«A maior preocupación é saber cando vai haber un corredor seguro», explican Laura Villaverde y Roi Fernández
09 mar 2026 . Actualizado a las 22:58 h.En Doha, capital de Catar, una familia de Tui pasa estos días pendiente de las alertas en el móvil y del sonido de las sirenas. Su vivienda se encuentra en el distrito de West Bay, a unos treinta kilómetros al suroeste de Al Udeid Air Base, la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio. Esperan su salvoconducto. La llamada de la embajada española que confirme que existe un corredor seguro y que pueden salir del país.
Hace justo una semana, el sábado pasado, Laura Villaverde, Roi Fernández y su hijo de dos años disfrutaban de un día tranquilo en una playa de Doha cuando todos los teléfonos comenzaron a sonar al mismo tiempo. «Saltaron as alertas nos móbiles en toda a praia dicindo que nos puxésemos a cuberto», recuerda Laura.
El aviso advertía de los ataques y pedía a la población que buscara refugio. Mientras muchos turistas recogían sus cosas y abandonaban la playa con nerviosismo, ellos reaccionaron con calma. No era la primera vez que vivían algo parecido y sabían cómo actuar, así que regresaron directamente a su vivienda. Ese mismo sábado, los misiles lanzados desde Irán hacia Doha causaron al menos 16 heridos entre la población catarí.
Desde aquel día la familia apenas ha salido. Solo el miércoles se acercaron a un supermercado cercano para hacer una compra rápida. El resto del tiempo lo pasan pendientes del teléfono y de las sirenas. La última alarma llegó en la madrugada de ayer. Cada aviso obliga a repetir el mismo gesto. «Dixéronnos que buscásemos un lugar da casa sen fiestras para estar máis seguros», explica Laura. Cuando llega la alerta, la familia se reúne en la zona más interior del apartamento y espera a que pase. Para el más pequeño de la casa, Xalo, la situación se vive de otra manera. «Con el facemos unha especie de dramaturxia», cuenta Laura. Cuando se escuchan los estallidos en el cielo le explica que son fuegos artificiales y que no pueden salir fuera. «Dígolle que non podemos saír porque poden caer canabeiras».
La familia reside en Doha desde hace un año. Laura había pasado una temporada en Galicia y regresó el pasado 7 de febrero con su hijo para reunirse de nuevo con su marido, profesor en la universidad de la capital catarí. «Mantemos a normalidade, facendo máis vida en familia. Roi segue a dar clase teletraballando e eu intento facer algún traballo con algún grupo de Galicia».
El año pasado vivieron el primer episodio que les hizo tomar conciencia de la situación. «O primeiro ataque foi o maior golpe de realidade», recuerda. Era la noche de San Juan, estaban en un parque y, de repente, comenzaron a funcionar los sistemas antimisiles. «Primeiro ves unha luz grande e despois chega o golpe de son cando os antimísiles interceptan o mísil no ceo».
Están en contacto directo con la embajada española. «Chamáronnos enseguida. Deronnos tranquilidade e dixéronnos que no momento no que houbese un corredor seguro nos sacarían de aquí», explica.
La familia es consciente de que la escalada militar puede prolongarse. Roi Fernández explica que algunas embajadas han recomendado a sus ciudadanos abandonar Catar por carretera, atravesando Arabia Saudí hasta Riad para volar desde allí. La embajada española, sin embargo, les ha pedido esperar. Según les trasladaron, si decidieran salir por su cuenta no podrían garantizarles cobertura diplomática ni protección durante el trayecto.
Roi reconoce que la tensión está presente, aunque intentan mantener la calma. «A tensión diaria dos foguetes está aí, pero a nosa maior preocupación é saber cando vai haber un corredor seguro. Isto parece que vai para longo e non queremos quedar atrapados se se pechan as fronteiras».
Mientras tanto, la familia sigue pendiente de cada alerta desde su vivienda en West Bay, en contacto con la embajada española y con su familia en Galicia, a la espera de nuevas indicaciones.