómetros que ha hecho durante este tiempo a lo largo y ancho de esta franja como a cualquiera de los vecinos cogerlo en un renuncio. Parece que aún nadie ha conseguido que falle en la localización de cualquier foto capturada en algún punto de todo este ámbito; sin brújula ni GPS.
No oculta la fascinación por su trabajo. «Es absolutamente vocacional, me gusta participar del cuidado y protección de este inmenso pulmón natural», explica.
En el ecuador de su carrera profesional echa la vista atrás para contestar sobre los mejores y peores momentos de estos veinte años. El calendario se para en el 2006, cuando el fuego arrasó más de 1.500 hectáreas de su pequeño gran paraíso. Y del de todo O Baixo Miño.
Pimentel recuerda casi al dedillo cada minuto de una contrarreloj de 72 horas que tuvo en jaque a Galicia entera. «Fueron tres días de lucha continuada, con 12 aviones, otros tantos helicópteros, un centenar de cuadrillas entre las de extinción y las bombas de agua, con apoyo de unidades italianas y marroquíes». No hay duda, esas 1.500 hectáreas de pulmón carbonizadas son también las que más le dolieron a él. En su haber, el saber que la coordinación y el trabajo de esos días evitó un desastre medioambiental aún más duro. «Fue lo peor, veíamos arder todo», recuerda. Nunca se equilibra, pero la balanza pesa menos al saber que «sin los medios que se emplearon, en el 2006 habrían ardido todos los montes de la costa entre Baiona y A Guarda». La prevención, la educación y la concienciación son su apuesta para fomentar las actitudes responsables en el monte. Por ello, en el apartado de menos satisfactorio, incluye a nivel laboral el momento de tener que sancionar. «Pero sigue habiendo vertidos incontrolados en el monte», advierte a la vez que aplaude iniciativas como la que protagonizaron en Oia recientemente los vecinos para limpiar la zona. Pide precaución ante cualquier quema, aunque sea autorizada.