El equipo de O Morrazo es cuarto en Asobal y tiene opciones de jugar en Europa
09 abr 2015 . Actualizado a las 13:32 h.La temporada del Balonmán Cangas es un milagro. Una de esas sorpresas que de vez en cuando surgen para reconciliar a los aficionados más descreidos con el romanticismo del deporte. La muestra de que las ganas, la ilusión y el trabajo duro aún pueden ganarle la partida a los euros.
Que un equipo humilde de un pueblo de O Morrazo se acomode en la cuarta posición de la liga Asobal, en medio de Miuras y clásicos como el Granollers o el Anaitasuna, y con firmes opciones de sacar billete para Europa, era impensable. Sin embargo, el Cangas, con Víctor García, Pillo, al frente, lo está logrando. Comenzó el curso con el reto de superar los 25 puntos del año pasado, su récord histórico, y a falta de seis partidos para acabar la Liga ya alcanzan la treintena.
Para entender lo que se esconde tras el éxito del Cangas hay que echar la vista atrás. Hace unos años, cuando los millones aun corrían libremente por Asobal, en O Morrazo se adelantaron a los tiempos y comenzaron a pensar en clave de cantera. Apostaron por formar a sus chicos, darles oportunidades y minimizar la presencia de extranjeros. Ahora, cuando la mayoría de clubes se ven abocados a contar hasta el último euro y a recurrir a su base, los de O Morrazo les aventajan medio cuerpo.
El portero Mile Mijuskovic y Alen Muratovic, que ya es medio cangués por familia y convicción, son los únicos extranjeros de una plantilla joven, pero sobradamente preparada. Suso Soliño, con veinticinco años de balonmano en sus piernas o Fernando Eijo, ponen la veteranía, y los David García o Adrián Rosales, son el presente y el futuro de un vestuario que es una familia. En el Cangas no hay estrellas. La mayoría de la plantilla compagina el balonmano de élite con los estudios o con otros trabajos, y a ninguno de ellos se le caen los anillos cuando toca meterse entre pecho y espalda unos cientos de kilómetros en furgoneta para acudir a un partido.
Todo nace del trabajo
Los ingredientes que el Cangas mezcla en su marmita no son novedosos, pero sí efectivos. El trabajo, la ilusión y contar con una plantilla que lleva años jugando junta cimientan su éxito. «O que ten este equipo é moito traballo e moita capacidade de asimilación por parte dos xogadores, ademais dunha estabilidade institucional e unha gran afición», enumeraba Pillo hace unos días.
Precisamente es Pillo la pieza clave en el rompecabezas del éxito del Cangas. Sus conocimientos y su capacidad para dirigir el vestuario, imprimir exigencia y a la vez generar ilusión, son clave. «Este é un equipo con moita ilusión por facer cousas e o principal artífice, que é o adestrador, tenos a todos moi unidos. En cada partido fai que den o máximo», subraya Camiña, el presidente del Cangas.
Al Frigoríficos nadie le ha regalado nada. Cada punto se lo ha ganado a base de dejarse hasta la última gota de sudor sobre la pista. Sufriendo para remontar, pera empatar partidos en el último minuto o para ganarlos con un gol de penalti con el tiempo cumplido. Sabe sufrir y sabe ilusionar. Y cuando las cosas van mal dadas, las cerca de 1.500 gargantas que mete en O Gatañal cada quince días, entran en acción. Ahora, sus fieles, solo esperan seguir arropando a los suyos la próxima temporada por las pistas de Europa.