El resistente arbusto que frenará (muy poco) el CO2 de los cañones de nieve

Ayudará a retener una ínfima parte de los centenares de toneladas de CO2 que se soltarán a chorro estos días de despilfarro energético


Amigos da terra vigo@tierra.org

Ajena al día del «gran fogonazo» que va a inaugurar la luminosa Navidad viguesa -a estas alturas los pocos kilos de CO2 añadidos por la pantalla luminosa que señala la cuenta atrás ya los damos por irrelevantes-, en la naturaleza de nuestro entorno, ya hace unas semanas, se activaron los amables indicadores del inicio de la temporada invernal. Hoy queremos presentarles uno de ellos. Nuestro amigo es un pequeño arbusto que apenas supera el metro de altura llamado rusco (Ruscus aculeatus, en fino) o Xilbarbeira, aunque nada mejor para conocerla que su explícito nombre popular: rascacús. 

Esto se entiende perfectamente si se nos ocurriese la mala idea de sentarnos encima. Nuestra amiga posee unas pequeñas hojas triangulares extraordinariamente duras y terminadas en un agudo pincho que convierten en una experiencia inolvidable el contacto con las posaderas. En rigor deberíamos señalar que no son exactamente hojas, sino tallos modificados de un intenso color verde por que nuestra amiga realiza la fotosíntesis por todos lados, tallos incluidos. Sus verdaderas hojas las tendríamos que buscar con lupa, pues son minúsculas y se encuentran justo en el envés de esas falsas hojas que dan el pego. 

Nuestra amiga, como toda flora de montaña, está adaptada a soportar condiciones extremas de frío y calor, lo que no pueden aguantar otras plantas que pudieran hacerle competencia. De ahí la paradoja de poder encontrarla en lo más alto de la serra do Galiñeiro y al borde del mar en las Cíes. Lo que llama la atención son sus frutos llamativamente rojos y desproporcionadamente grandes que solo producen los ejemplares femeninos.

Nada destaca más que ese contraste de colores, y eso siempre supone una señal de invitación, de advertencia o en este caso de ambas cosas. Esos frutos son comestibles para muchas especies, que gracias al contraste los localizarán fácilmente, y gracias a ello contribuirán a la dispersión de sus semillas. Ya se imaginarán cómo tras hacer la digestión, pero resultan tóxicas (de ahí la advertencia) para nuestra especie. A cambio sus propiedades medicinales, especialmente de sus rizomas, fueron antiguamente muy utilizadas, fundamentalmente para el tratamiento de varices y hemorroides por sus efectos vasoconstrictores. Como curiosidad anoten que sus semillas tostadas se consumían en los tiempos de escasez como sustitutos del café, cosa que les recomendamos vivamente que ni se les ocurra probar.

 Dureza

Otros usos tradicionales tenían que ver con su extraordinaria dureza, lo que las hacía especialmente indicadas como escobas para limpiar el interior de los barriles justo antes de la vendimia. Realmente es un arbusto muy bonito, cosa que a veces se convierte paradójicamente en un problema de supervivencia. La protección legal del acebo, al que a punto estuvimos de llevar a la extinción por utilizarlo como adorno en navidad (recuerden que solo se puede comercializar si procede de un vivero, nunca de la naturaleza), incrementó la presión sobre la xilbarbeira como alternativa ornamental. Es el mismo absurdo: destruir la naturaleza para celebrar la Navidad. Con independencia de las creencias de cada cual, lo que celebraremos en unas semanas viene siendo el nacimiento, la renovación y el inicio de un nuevo ciclo anual.

No parece muy consecuente celebrar la continuidad de la vida destruyendo la naturaleza. No olvidemos que como su primo el acebo, también la xilbarbeira es un alimento y refugio vital para la fauna justamente en invierno, cuando más se necesitan ambas cosas. Por eso es vital cuidarlo, no arrancarlo y protegerlo. Añadan que modestamente nos va a ayudar a retener una ínfima parte de los centenares de toneladas de CO2 que vamos a soltar a chorro estos días de despilfarro energético e irresponsabilidad climática. Para eso cualquier ayuda es bienvenida por pequeña que sea.

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El resistente arbusto que frenará (muy poco) el CO2 de los cañones de nieve