Sin pólvora para Rande

La Voz

BAIONA

Ilustración de la batalla naval de 1702.
Ilustración de la batalla naval de 1702.

Un informe revela las penosas defensas de Vigo ante la batalla de 1702 con los cañones averiados y los mosquetes oxidados

12 oct 2015 . Actualizado a las 22:45 h.

E l próximo 23 de octubre se cumplirán 213 años de la batalla de Rande. Para celebrarlo, el museo Meirande de Redondela organiza un evento el sábado 17, con una fiesta desde las 10 de la mañana que incluye una representación de los hechos y una comida popular. Los responsables han buscado asesoramiento en la Asociación Veciñal Casco Vello de Vigo, ya toda una institución en asuntos de recreación histórica. Y ya hay ensayos en las aulas de teatro creadas al efecto para la dramatización.

Así que la ?Battle of Vigo Bay? va camino de tener su conmemoración popular, frente al mismo estrecho donde los galeones de la plata se hundieron en llamas en 1702.

Se echa de menos que Vigo nunca hiciese un aprovechamiento de este capítulo de su historia, a excepción del monumento con las anclas en O Castro. Este olvido se ve que pasará de alcaldía en alcaldía hasta el juicio final. Pero, de alguna forma, rinde homenaje a la propia chapuza que derivó en el desastre de los galeones en el albor del siglo XVIII.

Estos días leía un documento que recoge Xosé María Álvarez Blázquez sobre la situación de las defensas de Vigo solo un año antes de la batalla. Lo firma el capitán Antonio Miguel de Castro y Camba, quien redacta un informe al Capitán General de Galicia, con fecha 11 de septiembre de 1701. Y pinta un panorama impresentable.

«Tengo que recordar a vuecencia que la artillería de las plazas de Vigo, Baiona, Guarda y las demás del río Miño están la mayor parte sin fogones e incapaz de manejarse y de poco servirá prevenirlas de cureñas si no están cabales los cañones...», escribe De Castro, que continúa: «También hago memoria a vuecencia de que la plaza de Vigo ni tiene pólvora ni la de Baiona y, mientras no llega la que se aguarda, sería conveniente que de la que hay en Tui se baje alguna a Vigo, que aún no siendo del todo buena, por refinarse en el año 1680, puede trabajarse con ella en un accidente; y que respecto de que en Monterrei hay una partida de pólvora buena y en aquella plaza no se precisa en el presente, siendo vuecencia servido, podrá bajarse a las plazas marítimas donde se puede desconfiar de que esa pólvora se usará en breve».

Los cañones no funcionan y tampoco hay pólvora para usarlos. Por eso el capitán De Castro propone transportarla a Vigo, de una forma económica: «Si se da orden en A Gudiña, a seis leguas de Monterrei, para que las recuas que vienen de Castilla y Puebla de Sanabria de vacío para cargar pescado a Pontevedra, Vigo y demás puertos que bajen por Monterrei y lleven cada caballería dos barriles o las caballerías de A Limia que bajan por sal a Pontevedra y otros puntos, y si fuese cantidad de cargas podría un comisario acompañarla...»

Por no haber, no hay tampoco artilleros que puedan usar las baterías. «Tengo representado a vuencencia la falta de artilleros en todas las plazas», anota el capitán De Castro, quien propone que se movilice a los marineros de Vigo, previo pago, por supuesto, «dándoles alguna cosa para ayudar a pasar, aunque no sea más que el real cada día mientras cesan los recelos presentes y a Su Majestad se sirve de tomar resolución del numero de artilleros que tiene que haber para el manejo de la artillería porque sin estos está ociosa».

Concluye el afanoso capitán dando un último dato descorazonador. Y tampoco existen armas individuales disponibles: «En los almacenes de Tui, Baiona y Pontevedra hay gran cantidad de mosquetes y arcabuces perdidos por los orines que tienen las cajas podridas con las que precisan reparo y que no se acaben de arruinar...»

Todo esto sucede con la Guerra de Sucesión española ya declarada. Con Inglaterra amenazando las costas de Galicia. Y con Portugal dudando entre permanecer neutral o cumplir con el Tratado de Windsor, fechado en 1386, por el que el país vecino e Inglaterra se comprometen a defenderse mutuamente en caso de agresión. Se trata del tratado de defensa entre países en activo más antiguo de todo el mundo, ya que sigue vigente. Y, en aquel caso, se cumplió. Portugal entró en la guerra contra España y los peores augurios del capitán De Castro se acabaron por hacer realidad.

eduardorolland@hotmail.com