De «tocapiés» de los árbitros a destacada colegiada

míriam vázquez fraga VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Crespo asegura que haber sido jugadora le da otra visión a la hora de dirigir partidos de fútbol sala

14 jun 2021 . Actualizado a las 22:57 h.

Empezó como jugadora de fútbol sala y reconoce que con los árbitros era «bastante tocapiés». Con el tiempo, a la viguesa Lidia Crespo, nacida en 1996, le surgió la ocasión de pasarse al otro lado. A ser ella la que tiene que lidiar con alguna que otra protesta y la que aplica justicia en los partidos del deporte al que lleva ligada desde niña. Van siete temporadas desde que dio sus primeros pasos con el silbato y en esta última ha sido premiada como mejor colegiada de Vigo y ha tenido como premio ejercer en la Copa de la Reina.

Crespo comenzó a arbitrar animada por una compañera de equipo. «No sé como empezó ella, pero estaba en la delegación y me había comentado cómo era el proceso», dice en referencia a los primeros pasos como asistente y la evolución hasta ser árbitro principal. Su primera incursión fue encaminada a echar una mano en un torneo de Navidad, sin más pretensiones. «Como eran niños muy pequeños, no se contaba con árbitros federados ni nada. Se trataba de conseguir que el partido fuera adelante, ni lo llamaría arbitrar», recuerda.

Cuenta con naturalidad que hizo «eso ese día» y su compañera le animó a ir y formarse en agosto del año siguiente, cuando se organizan las jornadas de captación. «Empecé esa temporada atado cordones, como siempre digo, y compaginando con ser árbitro asistente, que me parece primordial para comenzar», desgrana. Nunca se había planeado ser árbitra, pero llevaba toda la vida vinculada al fútbol sala y estaba abierta: «Pensé: ‘¿Por qué no probar?’».

Y de probar pasó a convertirlo en su ocupación principal en lo que al deporte se refiere -es fisioterapeuta de profesión-. «Jugaba en el Bembrive y lo compaginé hasta la temporada 2017/2018, cuando se fusionaron las federaciones y tuve que decidir», cuenta. Admite que como colegiada veía «cierta progresión» y de ahí que se decantara por esa faceta: «En el fútbol me quedé ahí, las cosas como son».

El balance de este tiempo es muy positivo para ella. Con el culmen de este año del reconocimiento de los premios Vide y de haber estado en la fase final de la Copa de la Reina en Madrid. «Fue una experiencia única que me pilló por sorpresa y de la que aprendí mucho. Seguiré intentando lograr designaciones de este tipo», señala. Antes, había estado como asistente en la Supercopa en Burela, algo que también la pilló desprevenida. «Estaba trabajando, vi que me llamó el presidente de la Federación y pensé: ‘Cosa rara...’. Fue un pequeño premio y de ahí, a los dos meses, lo otro. Estoy muy contenta», comenta.

Actualmente dirige partidos masculinos hasta Segunda B y femeninos hasta Primera. Asegura no tener preferencia entre edades y ni en dirigir partidos de chicos o de chicas, aunque está claro que cada uno se caracteriza por sus particularidades. «Cada división tiene su manera de competir y de arbitrarla, pero se afrontan de la misma manera», recalca.

A ojos de Crespo, la visión que se tiene de los colegiados debe cambiar también en el fútbol sala. «Se asocia al enemigo, cuando debería verse al contrario: sin árbitro, no hay partido», dice. En ese sentido, lo compara con otros elementos, como el poste donde puede dar un balón y que te puede beneficiar o perjudicar. «El árbitro lo conduce para que vaya lo mejor posible, es un jugador más, hay que contar con él y saber que puede pitar una falta o no, que va a acertar y se va a equivocar. Es parte del juego», expone.

A ella la labor de colegiada le ha enseñado a «mantener la calma en situaciones estresantes o que te llevan al límite», algo que ha podido trasladar como beneficio a su vida personal. Y, especialmente, subraya, le ha ayudado a mejorar la gestión del error. «De cada partido se saca algo. Siempre te vas a equivocar en equis cosas y tienes que dejarlo de lado porque el partido sigue. Es como la vida». Con el tiempo, asimila mejor sus equivocaciones. «Nos ha pasado a todos. Al principio era: ‘¡Madre mía, que no pité ese saque de banda!’. Luego sigue fastidiando, pero lo llevas mejor».