Tomás García, negociador de la Guardia Civil: «En el cara a cara debes tener cuidado y llevar chaleco, nunca te puedes fiar»

e. v. pita VIGO / LA VOZ

GONDOMAR

Guardia Civil

Este comandante de Pontevedra logró que un vecino de Gondomar armado con una escopeta de balines se entregase tras hablar dos horas y media con él: «Hay que escuchar, tener empatía y no juzgar»

18 feb 2026 . Actualizado a las 14:21 h.

El comandante de la Guardia Civil de Pontevedra, Tomás García Fernández, es uno de los dos negociadores territoriales de la provincia. Superó un curso en Valdemoro. En sus tres años de experiencia, ha intervenido en cuatro casos, el último hace unos días en Gondomar. En Baiona tuvo que convencer a un hombre subido a un puente que amenazaba con autolesionarse, en Barro, una persona se atrincheró con un cuchillo y en Lalín, un padre se encerró con su hijo en casa.

«Se resolvieron satisfactoriamente, no hubo violencia ni daños pero, en un caso, el hombre intentó escapar y se dañó en un pie», dice el comandante García. En tres intervenciones, los implicados tenían problemas de salud mental. «Es difícil la conversación con ellos porque dicen cosas sin sentido, has de tener mucha paciencia, tienes que escuchar cosas quizás extrañas y hablar porque así se sienten escuchados, no puedes juzgar», indica.

En el caso de Gondomar, Tomás García estuvo media hora hablando por teléfono con el hombre encerrado con una escopeta de balines, con la que disparó sin herirla a una limpiadora que entraba en la casa del vecino. Le siguieron dos horas y media de charla en la casa cara a cara.

El negociador se había leído los informes sobre la personalidad del hombre armado. «Fue un trabajo muy complejo, es una persona con problemas mentales, reservado, solitario, que no se tomaba la medicación y que consumía estupefacientes. Esto unido a que tenía desapego a la Guardia Civil por actuaciones contra él. Le llamé dos veces y solo me cogió a la tercera y conversamos 30 minutos, con momentos de lucidez y cosas sin sentido, el lenguaje era correcto pero desvariaba, yo tenía que reconducir la conversación», indica.

Antes de entrar en la vivienda, Tomás García sabía a lo que se enfrentaba. «No era peligroso, no tenía antecedentes de violencia, pero hubo un momento de la conversación que sí fue violento y yo lo calmé. Él era una persona corpulenta y hay que tener mucho cuidado e ir con chaleco, nunca te puedes fiar», relata el comandante, que además de negociar lleva casos de policía judicial e información.

Durante la charla, su interlocutor, de 52 años, le confesó que «quería hablar con alguien». Con más confianza, le contó los motivos por los que disparó balinazos a la trabajadora: el vecino dejaba sus perros sueltos en su finca. Mientras conversaba con él, aplicaba unas técnicas que aprendió en el curso de negociación de la Guardia Civil en Valdemoro, que duró un mes. Superó un test psicotécnico, aprobó la teoría y ensayó casos prácticos.

Cuenta que hay tres niveles de negociador: el primero trabaja con la unidad especial de intervención que rescata rehenes, después está el de la UCO que negocia secuestros con extorsión y gestiona sus demandas. En tercer lugar, están los negociadores territoriales, asentados en la provincia y que son los primeros en llegar a la escena hasta que acuden las unidades especiales.

En cada provincia, suele haber tres negociadores territoriales que trabajan en equipo. «Si hay solo uno, este le puede caer mal al interlocutor, meter la pata y quemarse, o este solo quiere hablar con hombres y no con mujeres, o le dan miedo los hombres», explica Tomás García. En la provincia de Pontevedra hay dos negociadores, él y una compañera.

«No puedes meter la pata porque el interlocutor te cuelga el teléfono, tienes que escuchar y no juzgar», relata. Desaconseja darle la razón en todo, ni contagiarse emocionalmente y ponerse a llorar, o perder los nervios. En el caso de Gondomar, «hice un acercamiento cara a cara. Él no iba armado y yo tampoco. Estuvimos dos horas y media hablando para evitar un mal mayor, que entrasen las fuerzas especiales. Había una orden de registro pero es una persona sin recursos, si le tiraban la puerta a lo mejor no podía pagar al carpintero».

Hubo un desenlace feliz y sin pérdida patrimonial. «Tuve que mantener la calma bastante, si te ve tranquilo, él también», explica el comandante. El hombre accedió a entregar el arma y las municiones y salir. «Nos costó bastante. Él nos acompañó al cuartel y allí expuso su versión», dice este mando.