La luz


Hace una semana, cumplió 139 años la luz eléctrica en Vigo. Porque, el 30 de mayo de 1880, el industrial vigués Antonio López de Neira encendía en su balcón de la calle del Príncipe un foco eléctrico que dejaba a los vigueses maravillados. «El miércoles por la noche se probó en casa del Señor López de Neira la luz eléctrica que para mayor lucimiento de las próximas fiestas del Santísimo había encargado a París dicho señor», explicaba la crónica del día siguiente. Otra crónica elogiaba el efecto de aquella luz artificial que alcanzaba una «larga distancia, y que al reflejarse en las galerías y casas del Placer de afuera produjo agradable impresión entre las personas que inesperadamente se vieron inundadas por una claridad tan intensa como la del sol, aunque de melancólico reflejo como la luz de la Luna».

En realidad, la luz eléctrica se había estrenado en Vigo bastante antes, aunque no en el centro. La había traído desde Francia la expedición de rescate de los galeones de Rande que había organizado Hyppolite Magen en 1869. Y fue usada bajo las aguas en una campaña que inspiró a Jules Verne para traer a esta ría al submarino Nautilus del capitán Nemo.

Sin embargo, la luz eléctrica no llegaría a las calles de hasta mucho más tarde, en 1896, de la mano de la Sociedad para Alumbrado y Calefacción de Coruña y Vigo. Y fue desde entonces cuando se perdió la magia. Porque con la expedición submarina de Magen o el foco de López de Neira, a la electricidad aún le faltaba su elemento esencial y más doloroso. Al principio, parecía un prodigio descubrir la luz. Luego, claro, descubrimos la factura de la luz.

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