El tudense, en K1, fue ganador absoluto del Descenso do Miño
19 ago 2025 . Actualizado a las 19:54 h.Solo en dos ocasiones a lo largo de la historia del Descenso do Miño el ganador absoluto ha sido un K1. Y en ambas, quien lo guiaba era el tudense Iván Alonso, que ha perdido la cuenta tanto de las veces que ha participado como de los triunfos cosechados. Pero sí tiene claro que esas dos veces —la última, este pasado fin de semana— han sido las más especiales, por haber podido protagonizar un logro tan poco habitual.
Alonso explica que «este año había un poco menos de volumen de participación en cuanto a K1 y K2 y eso facilitó estar por delante». También se refiere al bajo caudal del río como factor que pudo influir, pero no esconde que «ganar a un K2 es muy difícil, porque es un barco que puede coger una velocidad mucho mayor». «Ganar una regata como esta, con nivel, y ante barcos superiores es inusual y complicado. Y conseguir algo así dos veces me enorgullece, y más, siendo de casa», recalca.
No tiene los números exactos, pero calcula que sus participaciones en la prueba superan la veintena. «En la mayor parte, he estado en el podio y casi siempre ganando. Un día tendré que ponerme con la Federación, a ver si conseguimos el dato», comenta. Tampoco es capaz de poner un triunfo por encima de otro, salvo esos dos absolutos. «Si tengo que destacar algo, son las victorias en la general. Tienen algo de distinto, que es conseguir cruzar la línea el primero», apunta.
Sus escasas ausencias en los dos últimos decenios fueron debidas a proximidad con otras competiciones y no poder encajarlo dentro de sus correspondientes planes de entrenamiento, pero han sido las menos, porque esta cita nunca ha dejado de motivarle. Pero si tiene que escoger, habiendo competido también en K2, se decanta por la modalidad en solitario. «He ganado varias veces en K2, con Diego Piña, con Diego Aristegui y no sé si con algún compañero más, pero siempre me gustó más el K1», cuenta. Lo siente como «un reto más personal, más complicado para uno mismo».
En esta edición, tenía en mente de antemano que podía haber la posibilidad de ser el más rápido de todos. «Tenía muchas ganas de intenta repetirlo, era mi pequeño objetivo. Aunque, evidentemente, estar entre los cinco primeros de la general ya hubiera estado muy bien», desgrana. El primer K2 al que superó es el de sus compañeros de equipo, el As Torres de Catoira, los hermanos Adrián y Raúl Prada. «Son compañeros de entreno y los conozco perfectamente, son muy buenos», introduce. Pero sabía que uno de ellos retomó el piragüismo tras haber estado dedicado al baloncesto en años anteriores y llevaba un mes de entrenamiento más relajado. «Acusó la fatiga en la parte final y gracias a eso, me pude colocar delante», ahonda.
No cree que su conocimiento del recorrido fuera determinante, porque «es un río muy sencillo, no tiene ningún secreto». Y, pese a ello, él no se aburre de recorrerlo. «Hay años que te apetece más y otros, menos, pero es la regata de casa, en tu río, con tu gente, que te pregunta qué tal vas, qué es lo siguiente... Es muy especial».
Incertidumbre
Alonso, por su parte, viene de competir en los Juegos Mundiales y se prepara para el Mundial. La cita ya pasada, a la que acudía por segunda vez en su carrera, no le dejó satisfecho en cuanto a resultados, aunque sí como experiencia. «Los resultados no fueron los que me gustaría. A lo mejor sí es nuestro puesto, porque los demás rivales eran muy duros. Estamos hablando de los mejores de cada país, como un mundial más», plantea. Por eso cree que el Mundial de dentro de tres semanas dirá dónde están realmente.
«Vamos con una expectativa un poquito mejor, de estar en cabeza de carrera», avanza. Tiene en cuenta que las condiciones climatológicas en China eran complicadas, con calor, humedad y dificultades para respirar, aparte de que el período para la adaptación fue corto, pues llegaron día y medio antes de competir. En todo caso, cataloga de «alucinante» haber podido acudir a este evento. «La otra vez fue en Estados Unido y en China siempre hacen todo a lo grande, y tan cuidado a nivel organizativo que impresiona», relata. La ceremonia inaugural y estancia a modo de villa olímpica las lleva consigo. «Es una convivencia bonita que lo hace muy especial».