La velocista de Baiona, operada dos veces del hueso de un pie, rompió casi tres años en blanco en Estados Unidos con una excelente marca en 60 metros
27 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Ainhoa Repáraz se marchó a Estados Unidos dos años y medio atrás en busca de un impulso en su carrera, pero hasta el pasado sábado, no pudo enfundarse la camiseta de su universidad para correr. ¿El motivo? Que desde que cambió Baiona por Ohio (su primer destino), una lesión de astrágalo en el pie la puso contra las cuerdas. La velocista necesitó de dos intervenciones y hace un año, en enero del 2025, no podía apoyar el pie y necesitaba de una silla de ruedas para desplazarse, pero la segunda intervención, su dedicación y un verano en las playas del Atlántico le facilitaron una puesta a punto que confirmó el pasado fin de semana en la pista cubierta de su nueva universidad, Kent State, en una prueba de 60 metros. Ainhoa corrió en 7.57 segundos y se quedó a una centésima del récord gallego de Ana Peleteiro.
Los obstáculos para Repáraz comenzaron con problemas hormonales, que derivaron más tarde en una torcedura de pie a la que le restaron importancia. Fue entonces cuando se marchó a Estados Unidos, donde el excesivo entrenamiento en Ohio terminó por «reventarla». En ese trance decidió someterse a la primera operación, que en teoría había sido un éxito, pero que en absoluto le quitó el dolor, que terminó por convertirse en una fractura. Además, las lesiones provocaron que no pudiese continuar en Ohio y tuviese que cambiar de centro universitario, aunque en el mismo estado.
Todo desembocó en una segunda intervención, que también se realizó en Estados Unidos, pero contando con el asesoramiento de Juan Manuel Alonso, un médico que estuvo en la Federación Española de Atletismo y en la IAAF y que en la actualidad trabaja en Catar para la academia Aspire. Alonso recibió toda la información de la lesión de Ainhoa y recomendó el proceso a seguir.
La intervención le permitió ver la luz a la velocista, cuyas complicaciones provocaron que hace un año no pudiera apoyar el pie y necesitase de una silla de ruedas motorizada para moverse. Por precaución, no comenzó a hacer trabajo físico hasta el pasado mes de mayo. Sus primeros pasos fueron en la cinta antigravedad, moviendo las piernas, pero sin apenas apoyo. Antes del verano, cuando finalizaron las clases, volvió a casa todavía con dolor pero intensificó el trabajo en la playa. En Galicia, y con Óscar Fernández, su entrenador de toda la vida a este lado del Atlántico, hizo un par de test «para que perdese o medo á competición e para ver como ía o corpo, se tiña molestias», dice el técnico, que también estaba preocupado por la técnica, ya que cada operación significa un cambio biomecánico.
Aquella fue la primera toma de contacto y el inicio de la cuenta atrás para la prueba del pasado fin de semana en la pista cubierta de su universidad, Kent State. «As sensacións que tivo foron moi boas, sentiuse ben», comenta Óscar Fernández, que ya sabía de su excelente momento por los datos físicos que manejaba su universidad según los test internos realizados. «Descomunais», señala el entrenador vigués. En la carrera, como era de esperar por envergadura, le costó arrancar, pero luego fue remontando para acabar con un excelente registro: 7.57. Tras la carrera, Ainhoa, siempre de hielo, confesó que nunca había estado tan nerviosa en la línea de salida.
Tras este buen inicio, el próximo fin de semana repetirá otro 60 metros, distancia donde sufre por su estatura (mide 1,80) y en dos tiene previsto probarse en el 200. Lo próximo será la final de Conferencia para la que está clasificada. Luego, llegará la temporada al aire libre en Estados Unidos.