Cuando el rodillo no es la excepción

m. v. f. VIGO / LA VOZ

VIGO

La ciclista baionesa Mila López, que nació con espina bífida, está acostumbrada a entrenar en casa

07 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando a la baionesa Mila López le preguntan estos días si no se aburre de tener que pasar tanto tiempo en casa, a la que fue campeona de España de handbike se le escapa una sonrisa, según ella misma cuenta. Nació con espina bífida y a lo largo de su vida ha pasado muchas etapas sin poder salir de su domicilio o, lo que es peor, en el hospital. «No es que las personas con esta discapacidad no salgamos nunca de casa, pero sí que tenemos muchas más barreras para hacerlo», recalca.

Mila sí ha pasado en otras ocasiones largas temporadas sin salir a la calle. «He tenido los típicos problemas de escaras que te limitan para salir. También pasé un año entrando y saliendo del hospital por un acceso que se me complicó, luego se infectó el hueso y acabó con osteomielitis», ejemplifica algunas de sus vicisitudes de salud. A eso suma las barreras arquitectónicas a las que debe hacer frente siempre que sale.

Todas estas situaciones, dice, llevan a «buscar distraerte como puedas en esas etapas, a reinventarte». «Ahora aún podemos salir dentro de unos límites, a hacer la compra y los recados que te hagan falta, pero hay gente que ni sale ahora ni lo hará después del virus», comenta sobre una realidad que también conoce de cerca por amigos cercanos. En ese sentido, además, para ella el deporte supuso una liberación en su momento. «Cuando pude, empecé a competir, por eso lo hice», revela.

Esas experiencias que acumula hacen que para López esta cuarentena sea llevadera. Tiene claro cómo encararla. «Oyes a gente que dice que no sabe qué día es y eso no puede ser. Tienes que saberlo, no descontrolarte por estar en casa, porque eso es lo que desencadena depresiones y ansiedad», desgrana. En su caso, sigue levantándose a las 7.00 y mantiene una rutina que actualmente no incluye un empleo. «Estaba con teletrabajo desde noviembre, pero justo se me acabó el contrato el día 26. Si fuera el 27 me lo tenían que renovar automáticamente...», lamenta.

En lo deportivo, la vida no le ha cambiado mucho a Mila. Lo que para muchos deportistas es novedoso, ella lo ha hecho casi siempre. «Prácticamente todos mis entrenos eran en casa con rodillo. Necesito a alguien que me ate los pies para poder salir a carretera y, al tener esa limitación, no podía hacerlo cuando me diera la gana, aunque a veces sí quedaba para entrenar con alguien», indica.

Como gran conocedora de la herramienta, tan solicitada ahora -«subieron de precio y están agotados»-, Mila advierte de que con el rodillo no se puede pretender hacer los mismos kilómetros que en carretera ni entrenar el mismo tiempo. Su receta consiste en sesiones de «menos tiempo y más calidad». «Es difícil en lo físico y en lo psicológico. Te sientes como el típico hámster encerrado dando vueltas. Es mucho más aburrido que salir a carretera, no cambia nada a tu alrededor», describe. Comenta que por eso mucha gente era reacia a ellos y que por el mismo motivo están de moda los virtuales, que lo hacen «más ameno».

Recuerda que aparte de hacerse más pesado, «sudas más, necesitas ventilación en casa y, si te pones a hacer las burradas que hace ahora alguna gente, te puede provocar lesiones», aparte de agotamiento. «Lo importante es la planificación, y no todos los deportistas tienen entrenadores», apunta.

Por temas económicos, Mila ya hace tiempo que no se podía permitir acudir a un gimnasio. «Como antes iba, sé los ejercicios que tengo que hacer y tengo material», expresa. Conoce casos de gente que solo entrenaba fuera y esto les ha pillado desprevenidos. «Yo ya tenía en casa rodillo, esterillas, mancuernas, gomas...», enumera. Pero que esté acostumbrada a este tipo de situaciones y bien preparada para afrontarlas no significa que no comparta el deseo común: «Esperemos que todo esto termine cuanto antes».

«Hay gente sin asistencia por falta de epis y que no se puede levantar de la cama»

López acababa de empezar la temporada con la primera Copa de España, el 7 de marzo, cuando se desató la pandemia. «No tuve miedo al contagio porque a nuestras carreras suele ir poca gente. Otra cosa es si se hubiera infectado algún compañero, pero ya lo sabríamos a estas alturas, así que no ha pasado», razona.

Este fin de semana tendría que haber disputado al Copa de Europa de Cáceres, puntuable para el ránking internacional que da acceso a los Juegos. Ahora, como para el resto de deportistas, todo está en el aire. «Espero que podamos correr alguna carrera más esta temporada, que entiendo que se alargará. Así que hay que prepararse estas semanas lo mejor que se pueda para estar en forma», reflexiona.

En contacto permanente con sus compañeros de club, cuenta que se van «animando los unos a los otros». «Tenemos un compañero que trabaja en una ambulancia. Mientras el resto entrenamos en casa sin riesgo, él sí que lo tiene que correr todos los días», dice siempre poniéndose en el lugar de los que lo pasan peor.

En ese sentido, también recuerda que ella tiene una asistente personal por la dependencia. «Aunque me valgo en casa, viene un día a la semana, porque yo sola no me puedo traer toda la compra de la semana», detalla. También subraya que sabe de personas que han dejado de recibir esta asistencia porque no hay epis y las empresas responsables del servicio no se pueden exponer a que se contagien. «Hay gente que necesita que la levanten. Si no viene esa persona, se quedan en la cama».