PERISCOPIO
15 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.En esto de la política (con minúsculas) lo de menos es el camino y lo importante es llegar. La gresca de Maite Fernández y Manoel Soto que ayer les medio relaté tuvo de mañana su hegemonía, una clímax en pleno epicentro de la campaña, con insultos cruzados de cum laude . Soto se refociló entre periodistas para destacar la «zafiedad» de la dirigente del Covi. La acusó de quebrantar una conversación de suma confianza y secretismo. Y así se despachó a gusto. Pero Maite, como las computadoras, casi en tiempo real, cantaba una loa al poder de Soto para provocar transfugismo y recordaba hazañas varias del ex alcalde: «Eso sí era traición», dijo. Y así, entre el vaivén de los insultos varios, ambos se garantizaron cancha en los medios. Había que ver la algarabía entre el público, y entre bastidores, que presidió el concierto (perdón, mitin) de Zapatero. Llenó el pabellón de los deportes de iconos socialistas pero sin localismos. Sólo se escapó uno, de Mondariz, que lucía matrícula en la baderola y que pasó casi desapercibido. Como Príncipe, que junto a Villarino ocupó terceras y cuartas filas en los discursos. Aplaudieron ambos, eso sí. ?e costó, pero entre la revuelta de Soto y Corina, y los dimes y diretes de Castrillo-Ventura, la candidata del PP ya logró sonreir. En las encuestas sigue subiendo. Pero aún no le basta.