El Concello y Provivienda ofrecen una alternativa tras el cierre del hostal
05 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La pensión Nuestra Señora del Carmen, la más antigua de Vigo y durante medio siglo refugio para personas de muy bajos ingresos, encara sus últimos días. El cierre, previsto para el 31 de este mes, amenazaba con dejar en la calle a sus 21 residentes, todos ellos hombres mayores, algunos enfermos y con rentas mínimas. Sin embargo, el Concello ha impulsado una solución que permitirá que todos dispongan de una alternativa habitacional antes de que se bajen definitivamente las persianas. «Confiamos en encontrar una solución para todas las personas y adaptada a cada perfil», señalan fuentes municipales, que no omiten una crítica a la Xunta porque «una vez más no asume su responsabilidad ni su obligación porque estamos ante un problema estructural de acceso a la vivienda para personas con pocos recursos».
Durante semanas, los inquilinos vivieron en una mezcla de nerviosismo y resignación. Algunos llevaban décadas en esas habitaciones sin recepción ni estancias cortas, un modelo singular donde cada usuario tenía su llave y funcionaba, más que como una pensión, como un edificio de convivencia. Varios habían sido derivados allí por los servicios sociales, ante la falta de recursos para costear otro tipo de alojamiento.
La administración local, en colaboración con la organización Provivienda, ha articulado un plan de realojo basado en pisos compartidos. Es la fórmula que permite ajustar los alquileres a ingresos tan reducidos como el ingreso mínimo vital o pensiones no contributivas.
Provivienda actuará como avalista en los contratos, un paso decisivo para que los propietarios acepten a inquilinos que, de otra forma, quedarían automáticamente descartados del mercado inmobiliario.
Los traslados se producirán de forma escalonada. Si todo avanza según lo previsto, muchos de ellos dejarán la pensión antes de mediados de mes para instalarse en sus nuevos hogares. El proceso ha incluido acompañamiento administrativo, visitas a los pisos disponibles y apoyo para resolver dudas relacionadas con la convivencia en espacios pequeños.
Eusebio García Lorenzo, de 71 años, es uno de los que ya tiene destino. Jubilado desde hace una década, lleva cinco años viviendo en la pensión después de que el piso que alquilaba fuese recuperado por su propietario.
«Dentro de lo que cabe está bien. Si no, el día 31 nos tendríamos que ir a la calle», cuenta con alivio. Vivirá con otros dos compañeros en un piso de Teis. «Hay que ver cómo es la convivencia, porque es un sitio más pequeño», admite, aunque valora la oportunidad de no quedarse sin techo una vez que cierren las instalaciones de Freixeiro.
Vecinos
La asociación de vecinos de Freixeiro, muy implicada desde que trascendió el cierre, también ha ofrecido ayuda material para las mudanzas: colchones, mantas o lo que sea necesario para que los recién llegados puedan instalarse con dignidad. Su presidente, Óscar Álvarez, admite que la preocupación era enorme: «Poco a poco se va resolviendo el gran problema que había y el Ayuntamiento está cumpliendo», afirma.
El cierre de la pensión del Carmen supone el final de una larga etapa en este inmueble que desde hace medio siglo ha ofrecido una alternativa habitacional a personas con bajos recursos.
Para sus residentes el cierre de lo que ha sido su hogar ya no supone un salto al vacío. Desde hace unos días saben que el 31 no les esperará la calle, sino una puerta que podrán abrir con su propia llave.
El inmueble salió al mercado por 540.000 euros antes de retirarse los anuncios
La familia propietaria de la pensión Nuestra Señora del Carmen ya había avanzado a finales del verano su intención de cerrar el establecimiento y poner a la venta el inmueble. Poco después comenzaron a aparecer en distintos portales inmobiliarios varios anuncios dirigidos a posibles inversores, en los que se presentaba el edificio como una pieza atractiva por su localización y capacidad de transformación. Esas ofertas ya no están disponibles porque han sido desactivadas.
En los anuncios, el inmueble se describía como un «edificio hotelero» situado en un punto estratégico del centro urbano. Se destacaba su combinación de ubicación, capacidad y posibilidades de crecimiento, una fórmula pensada para captar la atención de promotores interesados en proyectos de alojamiento, bienestar o actividad profesional. El precio de salida era de 540.000 euros.
Los textos promocionales subrayaban que se trataba de «una inversión inteligente» y sugerían usos alternativos, como convertir el edificio en un pequeño spa o en un espacio de coworking, aprovechando su distribución interior y su proximidad a zonas de servicios y transporte.
También se mencionaba que el inmueble disponía de tres plantas y un volumen que permitía imaginar ampliaciones o redistribuciones según las necesidades del comprador.
Mientras los inquilinos se trasladan a sus nuevas viviendas, el histórico edificio inicia así la transición hacia su próxima etapa, aún por definir pero inevitablemente distinta a la que marcó su medio siglo de historia como pensión que ha servido de techo y hogar para muchas personas de bajos recursos.