1988: Érguete, una salida laboral para extoxicómanos

Ocurrió en 1988


vigo / la voz

Érguete iniciaba en 1988 una experiencia imprescindible para las personas que habían conseguido superar su dependencia de las drogas. La asociación de ayuda al toxicómano llegó ese año a un acuerdo con una serie de empresarios de la provincia para dar empleo a jóvenes que habían logrado superar esa adicción. La única condición que ponían los industriales implicados era que no se hicieran públicos los nombres de sus empresas porque temían que eso se resintiese en su clientela. «El tiempo tendrá que amortiguar esas reticencias, sobre todo cuando ese empleado especial demuestre laboriosidad, interés por el trabajo y no ofrezca dudas respecto a su alejamiento definitivo de las drogas», explicaba entonces desde Érguete.

Estas premisas llevaban a la asociación de lucha contra la droga a pensar que el número de contrataciones por esa vía directa y negociada se incrementaría notablemente. En noviembre de 1988, la asociación hacía un primer balance de la experiencia. De la decena de jóvenes deshabituados que habían conseguido un trabajo, solo uno tuvo que reiniciar el tratamiento de recuperación. Érguete se comprometía con los empresarios a realizar un seguimiento de todos los casos implicados en la operación para detectar cualquier fracaso.

Para los responsables de este colectivo quedada claro que, a pesar del rechazo social generalizado contra cualquier persona que estuviera afectada por las drogas, los empresarios consultados habían demostrado un talante receptivo. «Hoy -decía al respecto una portavoz de Érguete- pocas personas, sean empresarios o no, son ajenas al problema de las toxicomanías. El que no tiene algún caso en su familia, seguramente sabe de alguno en su círculo de amistades o, como mínimo, ha oído hablar del drama que se crea en torno a las drogodependencias».

Tras las primeras acciones de Érguete en el ámbito de la denuncia contra los narcotraficantes, a finales de la década de los ochenta, la asociación pretendía dar un paso más e iniciarse en la reinserción social y laboral.

Carmen Avendaño, la persona más visible de aquella lucha, afirmaba que la primera medida para que una terapia dispusiese de un mínimo horizonte de éxito había que romper la dinámica de vida en la que estaban inmersos los toxicómanos. Añadía que para retirar a aquellos jóvenes del ambiente de la calle había que buscarles una ocupación. «Como quiera que la dependencia de las drogas suele producirse en edades tempranas, lo que implica que esos muchachos hayan perdido el tren de los estudios o de la formación profesional, a finales del año pasado [1987] iniciamos las gestiones para recabar el apoyo de las entidades oficiales. Ese tarea está dando sus frutos desde el primer momento gracias a la buena disposición que demostraron tanto el actual como el anterior director provincial de Inem», apuntaba Carmen Avendaño.

Érguete y el Inem habían llegado a un acuerdo verbal según el cual el instituto se comprometía a incluir al menos a un ex toxicómano en los cursos, talleres ocupaciones, casas de oficios o cualquier otra iniciativa de formación. Según Carmen Avendaño, se ha demostrado en la práctica que un muchacho que haya estado afectado por las drogas tiene enormes posibilidades de apartarse definitivamente de ellas si se le da la oportunidad de compartir con otros diez o quince jóvenes una actividad formativa en un ambiente de trabajo.

Junto con las vías del Inem y las empresas, la asociación de ayuda al toxicómano apuntaba hacia los Ayuntamientos para obtener su apoyo a la hora de elaborar sus planes de formación y sus ofertas de empleo. En aquel momento, el Concello más receptivo hacia las solicitudes de Érguete fue Cangas.

En 1988 funcionaban en la provincia diez asociaciones de ayuda al toxicómano, a cuya creación había contribuido notablemente el colectivo Érguete, de Vigo. Baiona, Marín, Pontevedra, Cangas, Moaña, Bueu, Porriño, Vilagarcía y O Grove ya contaban con colectivos dispuestos a no permanecer inactivos mientras muchos jóvenes caían en las redes de los narcotraficantes y arruinaban sus vidas.

Érguete había surgido como movimiento social en 1985. Sus valientes denuncias públicas provocaron un estallido en la conciencia colectiva de la sociedad gallega, que a partir de entonces empezó a situar correctamente la dramática influencia de la droga en la vida, sobre todos, de muchos jóvenes que entonces desconocían en gran medida el riesgo al que se enfrentaban. En 1987, la asociación había adquirido gran presencia mediática al difundir una larga lista de locales de Vigo en los que, según sus observaciones, se traficaba con drogas.

Érguete disponía en 1988 de una sede en el centro de Vigo y desde hacía un año había conseguido promover asociaciones locales en diez poblaciones importantes de la provincia de Pontevedra, la más castigada entonces debido a la gran presencia de droga en las calles.

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