Una viguesa pilla a un hombre que tomaba imágenes de su trasero con el teléfono móvil y las compartía en la Red
27 feb 2020 . Actualizado a las 23:15 h.«Atentos a ese culo», escuchó una ciudadana hace unos días mientras caminaba por la calle Pizarro, a la altura del Mercadona. Esta mujer de 47 años, que prefiere salvaguardar su identidad, se dio la vuelta y observó cómo un varón de unos 40 años estaba enfocando su trasero con la cámara de su teléfono móvil. «Llevaba el teléfono a la altura de la cadera y le llamé la atención. Le dije que me estaba grabando el culo y que borrara los vídeos y él no quiso». Le advirtió que se había quedado con su cara y que lo denunciaría si llegara a observar la grabación en alguna red social.
Reconoce que no lo denunció porque en ese momento «tenía prisa por ir a dar de comer a mis hijos». Acerca de cómo se sintió, reconoce que «muy incómoda. Aquel hombre estaba violando un derecho, que es que pueda ir por la calle como quiera, sin que nadie tenga que difundir mi imagen, compartirla o mofarse. Me parece una forma de abuso».
El hombre del móvil acabó desapareciendo a toda prisa. Según la abogada de la Rede de Mulleres Contra os Malos Tratos de Vigo, Lola Santana Camiña, este tipo de comportamientos se repiten con frecuencia y constituyen un caso de violencia sexual. Afirma que es acoso en la forma de delito digital contra la intimidad por difundir imágenes sin consentimiento y con una ánimo libidinoso. En otros países hay una legislación específica para condenar este tipo de actos. «El Reino Unido aprobó el año pasado una ley contra el acoso callejero con esas finalidades, como cuando se ponen cámaras debajo de las escaleras para grabar imágenes de mujeres. En Internet hay muchísimas imágenes de este tipo de casos de cuerpos de mujeres obtenidos sin su permiso. Es un producto que se consume y totalmente denunciable».
Perspectiva de género
Esta letrada considera a que los agentes policiales y judiciales siempre deben tratar estos casos desde una perspectiva e género. La difusión de este tipo de imágenes crea muchos problemas cuando acaban compartiéndose en las redes sociales. Luego resulta complicado eliminarlas. «Un juzgado español se tiene que poner en contacto con un juzgado de California, pongamos por caso, porque allí tiene su sede la web donde se ha publicado. Esto prolonga en el tiempo la eliminación de las imágenes creando unos daños psicológicos que pueden ser insuperables», afirma.
La Red de Mulleres es consciente de que este tipo de actuaciones no se suelen denunciar, por lo que sería muy importante «una mayor sensibilidad de toda la sociedad». Lola Santana cree que en muchas ocasiones por vergüenza o miedo de las víctimas a sentirse cuestionadas. Muchas mujeres tampoco quieren pasar por el trago de dar explicaciones en la comisaria. «Hay que tener en cuenta la revictimización que se genera cuando no se tratan estos casos». con una perspectiva de género.
Fuentes de la Policía Nacional confirman la inexistencia de denuncias por grabaciones a mujeres en la calle sin su consentimiento. Los investigadores creen que en muchos casos las víctimas no se enteran de cuando son grabadas. Las penas aumentan cuando las imágenes grabadas ilícitamente se difunden por Internet.
«Es un caso de violencia sexual», dice Lola Santana, abogada de la Red de Mulleres