De vuelta tras la aventura americana

MÍRIAM V. F. VIGO / LA VOZ

VIGO

Martín Lago, actual futbolista del Gran Peña, en Barreiro, donde juega como local su equipo.
Martín Lago, actual futbolista del Gran Peña, en Barreiro, donde juega como local su equipo. M.MORALEJO

Martín Lago juega en el Gran Peña tras cuatro años en Estados Unidos

31 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Martín Lago (2002) fue una de las caras nuevas del Gran Peña del pasado verano. Responde al perfil de futbolista gallego joven por el que apostó el equipo de Martín Blanco, pero su periplo anterior fue diferente a lo habitual. Regresó hace unos meses a su Vigo natal tras cuatro años estudiando y jugando en Estados Unidos, donde pasó por dos universidades diferentes y sumó vivencias que hacen que recomiende esta experiencia a cualquiera que tenga oportunidad de disfrutarla.

Cruzar el charco una vez acabado el Bachillerato «no era un sueño como tal» que el defensa tuviera de antes. Pero se le abrió esa puerta y tampoco le hizo ascos. «Quería hacer INEF y ese año las notas de corte fueron altísimas. No es que yo fuera un desastre en los estudios, pero tampoco un genio, y se me presentó esa posibilidad», relata. Fue a través de un conocido de la familia, que les puso en contacto con una primera agencia, aunque no fue con la que se acabó yendo. «Nos introdujo en el tema. Ahí ya me gustó la idea y al final nos contactó otra que nos atrajo más y se dio», sintetiza.

Lago sabía que le esperaba «un cambio grande», pero sintió que le apetecía, pensó «por qué no» y se lanzó. Para él, era básico poder seguir jugando. «Mi madre me dijo que con el fútbol hiciera lo que quisiera, pero que si me iba fuera, tenía que ser para estudiar. Desde pequeño, me dejaron claro en casa que eso era lo primero», expone. Y se le presentaba un entorno ideal para compatibilizar ambas cosas. «Allí lo plantean perfecto. Es un modelo top para compaginar estudios y deportes», alaba.

La aventura comenzó con dos noches en Madrid en plena Filomena sin saber cuándo iba a poder volar. No sería la única piedra en el camino, pero no hubo ninguna que no pudiera ir sorteando. «El idioma me costó al principio. Una vez allí, mejoras a la fuerza, pero mi nivel de inicio no era el ideal», admite. En el primer equipo en el que estuvo había más gente de habla hispana, lo que también le facilitó los inicios. «Por lo demás, la principal diferencia estaba en la vida en general. En mi primera universidad, Davis and Elkins, vivía allí y casi no salíamos. Era muy diferente a Vigo, donde quedabas a tomar algo casi todos los días y hacías cosas en la ciudad. Allí, estabas casi encerrado, pero lo pasé muy bien con la gente, no me quejo», aclara. Luego, cambió a la University of Ohama.

A nivel deportivo, se encontró «un fútbol mucho más físico», un factor al que pudo comprobar que allí se da mucha importancia. «Lo técnico igual no se trabaja tanto. También es más directo. Y luego, no juegas con gente de otras edades. Hay alguna excepción, pero la mayoría van de los 18 a los 25 años, el máximo al que suelen acabar la carrera», desgrana. A su vuelta a España, le toca enfrentarse con «gente mucho mayor» a lo que venía estando acostumbrado.

Feliz en el Gran Peña

Él también fue de los que están hasta acabar la carrera. Se marchó con la idea de ver cómo iba la cosa, con la vía del regreso abierta por si se daba cuenta de que aquello no era lo que realmente quería, pero le gustó desde el principio y el cambio de universidad fue para mejor. Incluso probó con un equipo ya acabada la carrera, pero no fue viable seguir en Estados Unidos. «Empecé a entrenar, pero hay un límite de jugadores extranjeros y al final, no se dio. Quedarme solo trabajando no me apetecía, no quería dejar de jugar», recalca. Así que regresó a casa y encontró hueco en el Gran Peña gracias a Fran López. «Es amigo mío de toda la vida, está jugando allí y me puso en contacto con Martín (Blanco, su entrenador actual). Él me dio la oportunidad de hacer la pretemporada y me fichó», recuerda.

De nuevo, le esperaba a Lago un cambio importante. «A pesar de que en estos cuatro años no paré de jugar al fútbol en ningún momento, noté mucho la diferencia en cuanto al ritmo de entrenamiento y a mover el balón rápido. No es que me costara adaptarme, pero sí que lo noté», indica. No obstante, ahora está encantado con el destino elegido en su vuelta. «No me cierro a nada en el futuro, pero en casa se está muy bien. El vestuario es increíble, nos ayudamos todos muchísimo», valora. Tener a Fran al lado le da un plus y también menciona lo mucho que aprende y que le ayudan veteranos como Antón de Vicente o Cellerino.

Dos años en el Cetla compartiendo vestuario con jugadores que hoy son profesionales

Lago, canterano del Val Miñor, también estuvo dos años en la base del Celta siendo cadete, y allí coincidió con varios nombres propios que han llegado al fútbol profesional, como Gabri Veiga, de su misma generación y con el que compartió aquellas dos temporadas al completo, o los del 2003. «Jugué con Dami(án rodríguez), Miguel (Rodríguez), los Hugos (Álvarez y Sotelo)… También con Gael (Alonso) y Mario Cantero, que ahora están en Segunda», recuerda sobre los hoy futbolistas de Andorra y Burgos, respectivamente.

Para Martín Lago es un orgullo poder decir que jugó con todos ellos, subraya, además de saber de primera mano que el haber llegado hasta donde están ahora no les ha cambiado. «Nos encontramos y siguen siendo los mismos de siempre. Ahí se ve que son gente de diez y me alegro muchísimo de que les vaya bien», subraya el excéltico.

Si la de Estados Unidos fue una gran experiencia para él, el paso por el Celta, a otro nivel y con otra edad, también le hace sentir un privilegiado. «Era un grupo muy bueno y lo pasé muy bien. El segundo año, no jugué mucho, y por eso decidimos mi vuelta al Val Miñor, pero allí, juegues o no, estás en cada entrenamiento con los mejores de Galicia, o prácticamente los mejores, y evolucionas muchísimo», constata. Allí, no llegó a coincidir con Claudio, pero sí con Álex Otero, actual máximo responsable de la cantera, mientras que el primer año había sido Manu Gómez el que lo había tenido a sus órdenes.

Él, por su parte, sigue compaginando fútbol y estudios en su vuelta a Vigo. Tiene que convalidar el título obtenido en Estados Unidos y comenzó un máster. «Sigo mezclando estudios y entrenamientos», comenta. Pero ahora, mucho más cerca de casa.