Cuando el deporte no tiene límites

Marisa Giráldez, multideportista y profesora, sigue ejerciendo como entrenadora a los 71 años


vigo / la voz

Tiene 71 años, pero la vitalidad de un juvenil y las ganas de un principiante. Por eso después de practicar un buen ramillete de deportes sigue al pie del cañón como entrenadora en el bádminton, una de las disciplinas que vio nacer en la comunidad y que tuvo a Vigo como puerta de entrada a nivel estatal. Por eso Marisa Giráldez Rodríguez (Tui, 1947) sería el rostro ideal para cualquiera campaña a favor del deporte. Hasta ella misma tiene su propio eslogan: «Mi mensaje es que nunca debe haber límites para hacer deporte, sobre todo a nivel femenino», porque ella mejor que nadie percibe el cambio.

A Marisa su faceta deportiva no le desgasta, al contrario, le pone las pilas cada día: «Me siento superfeliz haciéndolo. Llevo todo la vida dedicada al deporte y ahora sigo en la brecha porque el contacto con los niños para mí es fundamental, me da mucha energía, casi lo hago más por egoísmo propio, por lo bien que yo me siento», por eso cada día dirige el entrenamiento de su club en el pabellón del IES San Paio.

Giráldez es un ejemplo de vitalidad para todos. Un volcán: «Tengo los achaques normales de mis 50 años (ríe), pero me siento bien. Prefiero estar así que haciendo ganchillo», comenta mientras admite que uno de sus principales problemas es hacer coincidir la edad física con la mental: «A veces tengo que pensar los años que tengo porque mi cabeza va a un ritmo y mi cuerpo ya va yendo a otro distinto. No tienes la misma energía que tenías hace unos cuantos años, pero yo me encuentro muy bien, estupenda... Asumo perfectamente los años y sé hasta dónde puedo llegar».

Admite que algunas veces le preguntan cómo se embarcó en tantos frentes deportivos, pero la respuesta es lapidaria: «Les digo: ‘¿qué queréis, que esté sentada en una cafetería?», a las que admite que también va, faltaría más, pero después de entrenar y de otra manera: «¡Qué bien sienta ir con algunos padres después del entreno a tomar un café o una cañita y charlar y esos son los detalles que más me gustan!». El tercer tiempo del rugbi, el hoyo 19 del golf... la vertiente social del deporte. Tan importante como el esfuerzo en la cancha.

Cuando esta tudense asegura que lleva toda la vida haciendo deporte lo dice en sentido literal. Comenzó en el baloncesto en tiempos de la sección femenina, se pasó por el balonmano, tuvo su primer contacto con el bádminton en 1971 de la mano de Luis Miró y desde ahí al tenis, en donde cosechó sus mayores éxitos. Y también se pasó por el golf. Todo, sin olvidar que su profesión fue maestra -una palabra que reivindica- de educación física. «Pasó por mis manos todo Tui», dice cuando se le pregunta a cuánta gente pudo entrenar a lo largo de su vertiginosa vida.

Durante este tiempo su vinculación con el deporte solo sufrió un par de interrupciones, ambas por motivos justificados. La primera vez fue para dejar el Celta de baloncesto para ser madre -«me casé, queríamos tener niños y no podría estar bailando por toda España»-. La segunda, por el repentino fallecimiento de su esposo. «Me prejubilé, comencé a barrenar y un día me dije: ‘Marisa, con 59 años no puedes quedarte así; y volví a la carga’».

La maternidad coincidió con sus inicios en el bádminton en As Travesas en 1971. «En España nació gracias a Galicia, o sea que Carolina Marín nos tiene que estar agradecida a los gallegos», reivindica. El final del segundo parón, la llevó primero al golf «y luego fue cuando se me ocurrió la buenísima idea, aunque estamos llevando mucho chollo todo el equipo, del bádminton», lo que supuso la creación del club de sus desvelos y en todos los esfuerzos se ven recompensados. «¿Que si me siento reconocida? Para mí el mayor reconocimiento son los 150 niños que tenemos en el club. Eso es muy significativo».

Con esta trayectoria y energía, muy pocas mujeres podrían evaluar el crecimiento del deporte femenino en el último medio siglo. «Lo veo de maravilla. El porcentaje de medallas en grandes citas ya es mayor el de las mujeres, luego está lo que tenemos en fútbol y en otros deportes. Tengo pena de no nacer 40 o 50 años más tarde pero no tendría los mismos padres, marido e hijos y ya no sería lo mismo».

Ella puso su granito de arena con su dedicación a derribar esas barreras. Y lo seguirá haciendo mientras pueda. «Prefiero morir jugando una partida que en casa a velas vir». Una frase que resume una filosofía de vida.

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