Gondomar se revela como base del primer yacimiento neolítico gallego

GONDOMAR

Los análisis permiten situar los hallazgos más de 2.500 años después de lo que se creía El estudio confirma la presencia de silos para cereales, una estela, lascas y un raspador de sílex

08 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Las huellas del pasado ocultas en el monte de Chan do Cereixo, ubicado en el municipio de Gondomar, son mucho más importantes de lo que ya apuntaban los primeros descubrimientos realizados desde los años ochenta, ya que el yacimiento localizado en la comarca miñorana es a día de hoy el más antiguo de los conocidos en la actualidad en Galicia. Pero hace tan sólo dos meses, el equipo de arqueólogos del Instituto de Estudos Miñoranos dirigido por Rosa Villar, encontraba otras muestras inequívocas del paleolítico y continuaba su investigación tratando de confirmar presencia neolítica, lo que supondría un descubrimiento espectacular, ya que no hay documentado en Galicia ningún hallazgo de este período prehistórico. Ayer, el hallazgo se confirmaba por boca de Rosa Villar, que presentó en la sede viguesa de la Fundación Barrié, que financia el proyecto, los resultados del estudio de campo y los análisis técnicos posteriores. La especialista explicó que la prospección de una mínima parte del territorio (el total alcanza un millón de metros cuadrados), revoluciona el mapa arqueológico gallego. En este trabajo, los frutos del tiempo recogidos en el entorno de un otero denominado As Campurras, son los más sabrosos. Allí se localizaron dos de los seis petroglifos que encontraron, que no tienen gran importancia, pero en varios sondeos alrededor de una de las rocas esculpidas con grabados muy simples, se encontraron vestigios que ofrecen en conjunto un contexto arqueológico claro consistente en un paleosuelo de tierra a ambos lados de la roca, sobre el que aparecieron fragmentos cerámicos que constatan la existencia de silos para almacenar cereal, una estela triangular anclada en el suelo, lascas, cantos rodados y cristal de cuarzo tallado, un raspador de sílex, y misteriosos restos de bellota carbonizada. Villar indicó que la obtención de dataciones a partir de catas y análisis de restos por el método del carbono 14, «permite situar este conjunto de hallazgos en el neolítico pleno, con el consiguiente retraso de la cronología de los petroglifos, que se demora algo más de 2.500 años de lo que hasta ahora se consideraba, en finales del tercero y los inicios del segundo milenio antes de Cristo».