Belén Alba, de la pista al banquillo, pasando por el silbato

M. V. F. VIGO

VIGO

Belén Alba Hernáiz ejerce de entrenadora de baloncesto en el club de Nigrán desde este curso.
Belén Alba Hernáiz ejerce de entrenadora de baloncesto en el club de Nigrán desde este curso. XOÁN CARLOS GIL

La actual técnica del CB Nigrán ha cultivado todas las facetas del baloncesto desde los seis años

09 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Belén Alba Hernáiz (Nigrán, 1995) fue de esas niñas que no tienen reparo en probar varios deportes, pero tras «ir dando tumbos», a los seis años empezó en el baloncesto. «Fue a través de una charla en el colegio en el que era en ese momento el club de Nigrán y estuve hasta los 17 años», recuerda. Ahí se fue a Vigo y estuvo en el Seis do Nadal, hasta que una lesión de rodilla le obligó a parar a los 19. «Estuve dos años de delegada del equipo. Luego, me fui a Ourense a estudiar y estuve un tiempo desvinculada», desgrana.

Pero en ese tiempo lejos del baloncesto, lo extrañaba y buscó la forma de volver. «En el 2020, trabajaba en un centro de día de personas mayores y, por horarios, era complicado entrenar. Vi en redes sociales un curso de árbitros de la Federación y me anoté», recuerda. Comenzó esa nueva faceta que no dejó hasta este año, cuando ha vuelto a los orígenes en el Club Baloncesto Nigrán tras haber entrenado la temporada pasada en el Colegio Apóstol.

Cuando había ejercido de delegada, era ya una especie de segunda, pero no fue hasta hace algo más de un año cuando se lanzó como técnica. «Siempre me gustó esa faceta, pero era incompatible el trabajo con los entrenamientos por las tardes, por eso tiré por el arbitraje», desgana. Un cambio de puesto de trabajo que le otorgaba mayor disponibilidad le abrió las puertas de los banquillos. «Contactó conmigo el Apóstol, me dijeron que podía ir formándome mientras entrenaba y me animé. Luego, cuando ya había hecho el curso y tenía el título, me llamó Nuria (Gómez) y como soy de Nigrán, me vine para aquí con el equipo premini», cuenta.

Alba es docente de inserción laboral y siempre ha tenido vocación de formar, por lo que está encantada de unir esto a su pasión por el baloncesto. «Es muy necesario meterles a los niños el gusto por el deporte desde pequeñitos e inculcarles valores como el trabajo en equipo, al deportividad, que aprendan a jugar entre ellos», indica sobre su labor. Y la experiencia está siendo «totalmente positiva, tanto por el apoyo de los compañeros como por el vínculo que se genera con los niños y niñas y con las familias».

En ese sentido, la comunicación es importante y reconfortante cuando se constatan los avances de los pequeños. «Hay casos de niños que nunca habían tocado un balón o les costaba prestar atención y vienen los padres y te dicen que su hijo presta atención, bota, es capaz e n hacer dobles o pasos... También es bonito ver cómo niños de colegios y realidades distintas hacen una piña y llegan a generar un gran ambiente ya desde pequeñitos», ahonda.

Ahora ha aparcado la faceta de árbitra, pero también la disfrutó y se llevó muchas cosas buenas de ella. «Como jugadora, tengo que decir que odiaba a los árbitros», confiesa. Tras haber pasado por ahí, su perspectiva es otra y lo agradece. «Me hace ver todo de otra manera: los entrenamientos, los valores, las relaciones...», detalla. Asegura que cuando jugaba, no se veía de árbitra. «Me veía antes de oficial de mesa o de cualquier otra cosa, pero ha sido una experiencia muy buena», recalca. Habla también de «un puesto de mucha tensión y responsabilidad».

Como entrenadora y exjugadora, tiene presente que «estás arbitrando a niños que han pasado un tiempo preparando algo mucho tiempo y no quieres fallar». Le recomienda a todo el mundo probarse en este rol para «que sepan lo que es estar en esa posición» y así se lo transmite a sus jugadores. «Te da otras herramientas para ver el deporte de otra manera y ser consciente de que nos equivocamos todos», plantea. Ahora que no sigue ejerciendo, tiene sensaciones encontradas: «Por una parte, lo echo de menos; por otra, me he quitado un peso de encima, porque es mucho más cómodo ir con mi equipo el fin de semana, disfrutar ese partido y ya está», reconoce. Además, su pareja sigue siendo árbitro y se conocieron a través de esa faceta compartida.

Asegura que no puede elegir entre los diferentes ángulos desde los que ha vivido el baloncesto. «Son visiones diferentes y todas aportan, no podría elegir», cuenta. Recuerda «disfrutar muchísimo» como jugadoras y también como árbitro, «aun pasándolo mal en muchas ocasiones». Como entrenadora, se queda con «ver la evolución de los niños, que les gusta este deporte, cómo aprenden que si fallan no pasa nada, que también tienen que defender...», profundiza.

Del baloncesto la atrapó que fuera en equipo y el «ambiente sano» que se respira, así como las personas con que se cruzó: entrenadores y compañeras. Trabaja desde la plena conciencia de que «hay que hacer hincapié en la formación, que empieza en las gradas» y en el CB Nigrán está especialmente satisfecha con la sensibilidad que hay con estos temas. «Se inculca a las familias la importancia de que solo animen y apoyen a sus hijos. El resto lo gestionamos entrenadores y árbitros», sabiendo, añade, que todo el mundo tiene derecho a equivocarse y que todo se puede solucionar con diálogo. Una máxima aplicable dentro y fuera del deporte.