Mercedes Calvo empezó en el gremio en un puesto frente al cementerio de Teis y hoy es una profesional formada con grandes maestros que instruye a alumnos, atiende su negocio y adora las bodas y la Navidad
24 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Las flores llegaron a la vida de Mercedes Calvo de casualidad. Fue su madre la primera que formó parte del gremio cuando una vecina que tenía un puesto en el cementerio de Teis, frente al que vivían, enfermó y le ofreció la posibilidad de quedárselo. Aceptó el empleo y asumió su gestión junto a su marido como apoyo emocional, pero pocos años después, el padre de Mercedes fallece y ella se ocupa del puesto. Desde entonces, la viguesa no ha parado de estudiar, formarse e investigar un mundo que le apasiona.
Una mezcla de fragancias y una explosión de colores es lo que le espera cada mañana cuando abre su tienda. Eso, y un montón de horas de trabajo sobre un material efímero y delicado, pero que requiere mucha destreza y fuerza, ya que los adornos florales crecen hasta convertirse en piezas de mucho peso. «Las manos acaban reventadas, empiezas a notar después de los años, que los dedos duelen o a veces no tienes fuerza», confiesa.
Mercedes, o Merchy, que es como todo el mundo la conoce y como se llama su tienda, dice que además de aprender a pie de puesto ambulante, siempre tuvo claro que aquello no era suficiente. «En un oficio, para mejorar, tienes que formarte, yo a partir de ahí empecé a ir a cursos, trabajando a la vez», recuerda. Al cabo de los años le ofrecieron el traspaso de una tienda y hoy día allí sigue, 30 años después, aunque no de la misma manera. «El primer local, que era también otra floristería, era muy pequeño, estuvimos dos o tres años, luego lo ampliamos y hace unos 15 hicimos una reforma total de la tienda al coger el local contiguo, que era del mismo dueño», cuenta. Ahora, además de atender a su clientela, se dedica también a la formación de floristas a través de los programas AFD, que ofrecen certificados de profesionalidad a nivel europeo en diferentes academias. Esa faceta también le apasiona porque valora todo lo que aprendió al lado de grandes profesionales del sector, entre los que menciona a Gregor Lerch, Peter Hess, Úrsula Wegener o Per Benjamin, artistas de la Escuela Catalana, y de la Española como Fátima del Río, Rosa Valls y muchos otros maestros. «Forma parte de mi propia formación continua, cuanto más diversifiques, más aprendes. Hay que absorber de todos», explica.
Cerca de ella están siempre sus perros yorkshire, que la acompañan y respetan el trono en el escaparate de Waby, la pequeña que tenía nombre de flor y falleció en mayo. La viguesa opina que en el gremio hay tendencia a ver el negocio más con el corazón que con estrategia de empresa. «El cliente hoy en día sabe perfectamente lo que pide y hay que tener mucho, estar al tanto de las tendencias y prestar atención a la imagen de tu tienda y de tu marca, es decir, saber moverse», señala. Merchy en eso no tiene problema: «Tengo la suerte de ser una florista versátil, se me da bien cualquier tipo de trabajo. A la hora de ponerme me da igual hacer un ramo de mano que una boda, aunque tengo que reconocer que las bodas me encantan», afirma, a pesar de lo que conllevan, que no es solo preparar el encargo, es llevarlo, estar allí para la colocación y que esté perfecto. Es hacer horas y horas y quedarse sin fines de semana para descansar, cosa que a ella, asegura, le da igual. «Yo con tener un día por la tarde para ir a la playa me llega, viajé mucho y en ese sentido no tengo aspiraciones», asegura.
Además, entrega el ramo de novia siempre personalmente. «No dejo que nadie lo haga por mi, estamos durante la ceremonia y recogemos después. Estoy hasta el último momento». Su devoción floral no acaba en las nupcias: «La Navidad me apasiona, estoy en un sector en el que me gusta todo: la decoración, hacer escaparates, innovar...», afirma esta profesional enamorada de su trabajo. Sin embargo, lamenta que por ejemplo, en el caso de la decoración navideña, haya tan poco interés por el adorno natural, por el verde que simboliza la vegetación de la época, sustituido por objetos plásticos y sobrecarga de lucerío. «Es que hay árboles de verdad, hay coronas de Adviento, hay centros, flores y plantas. En el resto de Europa, es meter el verde dentro de casa porque en el norte no hay casi en esas fechas», explica. También lamenta que haya tan poca costumbre de comprar flores frescas cada día, como ocurre en ciudades como París, pero es consciente de que no es factible porque el precio de la flor es muy elevado en España para un sueldo tipo.
Año de inicio: Desde 1995
Dirección: Número 101 de la avenida de García Barbón, en Vigo