La coordinadora precoz del Guardés

VIGO

M.MORALEJO

La tudense Lucía Cruces comenzó a jugar y entrenar en el club de su localidad natal, desde donde llegó a A Sangriña

20 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La nueva coordinadora del Guardés, Lucía Cruces (Tui, 2002), que ha estrenado responsabilidad esta temporada, tiene solo 23 años, pero es todo lo veterana que se puede ser a su edad en este deporte. Empezó a practicarlo de niña, en el Tui de su localidad natal, y pronto comenzó a hacer sus pinitos como entrenadora, faceta que sigue cultivando mientras lleva las riendas de una estructura compleja como la de la entidad de A Sangriña.

Cuenta la joven que su madre y sus tías ya habían jugado al balonmano, con lo que lo suyo fue seguir una tradición familiar. Con todo, no cerró las puertas de entrada a otras disciplinas y antes hizo natación y atletismo, pero pronto puso el foco en el que iba a ser el deporte que realmente la iba a marcar. Era infantil de primer año, en el 2014, cuando comenzó en su deporte, con el que sintió amor a primera vista: «Fui a probar, me gustó y me quedé. La intensidad y la adrenalina no tenían que ver con los que había practicado antes, que son más monótonos», resume.

Con motivo de asumir la coordinación, ha dejado de jugar, pero es una puerta que tiene abierta para retomarlo en el futuro. «Tuve que parar porque no me daba. Fue una decisión complicada, pero también necesitaba un parón y el nuevo cargo me ayudó a dar el paso. No es algo definitivo», aclara, dejando clara la intención de retomarlo más adelante. Otra condición que se ponía a sí misma era «haber probado todas las modalidades» antes de esta pausa, por eso el pasado verano se adentró en balonmano playa. «Dije: ‘Lo pruebo, lo dejo tranquila y ya volveré cuando el tiempo me dé’».

Porque ahora, sus horas despierta se reparten entre la coordinación y la faceta de entrenadora de los equipos juvenil y cadete, en lo que se refiere a lo deportivo, y a eso suma sus estudios. Como entrenadora comenzó en septiembre del 2018 en las escuelas deportivas del Tui. «Siendo juvenil de segundo año, entrenaba a un equipo benjamín, y ya como sénior, compaginaba ese equipo y un alevín», detalla.

Aquellos inicios como entrenadora fueron algo casi casual, más que una inquietud que hubiera nacido en ella como tal. «Había escuelas deportivas y los entrenadores se iban repartiendo por los pueblos. Resulta que en el mío, Randufe, faltaba y yo tenía el colegio enfrente de mi casa, así que me dijeron si me importaría y enseñar a los niños lo más básico», relata. Aceptó, aunque reconoce que se sentía «pequeña», algo que le vuelve a pasar ahora como coordinadora.

Su llegada al Guardés desde el Tui fue hace dos años, cuando necesitaba «un cambio de aires como jugadora». Porque se da la paradoja de que llegó a su actual club con la idea de ejercer solo de jugadora y al final ha acabado haciéndolo solo de entrenadora. «Lo que había hablado con Fabio (Lima), el anterior coordinador, era de que iba solo a jugar, pero él me dijo que me había visto en los banquillos y que si me apetecía coger un equipo», rememora. Y fue así como se puso al frente del cadete femenino, que daría paso al infantil la pasada campaña, mientras jugaba en el sénior.

El cambio en la coordinación no le cogió de sorpresa, porque Lima ya había transmitido con tiempo que él no iba a continuar, pero no contaba con ser ella su relevo. «El presidente me dijo un día que con la marcha de Fabio, les haría falta alguien que se ocupara y yo le dije: ‘Pues buscadlo’», prácticamente autodescartándose porque «es un cargo complicado y muy laborioso, que requiere muchas horas de dedicación». Pero él insistió, le transmitió que necesitaba que fuera ella y acabó obteniendo su sí, aunque tras pedir un tiempo para meditarlo.

No oculta Cruces que sintió vértigo y que su edad era un factor que le preocupaba, especialmente, en relación a los padres. «Obviamente, no va a ser lo mismo que coordine una persona de 30 años o más que una niña que está más cerca de los 20», confiesa que se le pasaba por la cabeza. Pero también reconoce que era más un pensamiento suyo que algo que le hayan hecho percibir una vez que tomó las riendas. «En ningún momento me he sentido así. Recibo apoyo por parte de todos y se ofrecen a ayudarme en lo que necesite», algo que aplica tanto a la directiva como a los demás técnicos.

Cruces asume su rol como el de «encargada de que todos los equipos vayan en la misma línea, que jueguen a lo mismo», algo acordado con la entrenadora del primer equipo, Ana Seabra, subraya. A eso añaden la gestión de los horarios de los partidos y entrenamientos de todos los conjuntos de la entidad así como actividades complementarias —«también hacen falta dinámicas fuera del balonmano», especifica— y «buscar soluciones a todos los problemas que puedan surgir» y que no estén en manos de los propios entrenadores solventar.

Entre los roles de jugadora y entrenadora, se queda con el actual. «Me gusta enseñar, que es la base de lo que hacemos», subraya esta estudiante de diseño en fabricación mecánica en el Paz Andrade de Vigo. «A veces, cuando hay carga de exámenes, cuesta atender a todo. Pero justamente el balonmano me da paz mental para desconectar de los estudios», finaliza.