Un busto de la época franquista, originales de Laxeiro y Quesada, vinilos o teléfonos de época buscan dueño en el mercadillo
09 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Si alguien piensa que lo antiguo ha pasado de moda es porque no ha visitado el mercadillo de antigüedades que organizan hace más de diez veranos Valentín Bernárdez y José Antonio Jiménez. Cada año reúnen a propietarios de toda Galicia para recorrer la costa gallega. Ayer estuvieron en Baiona.
Durante todo el día, los baioneses y los visitantes pudieron contemplar las innumerables reliquias que se conservan, unas en mejor estado que otras, pero de gran valor por su antigüedad.
El objetivo del mercado es acercar estos productos a las zonas de interés turístico y así reforzar su venta, que en período estival sufre un fuerte descenso. Aunque para hacerse con alguno de los artículos expuestos es necesario llevar al menos diez euros en el bolsillo. Y de ahí para arriba, por menos poco se puede hacer. Los precios varían en función del objeto y su antigüedad, que encarece notablemente el coste del objeto como ocurre con otros productos, por ejemplo, una botella de whisky.
Coleccionistas
El carácter comercial no es el único que hay que resaltar de la feria sino que también hay que hacer hincapié en el cultural y pedagógico. Al tiempo que se recorren los puestos y se ojean los diferentes artículos se aprovecha para revivir la historia y formar a los chiquillos. Padres y abuelos explican a los más pequeños de la casa el uso y funcionamiento de los diferentes artilugios.
La feria sirve también a los coleccionistas profesionales que encuentran en ella los artículos más insospechados, desde botellas de gaseosa, navajas, monedas y billetes.
Parecen ya muy lejanos los tiempos en los que las niñas jugaban con muñecas de cartón piedra, sin embargo no hace tanto que pasó esa época. Ni es tan lejana la existencia de las máquinas de escribir, aunque muchos no las recuerdan ya.
El objeto estrella del mercadillo es un busto propiedad de la familia Mendoza que trae de cabeza a los visitantes por su parecido con Franco. Aunque los vendedores no pueden confirmar que así sea. El tema es que todo el que pasa por allí cae en la tentación de encontrarle un parecido. «También nos han dicho que podría ser Camilo Alonso Vega, un ministro de la dictadura franquista o Casares Quiroga», comenta Israel Mendoza. También destacaron las obras de Quesada y Laxeiro.