¡Conservad la conservera!

Tres historiadores exploran los hitos de Alfageme y abogan por su salvación


vigo / la voz

La fábrica de conservas Alfageme es un elemento singular de la arquitectura industrial viguesa que fue proyectado por Manuel Gómez Román en 1928. Pero es mucho más que eso. Su historia se recoge en un libro que acaba de salir a la luz editado por el Instituto de Estudios Vigueses, firmado por tres investigadores de reconocido prestigio: Xoán Carmona, Mariña López y Xosé Ramón Iglesias, fallecido este último el mes pasado.

En el libro Alfageme. Historia e memoria que se presenta hoy al público (19.30 horas, en el Liceo Marítimo de Bouzas) los autores repasan aspectos transversales de una de las empresas de referencia en la configuración de la comarca viguesa como dinamizador económico a lo largo del pasado siglo XX, ya que de ella no solo queda el recuerdo de su huella en la historia económica y social, sino también la presencia de la impresionante instalación fabril como huella singular de esa época de especial dinamismo económico.

Beatriz de San Ildefonso abre la obra con una reflexión en el prólogo sobre la conservación del patrimonio cultural, dentro del cual se incluye el industrial. En Vigo, como recuerda, la pesca y la industria derivada de esta actividad, originó una arquitectura que «lamentablemente, na maioría dos casos non foi valorada e por iso foi destruída». Sin embargo reconoce que «lamentarse non sirve de nada, o que si serve é aprender dos erros cometidos e deste xeito, evitar que o edificio que albergou a fábrica», tenga el mismo destino que otros ejemplos que cita, como La Metalúrgica o A Barxa.

Comienza el estudio dividido en tres partes (una de cada autor) con la formación de Vigo como ciudad moderna capitaneada por armadores, industriales y agentes marítimos que dieron pie a la construcción del Ensanche y de fábricas que se fueron ubicando desde Guixar a Areal y de allí hasta Coia y Bouzas. Carmona es el encargado de apuntalar argumentos que colocan a esta fábrica como símbolo y elemento de la identidad y la memoria viguesa, y aboga por poner en marcha de inmediato un plan de conservación preventiva de estas instalaciones: «É unha gran oportunidade para comezar un proceso que sitúe a Vigo como unha cidade industrial con unha marca global. Implicaría unha conservación integral, respectuosa cos seus principais elementos», señala refiriéndose no solo al inmueble principal sino también a la vivienda de los propietarios y el jardín. Además, declara que el nuevo PXOM «debería incorporar a protección integral do conxunto».

Por su parte, Mariña López hace un repaso exhaustivo que lleva al lector a conocer cada rincón de la fábrica, su funcionamiento, el proceso de conversión del pescado fresco que entraba directamente desde las embarcaciones hasta que salía enlatado y estuchado, las marcas y logotipos, entre los que destaca por su pervivencia las de los emblemáticos gatos de ¡Miau! registrada en 1913, hasta detalles sobre el funcionamiento laboral interno, desde horarios a sueldos, la historia de la familia propietaria o el declive de la empresa.

En el último tercio de la obra Xosé Ramón Iglesias centró su trabajo póstumo en el aspecto arquitectónico, la actividad de los Alfageme en Vigo, el inicio y desarrollo del proceso constructivo y la arquitectura como valor iconográfico de una marca, incluidas viviendas familiares de los empresarios. En este sentido, además de resaltar los valores estéticos de la obra de Gómez Román combinados con la búsqueda de la racionalidad precisa en un edificio fabril, hace mención a otros ejemplos de arquitectura industrial en España, como la fábrica de Gal en Madrid o la central eléctrica del Tambre. Y remata abogando, como sus colegas, por la puesta en valor de Alfageme: «O feito de ser un patrimonio recente e de carácter industrial non pode favorecer inxustificadas desvalorizacións».

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