El vigués, nacido en el año 2000 y campeón gallego de pádel por segunda vez consecutiva, abandera un cambio de ciclo en Galicia
05 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando Héctor Guisande Fraga tenía tres años, el mítico Borja Iribarren —al que derrotaron en cuartos— ganó su primer título gallego de pádel en un tiempo en el que todavía no existía la Federación Galega como tal. Dos décadas después, el jugador vigués nacido en el año 2000, ha sido capaz de proclamarse campeón gallego dos años consecutivos y con dos parejas distintas. En el 2023 con su amigo Nacho Vilariño, la persona con la que compartió pista en las categorías de formación a lo largo de un lustro. El curso pasado, este profesor de pádel ya había subido a lo más alto del podio formando pareja con Tono González, uno de sus rivales en la última final.
«El año pasado (2022) fue más complicado, porque había parejas más duras», comenta Héctor de su doble entorchado. Quizás, porque en el 2023 no cedieron ni un solo set, aunque en semifinales tuvieron un duro escollo con el jovencísimo Iago Fuentes y Pablo Olmo. «No fue coser y cantar», matiza el doble campeón, que pone en valor compartir pista con Nacho Vilariño, nacido también en el año 2000. «Nacho está entrenando en Madrid, entrando en los cuadros finales del World Pádel Tour y jugar con él lo hace todo más fácil. Yo solo tenía que meter la bola y correr», dice con una sonrisa. A priori, la pareja no tendrá más recorrido. «Solo era para este torneo, ya lo habíamos hablado hace tiempo. Tenemos muy buena relación desde pequeñitos y nos hacía ilusión coincidir», precisa.
Héctor es un profesional del pádel, pero no como jugador, sino como profesor en Arenga, un club vigués radicado en Sárdoma. «La verdad es que me gusta mucho. Solo me dedico a eso, juego algún torneo suelto», dice de una vertiente docente que comenzó cuando tenía 17 años. Desde esa atalaya, conoce los secretos para ser un buen jugador de pádel, además de la calidad. «Hay que ser bueno, pero sobre todo, yo creo que el pádel es mucho de cabeza, de saber aguantar en los momentos complicados». Él, con sus 183 centímetros a cuestas, lo hizo en el cruce de cuartos de final cuando la vieja guardia formada por Iribarren y Pío Otero amenazaba con llevarse el triunfo.
Para poder crecer como jugador, Guisande cree que tendría que salir fuera como lo hizo su amigo Vilariño. «Si quieres competir a nivel profesional, tienes que entrenar y te tendrías que ir a Madrid, Barcelona o Valencia si quieres subir el nivel», algo que no parece entrar en su hoja de ruta.
Aun así, además de su participación en el campeonato gallego con excelentes resultados, también hizo sus apariciones en la prueba viguesa del World Pádel Tour, un evento que cuenta con el respaldo del público, pero que desde su punto de vista, nada tiene que ver con el auge de este deporte en Galicia. «Son cosas diferentes, a la gente le gusta jugar», comenta mientras destaca el auge que se registró tras la pandemia del año 2020. «Después de aquella época mucha gente comenzó a jugar, más mayores que jóvenes y ahora es un deporte que está de moda. Diría que casi todo el mundo juega al pádel». Eso significa que el nivel aumenta cada día. Él aporta su granito de arena abanderando con triunfos autonómicos a una nueva generación y formando a jugadores para el futuro.